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Bailarina casi queda afuera del mundial de tango por cambiar su apellido

A través de un proceso judicial, la joven artista barilochense decidió suprimir su apellido paterno, por el que era reconocida en certámenes internacionales de la danza.
07/07/2025 09:25 Hs.
La jueza destacó que el nombre no es solo una formalidad jurídica, sino un componente esencial de la identidad. Foto: Ilustrativa, Marcelo Martínez.
La jueza destacó que el nombre no es solo una formalidad jurídica, sino un componente esencial de la identidad. Foto: Ilustrativa, Marcelo Martínez.

Una joven bailarina de tango de Bariloche quedó paralizada cuando por los altoparlantes la nombraron con el apellido de su progenitor. La invadió la angustia y casi abandona el mundial minutos antes de salir al escenario para disputar la final.

“La pasé muy mal en el mundial y no quería salir porque me llamaron por ese apellido”, declaró meses más tarde ante una jueza de Familia de Bariloche, quien autorizó el cambio de identidad. La joven inició una demanda para suprimir los apellidos paterno y materno: eligió el segundo de su madre, con el que siempre se identificó.

Esta no era la primera vez que le pasaba. El apellido paterno, con el que fue inscripta al nacer, nunca representó quién es. Tampoco el primero materno. Desde chica se identificó con el segundo apellido de su madre. Así firmaba, así la conocía su círculo más íntimo, así se presentaba en los escenarios y en su entorno artístico. Pero cada vez que necesitaba un documento oficial o debía figurar en una inscripción, reaparecía esa identidad legal que no sentía propia.

Por estas razones, la historia que llevó a ese pedido empieza en su infancia. Nació en Bariloche. A los pocos meses, sus padres se separaron en medio de situaciones de violencia. Su madre la crió sola, junto a sus hermanos. Su padre no estuvo presente. Tampoco su familia paterna. Ese nombre quedó como un ancla ajena a su historia afectiva.

Al pasar los años, la joven construyó su identidad lejos de esa carga. Se dedicó al tango, se formó como bailarina, compitió en certámenes nacionales e internacionales. Pero su nombre legal seguía ahí, apareciendo en los registros, en las premiaciones, en los anuncios. En más de una ocasión evitó participar de eventos para no escucharlo en público. La incomodidad se volvió un obstáculo real para su carrera.

A lo largo  del proceso judicial, aportó pruebas documentales, testigos, publicaciones y antecedentes. El expediente incluyó una pericia psicológica del cuerpo de investigación forense que respaldó su relato. El informe confirmó que la bailarina no presenta alteraciones mentales ni está actuando bajo presión externa. Describió con claridad que el uso obligatorio de los apellidos legales le provoca sufrimiento y afecta su desarrollo profesional. Afirmó que una resolución favorable sería vivida como un alivio.

Por estos motivos, la magistrada evaluó también las posturas del Ministerio Público y del Registro Civil, ambos sin objeciones. Se cumplieron los requisitos legales, los plazos y la publicación de edictos. La sentencia autorizó a la mujer a llevar en forma exclusiva el apellido que escogió.

La jueza destacó que el nombre no es solo una formalidad jurídica, sino un componente esencial de la identidad. El cambio no responde a una moda ni a un capricho, sino a una necesidad real, sostenida en el tiempo, con impacto concreto en la vida de la persona. El fallo también ordena al Registro Civil emitir toda la documentación correspondiente con la nueva identidad.