Cinco historias de personas que decidieron emigrar y armar su vida en Argentina  | ANBariloche
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Día del Inmigrante

Cinco historias de personas que decidieron emigrar y armar su vida en Argentina

Cada 4 de septiembre se conmemora el Día del Inmigrante y ANB dialogó con personas de distintos países que llegaron a Bariloche en búsqueda de un nuevo lugar en el que vivir.
04/09/2024 00:00 Hs.
Stefano, una de las personas que eligió Bariloche como su lugar de vida. Foto: gentileza.
Stefano, una de las personas que eligió Bariloche como su lugar de vida. Foto: gentileza.
Por Claudia Olate

Irse de la tierra propia para armar vida en otro lado. Conocer y adaptarse a otras costumbres, a otras formas de vida, a otra cultura. Llegar a un nuevo país y un nuevo destino. Volver a empezar. Vivir con el corazón dividido entre el país elegido y el que los vio nacer. Así es la vida de los miles de inmigrantes que viven en el país, y muchos de ellos, en Bariloche.

En 1949, el por entonces presidente Juan Domingo Perón, instauró el 4 de septiembre como el día del Inmigrante. Una fecha para recordar la llegada de personas de distintos países, que, junto a los pueblos originarios, conforman la identidad argentina.

Aunque pasaron los años, la llegada de inmigrantes no cesó, si no, todo lo contrario. Cada año, llegan personas de otros países que eligen Argentina para rearmar su vida. En este contexto, Bariloche también se convierte en el nuevo hogar de muchos nuevos habitantes, dado a su entorno natural en el que poder formar una vida, las posibilidades laborales que presenta una ciudad todavía no tan grande o el clima, favorito de muchos.

Huir de la guerra y cambiar de vida

La vida en Siria tuvo un momento de quiebre, un antes y un después. En 2011, la situación cambió y se volvió una pesadilla para muchos de sus habitantes que vivieron el antes de un país en el que se disfrutaba estar.

“La vida antes era muy tranquila, todo funcionaba sin problemas. Recuerdo que Siria en 2009 fue considerado el país más seguro del mundo. Es un país hermoso, muy parecido a Argentina El clima es muy agradable, tiene playa, montaña e incluso desierto, y sembrábamos de todo, con muchos recursos de gas y petróleo”, recordó Bashar Bardo en diálogo con ANB.

En 2017, el hombre se convirtió en el primer refugiado sirio en llegar a Bariloche. “Tenía que irme por la guerra y lo que estaba pasando en mi ciudad”, recordó ahora, siete años después de este cambio drástico de vida.

Bashar contó que, en ese momento, Argentina “era mi mejor opción” ya que tenía contactos que le posibilitaron llegar aquí “sin arriesgar mi vida en algún barco en el mar para ir a Europa u otro lado”, señaló.

Bashar Bardo el día que recibió la ciudadanía argentina. Foto: gentileza.

Su mejor amiga, una barilochense, lo ayudó con los trámites para la visa y sus primeros meses de vida en el país, fueron en la ciudad de los lagos. “Ella tiene una casa donde me recibió, me empujó y ayudó, junto con sus familiares, a comenzar mi viaje en este hermoso país”, destacó.

El hombre, ingeniero agrónomo de profesión, confesó que el clima fue lo que más le costó del cambio. “Sufrí mucho porque no estoy acostumbrado, y justo llegué en julio, cuando Bariloche estaba cubierto de nieve”, recordó.

A pesar de la distancia entre países, Bashar considera que “somos iguales en muchas cosas y tenemos más cosas en común que diferencias. Puede haber cosas para adaptarse, como comer carne todos los días, y otras que cambiar, como escuchar cumbia o folklore en las fiestas y disfrutar del rock nacional”.

Si bien su primer tiempo en Argentina transcurrió en Bariloche, luego se mudó a Chacabuco, provincia de Buenos Aires. “Jorge, un gran amigo en Bariloche, me dijo en un momento: "Dios existe en todos lados, pero atiende en su oficina en Buenos Aires", así que tuve que viajar allí para buscar un trabajo relacionado con mis estudios y un clima más acorde a mis gustos”, señaló.

Desde que llegó, en 2017, Bashar no ha vuelto a su país ya que implica un gran gasto. Por el momento, ayuda económicamente a su familia todo lo que puede. “El salario promedio allá es alrededor de 40 dólares por mes. Ahora, 100 dólares allá hacen la diferencia”, contó.

