El skater que convirtió su patio en un espacio de aprendizaje para todos | ANBariloche
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Inclusión

El skater que convirtió su patio en un espacio de aprendizaje para todos

Hace seis años, Miguel Cianciarusso creó una escuela de skate que, casi sin querer, se convirtió en un espacio inclusivo en el que desarrolló un método de enseñanza clave para poder dar clases a personas con alguna condición del espectro autista.
02/08/2026 10:27 Hs.
Miguel da clases personalizadas a personas de todas las edades. Foto: Marcelo Martínez.
Miguel da clases personalizadas a personas de todas las edades. Foto: Marcelo Martínez.

Fue de los primeros en practicar una actividad que, hace más de cuarenta años, era poco conocida en el país. A mediados de los ‘80, en el oeste bonaerense, Miguel tenía unos 14 años y conocía al skate, sin saber quizás, que se convertiría en una pasión que lo acompañaría toda la vida, y desconociendo sobre todo que esa misma pasión la transmitiría un día a niñas y niños en una escuela inclusiva. 

Es invierno y hace frío, pero es una de esas tardes en que no nieva ni llueve. El alumno de ese día es un pequeño que llega junto a su mamá al patio de la casa de Miguel, donde hace unos 6 años, un sueño se hizo realidad: su propia escuela de skate. “Backyard Old School” o “Patio trasero de la vieja escuela”. 

Miguel se autodefine como "un punk de toda la vida". Foto: Marcelo Martínez.

Hace más de 20 años, Miguel Cianciarusso llegó a Bariloche junto a un amigo con la idea de probar suerte en la ciudad. Ingeniero en sonido, no tardó mucho para caer en la cuenta de que su rubro era complicado aquí y que tendría que hacer algo más para vivir. Trabajó en muchos oficios y, a pesar de no haber tenido contacto con la nieve, terminó siendo hasta instructor de snowboard, casi como una muestra de su flexibilidad y capacidad de adaptación. 

Antes de la pandemia, Miguel trabajaba limpiando baños para Telefónica, pero un día dijo basta. “Me cansé del destrato, de que no me dieran las condiciones mínimas para laburar y renuncié”, contó en diálogo con ANB. Junto a “Matu”, su compañera de vida, pensó en la posibilidad de hacer algo con el skate, algo propio, algo en su casa. 

No era la primera vez que estaba ligado a un proyecto similar. Miguel encabezó los reiterados pedidos de contar con un skatepark en la ciudad e incluso, presentó muchas veces el proyecto que, finalmente, años atrás, se hizo realidad en el predio que supo albergar la pileta municipal. 

Se define como un punk de toda la vida, fiel a su cultura y a lo aprendido en la vida. Con tatuajes por todo el cuerpo, su pelo teñido de distintos colores,, asegura que “esto es mucho más que una escuela de skate. Yo les enseño que debajo de la piel, todos somos iguales, eso es lo importante”. Por eso, dice, es fan de las calaveras. Porque es en lo que todos somos iguales. 

La escuela funciona en la zona del kilómetro 13. Foto: Marcelo Martínez.

“El skate es un deporte de la calle y está bien, pero tener un espacio da seguridad y es importante”, sostuvo. Esta idea, sumada a una necesidad de hacer algo que verdaderamente disfrutara, dio como resultado una escuela de skate. 

Mientras espera a su alumno, bajo los maitenes de un patio ubicado en la zona del oeste barilochense, Miguel recordó momentos de su vida, cómo creció ligado a este mundo que le dio una familia en la calle y una identidad. “El skate es como la vida misma. Te caes y te levantas, todas las veces que sea necesario”, reflexionó. 

Cuando inició con este proyecto, entre las primeras alumnas, llegó una nena a quien acompañaba un amigo de su misma edad, pero que simplemente se sentaba a observarla, sin interactuar ni participar de la clase. Cuando Miguel indagó, supo que era un niño con autismo. Es por esto, quizás, que a él le gusta decir que “el CEA (condición del espectro autista) me encontró a mí”. 

Sin importar la edad o condición, las clases de Miguel son personalizadas. Foto: Marcelo Martínez.

Este niño, meses después, llegó a una clase y de esta forma, Miguel empezó un camino en el que hoy, es precursor y referente. Se interiorizó, aprendió, incorporó conocimientos y, tras un camino de aciertos y errores, logró crear un método de enseñanza para personas con CEA. 

En este punto, Miguel hace un paréntesis para remarcar y explicar por qué no habla de TEA (trastorno del espectro autista) y sí de CEA. “Para mí es una condición, como todos tenemos alguna condición, no me gusta hablar de trastornos”. 

La información se empezó a difundir y la escuela comenzó a crecer. Con clases personalizadas, Miguel trabaja cuestiones fundamentales para el skate que, a la vez, son desafíos para las personas con CEA, como “la bilateralidad, que es fundamental porque te mantiene en el skate”, el contacto, el poder mirar a los ojos para entender una explicación.

Romina, madre del pequeño alumno que llegó para tener su clase, remarcó la importancia de contar con un espacio y una actividad pensada para las personas con alguna condición diferente. “Hay un desconocimiento muy grande y las personas sufren esa ignorancia. Es muy difícil para una familia con una persona con autismo o alguna condición similar encontrar una actividad para que puedan asistir”, sostuvo.

A la escuela concurren niñas, niños, adolescentes y adultos con alguna condición del espectro autista o no. Todos son bienvenidos y todos pueden aprender, animarse y muchos, cumplir el sueño de ser “skater”, al menos por un rato. Incluso actualmente hay dos mujeres cuyos hijos asisten a clases con Miguel, que también comenzaron su camino para aprender skate. 

“Incluir no significa que haya un nene al lado del otro. Es mucho más que eso, pero hay que hacer más que hablar”, finalizó Miguel, mientras el alumno de esa tarde vuelve a la rampa que es escuela, es terapia y es sobre todo un espacio para compartir. (ANB)

 

Instagram de la escuela: @backyard_osh

 
 
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