A 10 años del femicidio de Ruth Sagaut: “En la violencia de género no pierde una sola persona, perdemos todos” | ANBariloche
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A 10 años del femicidio de Ruth Sagaut: “En la violencia de género no pierde una sola persona, perdemos todos”

Tenía 29 años y cuatro hijos pequeños. Su ex pareja la asesinó en 2016 e intentó simular un suicidio. Una década después, el dolor sigue intacto y la familia transforma la pérdida en memoria y conciencia.
18/03/2026 19:30 Hs.
La imagen de Ruth fue bandera. Su voz a través de su familia la mantiene viva en la memoria de todos. Foto gentileza.
La imagen de Ruth fue bandera. Su voz a través de su familia la mantiene viva en la memoria de todos. Foto gentileza.

Ruth Sagaut tenía 29 años. Era mamá de cuatro hijos y vivía en el barrio El Frutillar. La madrugada del 18 de marzo de 2016, su vida fue interrumpida por la violencia de género. Su ex pareja, padre de sus hijos, decidió que si no era con él, no era con nadie más. La mató.

Después intentó fingir que había sido una autodeterminación. Pero no lo logró. Las pericias, los indicios, las contradicciones lo dejaron expuesto. La escena no cerraba. La violencia sí.

A diez años, no hay cierre posible. No hay reparación completa. Hay una condena judicial. Hay una familia que sigue. Hay hijos que crecieron. Y hay una ausencia que no se llena.

El femicidio ocurrió dentro de la vivienda familiar. Ruth fue asesinada en un contexto de violencia que ya existía. El intento de encubrir el hecho como un suicidio fue rápidamente descartado por la investigación.

El tribunal condenó a Claudio Osman a prisión perpetua por homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género. La figura de femicidio quedó probada. La Justicia respondió. La condena fue confirmada.  Pero la condena no devuelve la vida.

Diez años después, el nombre de Ruth aparece en estadísticas. En informes, en listados. Su hermana, Lorena,  en diálogo con ANB lo dice sin rodeos: “ayer a la tarde mi jefa me compartió el documento del Observatorio ‘Lucía Pérez’ donde se cuentan la cantidad de víctimas de violencia por motivos de género y Ruth era un número: 2326. Primero hice un chiste, dije, lo voy a jugar a la quiniela a ver si esta vez tenemos suerte. Y después dije, no puede ser un número. Nunca fue un número. Nunca quisimos que esté en ese número”.

A 10 años del femicidio la familia armo un video, con voz propia e imagenes inolvidables.

Ruth tenía nombre. Tenía historia, tenía hijos, tenía una familia y tenía una vida. Una familia rota que eligió no reproducir la violencia. A diez años, la familia eligió no quedarse solo en el dolor. Tampoco en la bronca. Ni en la venganza: Eligió otra cosa.

“El video lo empezamos a hacer como una semana atrás porque la idea no era revictimizar lo que ya pasó… Después de 10 años nos queda toda la reflexión. ¿Qué hacemos con todo esto? ¿Seguimos en el rencor, en la bronca, en la frustración o en querer venganza? Igual tengo la tranquilidad de que nunca tuvimos en nuestra familia sed de venganza. Queríamos justicia y creemos que se hizo” contó Lorena, quien estuvo al frente de esta lucha. 

La pregunta cambió con el tiempo. Del “¿por qué?” al “¿para qué?”. Del dolor sin forma a la reconstrucción. “Entendimos con los hijes de Ruth y mis hijes que estar rotos no nos da derecho a romper personas. Tendríamos que ser bastante necios para reproducir la violencia como un modo de vida” expresó. 

No romantizan el proceso. Hablan de terapia, de enojo, de frustración, de silencios y de abrazos. “Hemos podido poner en palabras el dolor, el enojo, la frustración… ¿Cómo seguimos con esta familia ensamblada? Todos rotos. Y nos abrazamos muchas veces en silencio, muchas veces entre risas, entre chistes negros, entre recuerdos” afirmó. 

Los hijos crecieron sin su mamá

Cuando Ruth fue asesinada, sus hijos eran chicos (muy chicos), hoy ya no.  “La más pequeña tiene 12. La que le sigue tiene 14… la más grande tiene 19 para 20. Los nombro a todos porque más allá de que son los hijes de Ruth, hoy también son hijos míos, porque los siento míos y agradecida de que me hayan elegido” afirmó Lorena a ANB. 

Hay una generación que creció atravesada por un femicidio. Hay vínculos que cambiaron para siempre. “Mi sobrino más pequeño tiene 9 años, no la alcanzó a conocer. No sabe de lo que se perdió”.

Y también hay roles que se transformaron: “Nadie registra a mi hermana menor. A ella le tocó acompañar a mamá… La pérdida de su hija acrecentó su discapacidad. Era su bebé”. El impacto no fue individual. Fue colectivo, familiar y profundo.

“En un femicidio no gana nadie”

La frase atraviesa toda la historia.

“Quedamos todos rotos… mirando para adelante, con proyectos, esperando que no se repita y luchando para que se entienda que en un femicidio no gana nadie”. Ni siquiera el femicida: “Claudio perdió todo: perdió su libertad. Ya había perdido la relación por la violencia y perdió a sus hijos” enfatizó la hermana de Ruth. 

Pero eso no alcanza. “Que suene fuerte: en la violencia de género no pierde solamente la víctima, perdemos todos. Esto nos está matando a todos. Mata los sueños, los proyectos, las familias… todo perdemos”.

Memoria, no repetición. A diez años, el dolor no desaparece. Se transforma. La familia sigue en terapia. Sigue reconstruyéndose. Sigue apostando a otra forma de vincularse. “No quiere decir que somos todos Gandhi… pero sí cómo expresamos la frustración. Si es con violencia o con palabra” indicó Lorena. 

El mensaje es claro. Directo. Sin adornos: “Pensemos un poquito más. Seamos más flexibles. Revisemos conductas. Busquemos equilibrio… necesitamos tranquilidad para vivir”.

Ruth no volvió. No va a volver pero su historia sigue hablando. Y en esa voz, en ese recuerdo, en esa familia que decidió no repetir la violencia, hay algo que insiste: que no vuelva a pasar.

El dolor, a 10 años, sigue intacto. Ruth Sagaut está presente, siempre. 

El poema que le escribió su sobrina: 

DIEZ

Segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años. 
Tu pérdida nos hizo daño. 
Te extrañamos demasiado. 
Todo lo que ha pasado y tú ahí
observando desde algún lado. 

Sé que te fuiste y no podremos volver a tenerte, 
pero aún así las ganas de verte siguen presentes. 
Nos arrebataron tu presencia, tu sonrisa y tu esencia. 
No nos dejaron darte un último abrazo 
ni decirte cuánto te amamos. 

Cada día es un día más de duelo 
porque por más que haya pasado el tiempo, 
sigue doliendo. 

Nos dejaste una herida que no cicatriza. 
En la mesa te espera tu asiento un domingo de ñoquis en familia. 
Miles de abrazos y besos, chistes malos
y hojas de laurel para ver quién lava los platos.

Haces falta. De alguna u otra manera, siempre te nombran. 
No importa que pase, Ruti, siempre estás presente. 

10 años ausente, pero nunca olvidada,
porque en cada historia contada y en cada sonrisa inesperada 
sigues viviendo entre nosotros, 
querida y recordada. 

Porque el tiempo puede llevarse los años, 
pero nunca el amor que sembraste. 
Y mientras exista esta familia que tanto amaste 
en cada recuerdo, en cada abrazo, siempre vas a quedarte. 

 (ANB)