Talentos italianos
Los
sabios suelen afirmar que a los gustos hay que dárselos en vida. Y
la perogrullada parece ser cierta, nomás. Dueña de una infinita
dosis de sentido común, la frasecita, impresa en cuanto sobre de
azúcar se pierde, olvidado, en la mesa de cualquier bar, cobija sin
embargo una cuota de sabiduría en absoluto desdeñable. Esos
pequeños placeres, además, suelen no ser egoístas y pasan a formar
parte de los pequeños universos estéticos y disfrutables de cada
peregrino devenido mágicamente en ávido lector (y un ávido lector
jamás suele ser circunstancial). Si ese pequeño gusto comenzó como
un juego o como un desafío intelectual, muchísimo mejor.
La
broma comenzó en un estudio de televisión en el que dialogaban
amablemente Andrea
Camilleri y Carlo
Lucarelli, dos
escritores de novela negra italianos separados por una amplia brecha
generacional: Camilleri
nació en Puerto
Empédocle en 1925 mientras que Lucarelli
hizo lo propio en Parma pero en 1960. Sin embargo ambos son
delicadamente geniales.
Camilleri es un tanto
más conocido por los lectores de habla castellana –a pesar de los
demasiados españolismos llenos de "color local" que suelen
"interrumpir" los textos de la editorial Salamandra- debido al
excepcional Salvo Montalbano, el comisario de Vigàta, que vive
frente al Mediterráneo y cuya novia, Livia, siempre fuente de
alguna que otra discusión, está lejos, en Milán. El personaje
recorre muchos libros (es imprescindible para casi todo el universo
leer La edad de la
duda, una de sus
últimas y mejores historias) y pelea constantemente contra la
burocracia y contra las estupideces del sistema. Pero él es un
"policía oficial" y debe, cuando puede, observar las reglas. Y
el detalle implica hasta inventarse una familia e hijos que no tiene
para eludir las alusiones cargosas y formales de su propio jefe.
Almuerza habitualmente en la trattoría
de Enzo en silencio.
Para no distraerse. Para disfrutar como nadie del placer de comer. No
hace falta abundar demasiado. Sus lectores lo conocen de sobra.
Pequeña
digresión respecto a las traducciones. Guillermo
Piro, viejo amigo,
escritor, poeta, periodista y notable traductor del italiano, suele
emprender cruzadas contra las traducciones españolas -que tienen en
cuenta sólo al lector español, argumenta- desde las páginas de
Perfil o desde su blog
Wimbledon (www.wimbleblog.com.ar).
A propósito de la aparición de un texto, escribió: "Disculparán
este balance histérico, pero no voy a hablar de un libro sino del
título de un libro. Se sabe que las traducciones españolas se
convirtieron para mí en una especie de obsesión, no ya porque sean
malas sino porque resultan ser la expresión de una conciencia, un
modo de ser, de trabajar y de entender el mundo que me perturba. Pero
no creo que el editor haya pensado en eso… (le
importa) un bledo que
el libro se distribuya incluso en el culo del mundo, es decir en la
Argentina, y también en toda América latina. Insisto en que aún no
abrí el libro. Miento: acabo de abrirlo, y lo que vi fue una frase
que literalmente decía: "Es
lo contrario de las trolas que cuenta la liga cuando afirma que el
sur es un lastre para el norte".
No sé qué querrá decir eso; lo que sí sé es que se me fueron las
ganas de leerlo (se
trataba del libro Vente
conmigo, de Roberto
Saviano) Para que no
queden dudas respecto a su "obsesión", en su cuenta de Twitter
anotó alguna vez: "Están
los que fuman a escondidas. Están los que comen a escondidas. Yo a
escondidas leo alguna que otra traducción de Anagrama".
Lucarelli,
en cambio, tiene menos adeptos entre los lectores criollos porque hay
menos textos traducidos. En España, hace un tiempo, la editorial
Tropismos había publicado la serie del comisario De Luca, una saga
que ubica al personaje en los finales de la Segunda Guerra Mundial.
Tiene otro detective famoso, el inspector Coliandro, aunque la
protagonista del trabajo "a cuatro manos" con Camilleri
es la inspectora Grazia Nero, que trabaja en Bolonia y no en Sicilia,
donde reside Montalbano.
La
historia surgió en un estudio de televisión. El conductor, durante
una pausa del programa, no resistió la tentación y planteó la
pregunta que se transformó, luego, en un desafío y un compromiso:
"¿Qué harían
vuestros respectivos detectives, Salvo Montalbano y Grazia Nero, con
el mismo cadáver delante? ¿Cómo colaborarían en una
investigación?...".
De repente, cuenta Daniele
di Genaro, comenzaron
a "zapar" con ideas desopilantes. Aceptaron, naturalmente. Al día
siguiente, en la propia casa de Camilleri,
dieron con la forma a partir de un viejo texto de la black
novel estadounidense,
Murder off Miami (A
Murder Mistery)
escrito por Dennis
Wheatly en 1936: allí
el enigma se analiza y se resuelve a partir del estudio de
fotografías, expedientes judiciales, informes forenses y cartas. El
texto, entonces, debía comenzar a tomar forma de manera epistolar,
mail va, mail viene, a partir de esas premisas, que incluían la
lectura de documentos oficiales, además de las preguntas, las
opiniones particulares y los mensajes en clave que se envían ambos
investigadores. El intercambio duró cinco años. El libro,
finalmente, se publicó en Italia en 2010 con el título de Acqua
in bocca (la versión
castellana se llama Por
la boca muere el pez).
Capítulo
a capítulo la pequeña historia empezó a tomar forma. Quienes
hablan, en cada carta, son los mismísimo Montalbano y Nero, que
plantean el caso cuidadosamente, incluso peligrosa e ingenuamente, ya
que los servicios secretos italianos deben mantenerse al margen e
ignorar lo que ambos hacen. Todo comenzó en Bolonia con un extraño
asesinato: el tipo, la víctima, aparece con un sólo zapato, con la
cabeza dentro de una bolsa de plástico. A su lado hay tres
pescaditos de colores. El muerto es de Vigàta, lo que justifica la
consulta de la inspectora con el comisario Montalbano. Como suele
suceder, los jefes de Nero tienen otra teoría y otros culpables.
Ella, obstinada, resuelve involucrarlo a pesar de las objeciones
oficiales.
El
libro se lee rápido y abunda en pequeños-grandes momentos.
Indudablemente vale la pena: se trata de una pequeña rareza que
involucra a dos buenos escritores que, muy probablemente, jamás
vuelvan a incursionar en esfuerzos y colaboraciones semejantes. Las
delicias de la gastronomía italiana no están ausentes y la tarea
conjunta de Salvo Montalbano y Grazia Nero es hasta absurda y
divertida por momentos. El texto, además, justifica la teoría de
los hombres sabios: Camilleri
y Lucarelli se
dieron el gusto en vida. Por carácter transitivo, los lectores
también.
- Por
la boca muere el pez.
Andrea Camilleri
& Carlo Lucarelli,
papel de liar, Barcelona, España, 2011.