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Junio de 2010: el Mundial de Maradona, la nieve y los días que cambiaron Bariloche para siempre

Mientras millones de argentinos celebraban la goleada de la Selección frente a Corea del Sur en el Mundial de Sudáfrica, Bariloche comenzaba a escribir una de las páginas más dolorosas de su historia reciente. Dieciséis años después, el recuerdo de Diego Bonefoi, Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco sigue interpelando a una ciudad que aún busca respuestas.
17/06/2026 20:18 Hs.
Las marchas se multiplicaron durante años. Si bien hubo sentencia, la sensación de justicia nunca fue una realidad. Foto archivo.
Las marchas se multiplicaron durante años. Si bien hubo sentencia, la sensación de justicia nunca fue una realidad. Foto archivo.

El frío era intenso. La nieve cubría distintos sectores de Bariloche y el invierno ya se había instalado definitivamente en la ciudad. El 17 de junio de 2010, gran parte del país tenía la mirada puesta en Sudáfrica. La Selección Argentina dirigida por Diego Maradona enfrentaba a Corea del Sur por la segunda fecha de la fase de grupos del Mundial.

Aquella mañana, Gonzalo Higuaín anotó tres goles y Argentina ganó 4 a 1. El triunfo desató festejos en todo el país y acercó al equipo nacional a los octavos de final.

Pero mientras las pantallas mostraban imágenes de Johannesburgo, en Bariloche comenzaba una historia completamente distinta.

Horas antes, durante la madrugada, el adolescente Diego Bonefoi, de 15 años, había sido asesinado por un disparo policial. Su muerte provocó conmoción inmediata en los barrios del Alto y una creciente indignación que, con el correr de las horas, se transformó en protestas frente a la Comisaría 28.

Lo que siguió forma parte de una de las heridas más profundas de la historia reciente de la ciudad.

La respuesta policial derivó en una represión que se extendió durante varios días y que terminó con nuevas víctimas fatales. Sergio Cárdenas, de 29 años, y Nicolás Carrasco, de 16, murieron durante aquellos operativos. Decenas de personas resultaron heridas, varias de ellas por disparos de plomo.

Las imágenes de humo, corridas, patrulleros, disparos y vecinos refugiándose en sus casas contrastaban con el clima festivo que se vivía en otras partes del país por el Mundial.

Para muchos barilochenses, el recuerdo de aquel partido entre Argentina y Corea del Sur quedó inevitablemente unido a las noticias que comenzaban a llegar desde los barrios y a la sensación de que algo grave estaba ocurriendo.

Dieciséis años después, las familias de Diego, Sergio y Nicolás reconstruyeron sus vidas. El tiempo siguió avanzando. Los hijos crecieron, llegaron nietos, cambiaron gobiernos y se sucedieron generaciones enteras de jóvenes en los barrios donde ocurrieron los hechos.

Sin embargo, el dolor permanece. Porque ninguna sentencia puede devolver una vida.

Las respuestas judiciales llegaron después de años de marchas, reclamos y una persistente búsqueda de justicia impulsada por familiares, amigos y organizaciones sociales.

En 2013, el cabo Sergio Colombil fue condenado a 20 años de prisión por el homicidio de Diego Bonefoi.

Más tarde, en otro proceso judicial, fueron condenados el exsecretario de Seguridad de Río Negro, Víctor Cufré; el exjefe de la Policía provincial, Jorge Villanova; el entonces titular de la Unidad Regional Tercera, Argentino Hermosa; y los policías Víctor Darío Pil, Marcos Rubén Epuñan y Víctor Hugo Sobarzo.

Las condenas quedaron firmes cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó los últimos recursos de las defensas.

Sin embargo, la sensación de justicia nunca fue completa para muchos sectores de la comunidad.

La investigación nunca logró establecer quién efectuó los disparos que terminaron con las vidas de Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco. Esa ausencia de certezas alimentó durante años una percepción compartida por familiares y organizaciones: la de una justicia que llegó tarde, de manera parcial y que dejó preguntas sin responder.

Por eso las marchas continuaron durante tanto tiempo. Cada junio, las calles volvieron a llenarse de nombres, fotografías, flores y reclamos.

No solo para recordar a las víctimas, sino también para mantener viva la discusión sobre la violencia institucional, el accionar policial y las profundas desigualdades que aquellos hechos dejaron al descubierto.

Dieciséis años después, Bariloche sigue recordando aquellos días de invierno: la nieve, el Mundial de Maradona, la conmoción en los barrios, las sirenas, los disparos, las movilizaciones y el dolor.

Una ciudad entera atravesada por acontecimientos que marcaron para siempre su historia reciente.

Porque para muchos vecinos el 17 de junio de 2010 no es solamente una fecha. Es el día en que Bariloche cambió para siempre. (ANB)