2013-02-12

Talentos italianos

Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli son dos escritores de novela negra. Camilleri creó al extraordinario comisario Salvo Montalbano, circunstancia que sin duda le ha otorgado ya la gratitud eterna. Lucarelli inventó, entre otros personajes detectivescos, a la investigadora Grazia Nero. Ambos están separados por una amplia brecha generacional (uno nació en 1925, el otro en 1960) y a partir de una pregunta que se transformó en un desafío intelectual, decidieron escribir en colaboración. Montalbano y Nero se ocupan juntos de un singular caso de asesinato. El libro se llama Por la boca muere el pez.

Los

sabios suelen afirmar que a los gustos hay que dárselos en vida. Y

la perogrullada parece ser cierta, nomás. Dueña de una infinita

dosis de sentido común, la frasecita, impresa en cuanto sobre de

azúcar se pierde, olvidado, en la mesa de cualquier bar, cobija sin

embargo una cuota de sabiduría en absoluto desdeñable. Esos

pequeños placeres, además, suelen no ser egoístas y pasan a formar

parte de los pequeños universos estéticos y disfrutables de cada

peregrino devenido mágicamente en ávido lector (y un ávido lector

jamás suele ser circunstancial). Si ese pequeño gusto comenzó como

un juego o como un desafío intelectual, muchísimo mejor.

La

broma comenzó en un estudio de televisión en el que dialogaban

amablemente Andrea

Camilleri y Carlo

Lucarelli, dos

escritores de novela negra italianos separados por una amplia brecha

generacional: Camilleri

nació en Puerto

Empédocle en 1925 mientras que Lucarelli

hizo lo propio en Parma pero en 1960. Sin embargo ambos son

delicadamente geniales.

Camilleri es un tanto

más conocido por los lectores de habla castellana –a pesar de los

demasiados españolismos llenos de "color local" que suelen

"interrumpir" los textos de la editorial Salamandra- debido al

excepcional Salvo Montalbano, el comisario de Vigàta, que vive

frente al Mediterráneo y cuya novia, Livia, siempre fuente de

alguna que otra discusión, está lejos, en Milán. El personaje

recorre muchos libros (es imprescindible para casi todo el universo

leer La edad de la

duda, una de sus

últimas y mejores historias) y pelea constantemente contra la

burocracia y contra las estupideces del sistema. Pero él es un

"policía oficial" y debe, cuando puede, observar las reglas. Y

el detalle implica hasta inventarse una familia e hijos que no tiene

para eludir las alusiones cargosas y formales de su propio jefe.

Almuerza habitualmente en la trattoría

de Enzo en silencio.

Para no distraerse. Para disfrutar como nadie del placer de comer. No

hace falta abundar demasiado. Sus lectores lo conocen de sobra.

Pequeña

digresión respecto a las traducciones. Guillermo

Piro, viejo amigo,

escritor, poeta, periodista y notable traductor del italiano, suele

emprender cruzadas contra las traducciones españolas -que tienen en

cuenta sólo al lector español, argumenta- desde las páginas de

Perfil o desde su blog

Wimbledon (www.wimbleblog.com.ar).

A propósito de la aparición de un texto, escribió: "Disculparán

este balance histérico, pero no voy a hablar de un libro sino del

título de un libro. Se sabe que las traducciones españolas se

convirtieron para mí en una especie de obsesión, no ya porque sean

malas sino porque resultan ser la expresión de una conciencia, un

modo de ser, de trabajar y de entender el mundo que me perturba. Pero

no creo que el editor haya pensado en eso… (le

importa) un bledo que

el libro se distribuya incluso en el culo del mundo, es decir en la

Argentina, y también en toda América latina. Insisto en que aún no

abrí el libro. Miento: acabo de abrirlo, y lo que vi fue una frase

que literalmente decía: "Es

lo contrario de las trolas que cuenta la liga cuando afirma que el

sur es un lastre para el norte".

