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Nefelibata

Una obra de futuros

Reseña de "Nefelibata, caminar las nubes", una experiencia teatral de Teatro Ciego Bariloche, por Nicolás Deambrosi.
23/07/2025 08:24 Hs.

Cuando arrumben en gigantes vertederos caducos aparatos celulares ya extintos, cuando el streaming sea una vieja moda aburrida y la vetusta inteligencia artificial sea comprendida en su inutilidad para imaginar mundos posibles, "Nefelibata, caminar las nubes" continuará rodando en teatros, calles, sótanos, museos y cuartos de hotel. Sus versiones, reversiones y espectros se presenciarán en soledad, en reuniones, viajes, radios y recuerdos.

Así como el scrolleo en pantallas digitales no finiquitó la lectura vertical de papiros y pergaminos (sino que la resignificó), la casi permanente exposición a la luz de los dispositivos electrónicos no liquidará la oscuridad. De la noche astral venimos y hacia la noche astral vamos. ¿Será que en ella residen las almas? ¿Será que allí se gestan los sueños? ¿Será que de éter, humos y nubes está compuesto el verdadero paisaje de este mundo?

Nefelibata es al futuro lo que los cuentos leídos en voz alta son a las infancias. Expectantes, aguardamos la cercanía del amor, la sensación del susurro, la vibración musical, la traslación aromática. La historia misma es una somnolencia en presente continuo, que atrapa y suelta al sujeto, que lo vuelve a enlazar, lo sueña vital despierto, hasta que lo duerme en su pensamiento.

Es que en Nefelibata el teatro mismo se convierte en una zona de interfaz. Y la obra, parafraseando a Rocambole, fabrica imaginación de mundos, humanidades, cuerpos y espacios. Si el sueño del patrón es prohibir soñar a los pobres, en la estepa cabalga, laboriosa, la posibilidad de redención, de torcer la inevitabilidad del destino, conjurándolo.

¿Los personajes esclavos del novelista? ¿O el novelista, de sus personajes? ¿Los sueños pertenecen a quien sueña? ¿O la soñadora es presa de los sueños? ¿La sirvienta esclava del patrón? ¿O el patrón depende de la servidumbre? ¿Quién es esclavo de quién? ¿Los personajes secundarios, del protagonista? ¿El elenco, del director? ¿El director, del elenco? ¿El público, de la obra? ¿La obra, del público? ¿Quién sueña a quién?

Probablemente sea todo eso a la vez. Ante tremendo panorama, resulta lógico que elijamos caminar las nubes y confiar en los fantasmas.