Hace siete meses, “pasó algo muy lindo”, relató el hombre y agregó que “después de 8 años y medio, volví a conectar con una amiga con la que estudiamos juntos en Damasco. Ella estaba estudiando en China, así que la invité a visitarme. Vino y hoy estamos casados viviendo juntos en Chacabuco desde Siria”. El plan del flamante matrimonio es quedarse en Chacabuco y poder tener su hogar allí, donde formaron familia y una red de amigos que también son parte de ella.

Bashar afirmó que lo que más destaca de este país es “la calidad de la gente en toda Argentina y el gran valor de la amistad, especialmente en Bariloche. Estoy siempre agradecido a la gente de Bariloche porque son personas amables, que les gusta recibir gente de afuera”.

Las vacaciones que se transformaron en una historia de amor

Hace unos años, Claudia Camarena decidió viajar a Bariloche para disfrutar de unas vacaciones junto a su hermana. Oriunda de México, de Guadalajara precisamente, no conocía la Patagonia y planearon un viaje que, sin saberlo, cambiaría su vida.

Durante su estadía aquí, conoció por redes sociales a Gustavo, un barilochense, aunque, “no nos conocimos personalmente”, contó. Claudia volvió a México, pero continuaron en contacto, con una relación virtual, hasta que decidieron encontrarse. “Vine por segunda vez y formalizamos la relación”, resumió entre risas.

Luego mantuvieron la relación con viajes. A veces viajaba Gustavo, otras veces Claudia venía a Bariloche o compartían vacaciones en otro destino del mundo hasta que llegó el momento de tomar una decisión. “En abril de 2022 me vine a vivir acá”, contó.

El clima, sin dudas, fue lo que más le costó de la adaptación. “Guadalajara tiene un clima muy amigable, está cerca del océano Pacífico, pero no tiene temperaturas extremas. México es muy tropical”, añadió y agregó divertida que ahora, “todo el año hace frío para mí en Bariloche y no solo en invierno”.

Claudia Camarena y su pareja barilochense, Gustavo Llull. Foto: gentileza.

“Extraño mucho. Principalmente mi familia, pero también extraño mi rutina. Era ejecutiva financiera, tenía una vida muy disciplinada”, recordó. Por otro lado, añadió que “la comida igual la extraño, me gusta mucho lo que como aquí pero siempre estoy buscando mis chiles, trato de mantener la cultura y la costumbre”.

Sobre esto, agregó que “cuando veo a mi familia o me vengo de México me quedo con el corazón apachurrado, pero soy muy feliz en Argentina, lo siento mi casa. Este país me ha recibido extraordinariamente, no tengo una sola queja. Todos los ámbitos en los que estoy: los amigos de mi esposo, mi familia política, tengo un grupo de trekking, mi gimnasio, es todo fabuloso”.

Claudia no se imaginó nunca que dejaría todo en México, por vivir en Argentina, especialmente, en la Patagonia, pero las vueltas de la vida así lo quisieron. “Si me hubieran dicho que me iba a pasar esto y me iba a enamorar de un argentino y me iba a venir a vivir aquí, les hubiera dicho ¡claro que no!, pero aquí estoy”, finalizó.

De Italia a Bariloche

Stefano Righetti es un italiano que desde 2009, vive en Argentina. Llegó viajando, recorriendo, conociendo. Visitó decenas de países y ciudades, incluso, cuando vivía en su Verona natal y desde joven, ahorraba dinero para poder viajar por Europa. Eso, dice, lo convirtió en “la oveja negra” de una familia que está asentada en el norte de Italia y en la que ningún integrante había optado por emigrar.

Los viajes lo llevaron por Europa, Asia y África, hasta que finalmente, dedicó largos meses a conocer Latinoamérica. Una vez en Argentina, recorrió el país de punta a punta. En esos viajes, cuando hacía dedo en la ruta cerca de Las Grutas, paró una mujer que se ofreció a llevarlo. Desde entonces, no se volvieron a separar y junto a Isabella, formó su vida en este país.

“Ella es de un pueblo de Buenos Aires que se llama Pedro Luro”, recordó en diálogo con ANB. Allí fue su primer tiempo viviendo en Argentina y allí empezó con un pequeño emprendimiento, casi como un hobby, con licores caseros que les obsequiaba a los amigos. La preparación era casi una tradición arraigada en su familia. “Arranqué también con la idea de lograr establecerme y poner lo mío, porque en Italia yo siempre trabajé como empleado y allá poder tener algo propio es mucho más difícil, no es fácil entrar en el mercado”, señaló.