No sé qué querrá decir eso; lo que sí sé es que se me fueron las

ganas de leerlo (se

trataba del libro Vente

conmigo, de Roberto

Saviano) Para que no

queden dudas respecto a su "obsesión", en su cuenta de Twitter

anotó alguna vez: "Están

los que fuman a escondidas. Están los que comen a escondidas. Yo a

escondidas leo alguna que otra traducción de Anagrama".

Lucarelli,

en cambio, tiene menos adeptos entre los lectores criollos porque hay

menos textos traducidos. En España, hace un tiempo, la editorial

Tropismos había publicado la serie del comisario De Luca, una saga

que ubica al personaje en los finales de la Segunda Guerra Mundial.

Tiene otro detective famoso, el inspector Coliandro, aunque la

protagonista del trabajo "a cuatro manos" con Camilleri

es la inspectora Grazia Nero, que trabaja en Bolonia y no en Sicilia,

donde reside Montalbano.

La

historia surgió en un estudio de televisión. El conductor, durante

una pausa del programa, no resistió la tentación y planteó la

pregunta que se transformó, luego, en un desafío y un compromiso:

"¿Qué harían

vuestros respectivos detectives, Salvo Montalbano y Grazia Nero, con

el mismo cadáver delante? ¿Cómo colaborarían en una

investigación?...".

De repente, cuenta Daniele

di Genaro, comenzaron

a "zapar" con ideas desopilantes. Aceptaron, naturalmente. Al día

siguiente, en la propia casa de Camilleri,

dieron con la forma a partir de un viejo texto de la black

novel estadounidense,

Murder off Miami (A

Murder Mistery)

escrito por Dennis

Wheatly en 1936: allí

el enigma se analiza y se resuelve a partir del estudio de

fotografías, expedientes judiciales, informes forenses y cartas. El

texto, entonces, debía comenzar a tomar forma de manera epistolar,

mail va, mail viene, a partir de esas premisas, que incluían la

lectura de documentos oficiales, además de las preguntas, las

opiniones particulares y los mensajes en clave que se envían ambos

investigadores. El intercambio duró cinco años. El libro,

finalmente, se publicó en Italia en 2010 con el título de Acqua

in bocca (la versión

castellana se llama Por

la boca muere el pez).

Capítulo

a capítulo la pequeña historia empezó a tomar forma. Quienes

hablan, en cada carta, son los mismísimo Montalbano y Nero, que

plantean el caso cuidadosamente, incluso peligrosa e ingenuamente, ya

que los servicios secretos italianos deben mantenerse al margen e

ignorar lo que ambos hacen. Todo comenzó en Bolonia con un extraño

asesinato: el tipo, la víctima, aparece con un sólo zapato, con la

cabeza dentro de una bolsa de plástico. A su lado hay tres

pescaditos de colores. El muerto es de Vigàta, lo que justifica la

consulta de la inspectora con el comisario Montalbano. Como suele

suceder, los jefes de Nero tienen otra teoría y otros culpables.

Ella, obstinada, resuelve involucrarlo a pesar de las objeciones

oficiales.

El

libro se lee rápido y abunda en pequeños-grandes momentos.

Indudablemente vale la pena: se trata de una pequeña rareza que

involucra a dos buenos escritores que, muy probablemente, jamás

vuelvan a incursionar en esfuerzos y colaboraciones semejantes. Las

delicias de la gastronomía italiana no están ausentes y la tarea

conjunta de Salvo Montalbano y Grazia Nero es hasta absurda y

divertida por momentos. El texto, además, justifica la teoría de

los hombres sabios: Camilleri

y Lucarelli se

dieron el gusto en vida. Por carácter transitivo, los lectores

también.

  • Por

    la boca muere el pez.

    Andrea Camilleri

    & Carlo Lucarelli,

    papel de liar, Barcelona, España, 2011.

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