lunes 5 de diciembre de 2022

Viajes

Un recorrido por los Valles Calchaquíes y la ruta 40 en su versión norteña

Se puede recorrer a través de la ruta 40, que transita por medio de quebradas, cerros y cardones de Salta.

viernes 07 de octubre de 2022
Un recorrido por los Valles Calchaquíes y la ruta 40 en su versión norteña
El recorrido ofrece paisajes únicos para disfrutar del norte. Fotos: Rocío Urzagasti.
El recorrido ofrece paisajes únicos para disfrutar del norte. Fotos: Rocío Urzagasti.
Por Claudia Olate

Los Valles Calchaquíes es uno de los recorridos que no puede faltar en un viaje por Salta. Se puede elegir ir solo hasta Cafayate o a Cachi por el día en caso de querer hacer base en la ciudad capital, pero, el recorrido por la ruta tienta a quedarse, a conocer, a dejarse cautivar por los paisajes sin igual del norte argentino.

A través del recorrido se pueden conocer diferentes pueblitos con calles empedradas y casas bajas, que parecen llevarte en un viaje en el tiempo. Pero, además, uno de los atractivos principales también, es la ruta del vino.

Así, entre cerros de colores, quebradas, pequeños pueblos que a veces no son más que un grupo de casitas a la vera del camino, el sudoeste de Salta se presenta como un hermoso lugar para conocer.

Desde Salta capital, nuestra primera parada fue en Cachi, aunque en el camino, los atractivos fueron muchos. El paisaje va cambiando lentamente, y de los árboles de verde intenso con sus lianas, llega la aridez que parece tener mil tonos según la ilumine el sol.

La Cuesta del Obispo, parada fotográfica en la ruta. Foto: Rocío Urzagasti.

La primera parada, es la Cuesta del Obispo. Aquí, desde un balcón natural se puede ver el camino recorrido que asciende lentamente, entre un sinfín de curvas que surcan un cerro entero. Artesanos, música típica, y unos cóndores volando, le dan contexto a un descanso y una excusa para estirar las piernas en medio de la ruta.

Luego el camino sigue entre más subidas y algunos sitios donde quien ame la fotografía, parará de seguro. La altura también sigue en ascenso y no faltan los consejos de los salteños para evitar el apunamiento. Mascar coca, oler hierbas nativas que abren las vías respiratorias, tomar un tecito de hojas de coca. Cada uno implementa sus costumbres y las comparte gustoso con quienes no estamos familiarizados con la altura.

El Nevado de Cachi, una de las impontentes montañas salteñas. Foto: Rocío Urzagasti.

Cachi, una de las bellezas salteñas

Finalmente, tras un par de horas de viaje, se llega a Cachi, un pueblo preexistente a la dominación española, donde antiguamente habitaban los Chicoanas y se conservan perfectos los vestigios de construcciones del siglo XVIII como su iglesia. De fondo, el Nevado de Cachi, le da al lugar, la majestuosidad que solo la montaña puede dar.

“Estamos a 157 kilómetros de Salta, y se puede llegar por la ruta 68 o la 33”, cuenta Raúl Liquin, del área de Turismo del lugar y añade que “Cachi tien muchísimo para hacer. Se pueden recorrer museos, bodegas, hacer turismo aventura como mountain bike, trekking, cabalgatas”.

Cachi se encuentra 157 kilómetros de Salta capital. Foto: Rocío Urzagasti.

El pueblo, se distribuye como la mayoría de los pequeños poblados norteños: una hermosa plaza que invita a sentarse y disfrutar con todo alrededor, museos, dependencias municipales, iglesia, pero las actividades se extienden mucho más allá.

“Contamos con 1200 plazas entre hotelería y casas de familias. En verano, están los festivales y carnavales, corsos, encuentros de copleros. En marzo las fiestas patronales. Además, tenemos un ovnipuerto que fue creado por un suizo que vivía acá, así que invitamos al turismo astronómico también”, indicó Liquin.

Siguiendo la ruta 40 en el norte

Los barilochenses tenemos a la ruta 40 como parte de nuestra geografía y la conocemos de memoria. Es mítica por sus paisajes pero también, por unir el país de punta a punta. Y allí, en Salta, cuando salimos de Cachi, la retomamos como si siguiéramos en casa.

El estado de gran parte de esta ruta, es complicado. “Calamina” le dicen en el norte al clásico serrucho que domina los caminos de ripio y en la ruta 40 norteña, es el protagonista.  Es un trazado recomendado para hacer con camionetas o con mucha paciencia en vehículos bajos. Paciencia que nos será recompensada con hermosos paisajes.

Molinos es un pequeño pueblo donde disfrutar de la tranquilidad. Foto: Rocío Urzagasti.

