Marcelo Arce vuelve a Bariloche
Arce volverá a esta ciudad para deleitar a los barilochenses con su show "La voz: Sinatra".
El espectáculo se desarrollará acompañado de una pantalla gigante y de maravillosos temas musicales, entre otros tantos condimentos. Las entradas están a la venta en Moreno 39.
A continuación, un comentario del propio Marcelo Arce sobre la función que brindará este viernes.
Sinatra: La voz
Sinatra es La Voz. Y es mucho más que La Voz. Por sus aportes, esos que dan trascendencia a los creadores como son los compositores y a los intérpretes como son los cantores, que es este caso. Obviamente no es peyorativo: son técnicas diferentes. El cantante no requiere micrófono y tiene timbre definido (es tenor, soprano, contratenor, mezzo, bajo, etc.) y en cambio el cantor necesita micrófono y no posee timbre determinado. De hecho Sinatra se acerca a veces al tenor y a veces al barítono. Bueno: Sinatra es una voz súper especial ¡y pensar que en los ’40 fue anunciado como speaker en el Carnegie Hall, mítica sala que en los ’80 pulverizó un récord al agotar en un día las entradas de las 15 funciones!.
Este genial personaje que a los 15 vendía diarios y que según Forbes en 1991 disfrutaba de 26 millones de dólares bien merecidos, hizo importantes aportes. Entre otros, la original idea de fusionar la big band con la orquesta sinfónica. Los arreglos que generan una música diferente, a veces imposible de clasificar. Sin dudas es un modo del estilo jazz, a veces muy particular. Muy Sinatra. Otro aporte ¡fundamental! que deviene de su carrera paralela como actor: actuar con la voz, representar cada verso –como enseño la Voz del Milenio, la Callas, su amiga. Y otro: mimetizar la voz con los instrumentos hasta ser uno solo: en un ensayo pide dulcemente que el oboe (de la sinfónica) que toca unísono con el saxo (de la big band), repitan la nota mientras él hace lo propio con una sílaba hasta que los tres son uno. Para sumar, a Francis Albert Sinatra se le entiende lo que canta-dice-actúa. La dicción es perfecta, el fraseo envolvente, el tono matizado, personalísimo. Todo esto lo debemos reconocer durante la función, de manera sencilla, para los que no sabemos música.
Con ondulaciones –y fantasmas políticos, la supuesta mafia, los enredos femeniles, los escándalos del variopinto "club de amigos"- superó todas las adversidades, marcó caminos y sigue dando lección.
Recordemos que el sonido norteamericano lo crea Georges Gershwin. Pero su temprana muerte, a los 38 años, en 1937, interrumpió ese proceso. Sinatra lo continúa y lo consagra (claro, junto a otros grandes como Tony Bennett, por citar sólo uno…).
Con clips editados especialmente para este show (que no supera 1 hora 50 minutos), con material exclusivo, va desfilando el Gran Sinatra en un abanico tan amplio como posible en el marco de un espectáculo para todo Público.
La consigna es descubrir y describir cada tema, cada anécdota, cada historia que rodea a este Monstruo Sagrado del mundo infinito de la Música.
Esta función la estrenamos en el Ciclo Clásico y Moderno del Teatro Astral en 2012 con fechas extras (por suerte: a sala colmada… y son 1.250 butacas) y la hemos reiterado por decenas, siempre con cambios y siempre con la Alegría de compartir su Arte.
Desfilan en la pantalla súper gigante los temas clásicos, sus hits. Y las rarezas. Entre ellas, la impresionante y gimnástica actuación ya muy maduros, Sinatra y Gene Kelly. O la charla con la primera dama Eleanor Roosvelt.
Solos, dúos con Pavarotti, con el fabuloso Tony Bennett (%uFFFDcanta mejor que yo%uFFFD declaró Sinatra), con Elvis Presley, con Judy Garland, con Barbra Streisand, con Liza Minelli, con Ella Fitzgerald, con Antonio Jobim (¡una Garota de Ipanema intimista e inolvidable!), con Dean Martin, con Sammy Davis Jr., con Bing Crosby, con Count Bassie.
No es necesario decir que My Way es la cima del show, porque además conoceremos la verdadera letra y significado –no el que conocemos en las versiones iberoamericanas- mientras baila Mikhail Baryshnikov.
Armamos secuencias, enganchando temas relacionados por un motivo en común, mezclando con su otra gran faceta, el cine. Y así aparecen Grace Kelly, Louis Armstrong, Rita Hayword…
Y lo veremos –con piano solo, con grupos, con orquesta completa, con coros- en su etapa joven para compararlo con otras y comprobar la magnitud de su crecimiento hasta convertirse en el ícono llamado La Voz, sinónimo automático de Sinatra.
Demostrando que podía dir desde una escena muy fuerte como en Suddenly hasta entonar C’est Magnifique!, adoptó el lema de Beethoven al que adoraba: Ars Longa Music.
Frank nos sigue maravillando. Y nos invita eternamente, como dicen los versos que canta: Come Fly with Me… Ven a Volar conmigo.