Stefano detalló que “casi jugando arranque con la feria en Pedro Luro primero y al final se volvió un emprendimiento y se convirtió en la aventura de mi vida y junto a Isabella, seguimos juntos y trabajando”.

Luego, con un viaje que decidieron hacer de vacaciones a Bariloche, descubrieron que la ciudad, además de los paisajes que la caracterizan, era un excelente lugar para desarrollar el emprendimiento. “Vinimos en el Tren Patagónico. Yo había venido de mochilero antes y ahí me terminó de confirmar que es un lugar maravilloso”, dijo.

Stefano habla un excelente español, pero como la mayoría de quienes vienen de otros países, a pesar de los años en Argentina, guardan el acento casi como un tesoro, como ese intento de mantener vivo su origen, que le permite adivinar a cualquiera que charle con ellos, que no es nacido aquí.

Stefano Righetti junto Isabella con quien emprendió su propio negocio en Argentina. Foto: Gentileza.

En ese momento, año 2011, según recordó el italiano y barilochense por opción, “empezaba el furor de la cerveza, pero producción de licores no había prácticamente”. Eso, sumado a que Stefano es un apasionado de las montañas y los deportes de aventura, dieron la suma perfecta para quedarse a vivir aquí.

Emprender en la ciudad, no fue fácil, recuerda. El mercado era un poco cerrado y costó comenzar, pero Stefano se reconoce como “un testarudo” y no dieron el brazo a torcer hasta que finalmente, instalaron La Scala, una fábrica de licores artesanales y con corazón italiano, que hoy son elegidos y reconocidos en prácticamente todo el país.

“Nos encontré con un muro, pero nos hicimos camino y por la calidad de los licores, cuando los comerciantes empezaron a ver que era un buen producto y los turistas lo pedían, logramos estar en los comercios de acá”, recordó. Luego, recorrió toda la Patagonia, hasta Ushuaia, para llevar su licor y que poco a poco, lo conozcan en el resto del país.

Pero emigrar y armar la vida en otro lado, tiene un costo. Es que la distancia hace mella en los sentimientos y el paso de la vida se siente. Las amistades y la familia que quedan en el país de origen, nunca dejan de extrañarse. Stefano pasó unos siete años sin viajar a Italia, enfocado en el armado de la fábrica de licores. “Fue muy duro para mí no poder ver a mi familia”, contó.

Ahora, intenta viajar una vez por año para visitar a sus seres queridos. “Hace poco pude ir. Fue muy lindo compartir y ver a mis amigos y familia. Conocí a mi pequeña sobrina, comí mis comidas favoritas”, recordó.

“Lo que más extraño es la familia antes que todo, siento que estoy perdiendo muchos momentos con mi familia de allá. Mis padres más que todo como que estoy notando que se están volviendo viejitos y es difícil estar lejos”, dijo y agregó que “yo tengo el corazón partido a la mitad viviendo lejos de casa, no es fácil. Te falta tu familia, mi historia…yo viví 30 años allá”.

“Si tuvieras que volver a elegir, ¿sería Bariloche el destino elegido?”, le consulto y no lo duda: “Cada situación que pasa es por algo. Aquí me hice una familia. Sentí que era mi camino y sentí que aquí es mi lugar. Queríamos establecernos, tener un futuro mejor y aquí queríamos realizar nuestro sueño. Luchamos juntos, lo decidimos juntos, fuimos valientes y lo logramos”.

Bariloche, el lugar en el que preservar la vida

Somos historias, dicen y muchas de esas historias que nos componen y nos traen al lugar en el que estamos, no son fáciles. “Mi historia es complicada”, adelantó Penélope Usano, una española que vive hace 17 años en Bariloche y llegó, en un desesperado intento de preservar su vida.

Nació en Córdoba, Andalucía y tiene grabada la fecha en que pisó suelo argentino. El 19 de agosto de 2007, llegó a Buenos Aires junto a su hijo y tres valijas en las que intentó cargar su vida. Ese mismo día, viajó igual a Bariloche.

“En el 2006 conocí a mi actual pareja, quien me brindó la oportunidad de escapar de una vida de malos tratos que tenía en España. Pude ahorrar durante un año allí, planear mi huida durante todo ese tiempo y poder escapar para no terminar muerta. Dejé a mi hija allí, pero pude traerme a mi hijo”, resumió.

