“La volvería a elegir”: la historia de una enfermera barilochense en su día | ANBariloche
Noticias de la Patagonia

Relatos

“La volvería a elegir”: la historia de una enfermera barilochense en su día

En el Día Internacional de la Enfermería, Lorena Paola Ingnacio comparte con ANB su recorrido profesional, su vocación y el valor del acompañamiento en todas las etapas de la vida. Una historia de compromiso, familia y pasión por cuidar.
12/05/2025 21:04 Hs.
La simpatía y su sonrisa también son parte del tratamiento. Foto gentileza
La simpatía y su sonrisa también son parte del tratamiento. Foto gentileza

Este 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Enfermería, y para rendir homenaje a quienes día a día cuidan, acompañan y sostienen a pacientes y familias, ANB conversó con Lorena Paola Ingnacio, enfermera nacida, criada y formada en Bariloche.

“Vivo en el barrio Frutillar desde hace 15 años, tengo 37, casi 38 —cuenta con una sonrisa—. Hice la primaria en la Escuela 267 y la secundaria en el ESRN 33, aunque la terminé en la ESRN 44. Siempre estuve en esta ciudad”. Su historia con la enfermería comenzó casi de casualidad, pero se transformó en una elección profunda: “Cuando terminé el secundario no tenía muy en claro qué estudiar. Justo en ese momento se abrió por primera vez la carrera de Enfermería en la Universidad del Comahue, acá en Bariloche. Me anoté junto a dos compañeras, pero solo yo pude empezar porque ellas debían materias”.

Aquel inicio, solitario y lleno de incertidumbre, se convirtió rápidamente en un camino con sentido. “Al principio era todo nuevo, pero cuando empezaron las materias más vinculadas al contacto humano, uno le empieza a tomar el gustito. Ya en primer año hicimos prácticas en el Hospital Zonal, y ahí nos empezamos a formar con médicos y enfermeros que nos enseñaron desde la experiencia directa”.

Ese vínculo cercano con los pacientes marcó su forma de ejercer la profesión: “El reconocimiento que te dan los pacientes, incluso fuera del hospital, es impagable. Que te digan ‘vos atendiste a mi bebé cuando nació’, ‘me acompañaste cuando fui mamá’, te llena el alma. Son esos momentos los que hacen que todo valga la pena”, cuenta con emoción.

Para Lorena, ser enfermera es mucho más que aplicar un tratamiento. “Muchas veces no es solo una medicación lo que necesitan, sino una sonrisa, un gesto. Esas pequeñas cosas también sanan”, reflexiona.

En su día a día, acompaña todas las etapas de la vida: “Estamos desde el nacimiento hasta el último adiós. Es duro, pero también gratificante poder estar ahí para el otro, para la familia, en los momentos más difíciles”.

Ser madre de dos hijos —uno adolescente y otro preadolescente— y trabajar en salud no es sencillo, pero Lorena resalta el valor del acompañamiento familiar. “Su papá también es enfermero, así que nuestros hijos aprendieron a adaptarse a los cambios de horarios, a entender que quizás en una fecha importante alguno de los dos iba a faltar. Por suerte, tenemos una gran red con mi cuñada y su esposo, que también son enfermeros. Entre todos, nos organizamos. Somos una familia de enfermeros”, dice, con orgullo.

A pesar del amor que siente por su profesión, reconoce que aún hay mucho por mejorar. “En Bariloche falta infraestructura y opciones para seguir capacitándonos. Enfermería es una profesión que necesita actualización constante, y no siempre tenemos acceso a eso”.

A modo de mensaje para quienes estén pensando en seguir esta carrera, Lorena no duda: La volvería a elegir. Pero también digo siempre: te tiene que gustar. Porque es un reto diario. No hay un día igual a otro. Y eso es lo que la hace apasionante”. (ANB)