Penélope remarca que no fue fácil instalarse en la ciudad y menos, hace casi dos décadas, cuando la vida en Bariloche era otra. “Me sentía muy incomprendida, con mi forma de pensar chocaba con todos, pero en mi pareja encontré todo lo que necesitaba”, sostuvo.

Sin embargo, acostumbrarse a Bariloche, a otra cultura, a otra forma de vida, le costó “hasta una depresión. No entendía nada”, añadió.

Penélope no tiene trabajo actualmente, pero es presidenta de una Junta Vecinal en el alto barilochense, a lo que dedica gran parte de su tiempo. “Hago lo que puedo para ayudar en todo lo referente a lo social, es difícil pelear contra el sistema...pero se hace lo que se puede”, manifestó.

Penélope y su hijo cuando vinieron a Bariloche, en 2007. Foto: gentileza.

Al ser consultada sobre lo que más le gustó de Bariloche desde que decidió armar su vida nuevamente, lejos de su familia y su tierra natal, Penélope afirmó que es “la libertad que me dio a mí y a mi hijo, la oportunidad de seguir vivos”.

“Lo que más extraño estando lejos, es a mi hija, el olor de azahar de Córdoba en mayo, el calor de una familia ...mis amigos”, añadió la mujer quien, además, nunca pudo volver a su país, “murió mi madre y me despedí por audio, se casó mi hija ... espero algún día poder volver”, indicó.

El lugar de donde viene tiene un clima totalmente diferente. “Allí son 50 grados en verano, pero a mí me gusta el frio”, señaló y agregó que “lo que no entendía ni entiendo aún, es el tema leña, y esas cosas.  Creo que no puedo, ni quiero entender que estemos tan atrasados en una ciudad de estas características, que no tengamos gas, que ande tan mal la electricidad, pero bueno eso es más político”.

Emigrar como parte de una aventura

Christian Di Marco Rivas y su hermano tenían 24 y 25 años cuando decidieron irse de su Venezuela natal. Pasaron 18 años de ese entonces y a pesar de tener familia en Santa Fe, el viaje no tuvo escalas, la búsqueda de una aventura los trajo directamente a Bariloche.

“Mi padre es argentino y mi madre venezolana, yo nací en Caracas”, contó el hombre que desde hace unos años abrió Sudbruck, su propio emprendimiento hotelero en la ciudad, en la base del cerro Catedral, una pequeña hostería boutique.

“La decisión de venir a Bariloche fue más que nada por la búsqueda de una aventura, terminamos los estudios en Venezuela y surgió la posibilidad de ir afuera y la decisión era entre Costa Rica o Bariloche, pero la nieve nos llamaba la atención. Terminamos en el cerro Catedral”, relató.

Si bien la mayor parte de la familia se radicó en Argentina, Christian volvió hace unos 10 años a Venezuela, a buscar su título universitario que en su momento no había retirado. Es licenciado en administración de empresas de turismo y hotelería y destacó que “Argentina me dio la posibilidad de ejercer mi profesión”.

Christian Di Marco Rivas junto a su pareja, Carolina y sus dos pequeñas hijas. Foto: gentileza.

“En su momento, nuestro padre vio lo que se avecinaba un poco y nos dio la posibilidad de que nos vayamos. La situación está cada vez más adversa y complicada”, manifestó en relación al contexto político y social de Venezuela.

De todas maneras, Christian remarcó que “mi vida en Venezuela fue linda, bien vivida. Argentina nos abrió las puertas y yo me considero barilochense”. Aquí formó su familia junto a Carolina, con quien tiene dos pequeñas hijas: Helena y Carmela.

“A las costumbres no nos costó tanto acostumbrarnos porque mi padre en Venezuela continuaba con las costumbres, estaba inmerso en eso”, contó y agregó que “adopté las tradiciones. Soy tomador de mates desde hace mucho. Quizás la comida, la idiosincrasia es totalmente distinta, pero no fue difícil adaptarme”.

Christian remarcó que “no es fácil emigrar, pero Argentina nos recibió muy bien”. Además, se confiesa un amante de los deportes de montaña. “Me encanta la vida de Bariloche porque me dio la posibilidad de disfrutar de cosas que en algún momento pensé que no iban a estar a mi alcance. Poder descubrir eso y darles la posibilidad a mis hijos, es muchísimo”, finalizó. (ANB)