A unos 50 kilómetros, está Molinos, otro pequeño pueblo donde la historia parece no haber transcurrido. Fue fundado a mediados del siglo XVII. Allí vivió el último gobernador realista en Salta, Nicolás Severo de Isasmendi.

Lo que fuera la hacienda de Isasmendi es hoy, un hotel para descansar, disfrutar la tranquilidad del lugar y sentirse un poquito, en otra época de Argentina. “Hacienda de Molinos”, es el lugar, ubicado frente a la iglesia del pueblo.

Los vinos de altura únicos de Salta

Desde allí, se pueden conocer otros lugares como Tacuil, Humanao y Colomé, donde se destacan los vinos de altura únicos, de viñedos ubicados a más de 2800 metros sobre el nivel del mar.

Salta es uno de los lugares más elegidos por el enoturismo y su ruta del vino cada vez se afianza más. Actualmente se exportan más de 1.200.000 botellas de vino a distintos países del mundo.

Salta exporta vinos de altura a distintos países del mundo. Foto: Rocío Urzagasti.

La altura y el clima dan como resultado, uvas con un sabor, aroma y color, diferentes. El vino emblemático de Salta es el torrontés, pero se produce una amplia variedad de vinos tintos que son elegidos por los expertos.

Colomé tiene una bodega homónima, donde además y como la mayoría de las modernas y renovadas bodegas salteñas, hay un hotel boutique donde se puede vivir la experiencia rural a pleno.

Por la ruta 40 hasta Cafayate

Desde Molinos, y otra vez por la ruta 40, el paisaje continúa hermoso pero distinto. De a poco, reverdece a orillas del río Calchaquí. No faltan las casitas de adobe desde donde los pobladores saludan y ven pasar a los turistas que no dan crédito de los lugares que ven y que para ellos, son su hogar desde siempre.

Pasando Angastaco, un pequeño pueblo en medio de la ruta, sigue el camino y aumenta la ansiedad. Es que se sabe que a poca distancia los ojos se toparán con la Quebrada de las Flechas.

De golpe, empiezan, como emergiendo de la tierra, piedras que varían entre el blanco, el pardo o el rojizo y dan al lugar, una sensación de paisaje lunar.

La Quebrada de las Flechas es uno de los atractivos del recorrido. Foto: Rocío Urzagasti.

La Quebrada de las Flechas forma parte del Monumento Natural Provincial de Angastaco y se encuentra de camino hacia Cafayate.

Hay varios puntos fotográficos donde parar y observar, pero también, si se cuenta con tiempo, hay senderos que se pueden recorrer y adentrarse por la formación rocosa que data al menos, de hace unos 15 a 20 millones de años, cuando grandes bloques de rocas comenzaron a elevarse en el borde de la Puna.

Dormir bajo las estrellas

A mitad de camino, un oasis en la ruta de ripio rodeada de piedras y lomas que suben y bajan en la más pura aridez. Silu Wasi es un predio en el que hay cómodos y hermosos domos en los que se puede pernoctar, disfrutar de la naturaleza a pleno y vivir una experiencia distinta.

Abrió sus puertas en enero, impulsado por Julia Toyo con el fuerte deseo de generar más vida para los pobladores de Payogastilla. Así surgió la idea de un turismo rural, pero diferente, donde todo es elaborado por gente de la zona y la accesibilidad, es la premisa.

Silu Wasi, una opción de glamping para vivir una experiencia diferente. Foto: Rocío Urzagasti.

“En Payogastilla no había absolutamente nada. Estamos en medio de los puntos turísticos más importantes como Cachi y Cafayate y queremos convertirnos en una parada obligada”, cuenta la mujer que tuvo esta idea en plena pandemia y es uno de los primeros glampings de Salta.

Los domos están perfectamente acondicionados para disfrutar de la estadía y relajarse, en plena conexión con la naturaleza. Una decoración delicada pero rústica, con detalles artesanales, invitan a quedarse y sentirse como en casa.

La ruta sigue y luego de pasar por el pueblo de San Carlos, donde según dicen los que saben, se vive uno de los mejores carnavales en verano, se llega a Cafayate.

Este pequeño pueblo de unos 10 mil habitantes, es antecedido por numerosas bodegas, algunas antiguas, otras modernas, pero donde la premisa principal es disfrutar de los vinos diferentes que ofrece Salta.

Desde aquí, se puede retornar a la capital distante a 192 kilómetros por la ruta 68. Y más que una posibilidad, es una obligación, ya que en el camino, la Quebrada de las Conchas, será la compañía que no dejará de asombrar a los viajeros.

En ruta 68 se encuentra la Quebrada de las Conchas. Foto: Rocío Urzagasti.

La ruta es asfaltada por lo que el viaje será mucho más liviano, pero no más rápido si el turista se deja llevar por el impulso de tomar fotografías prácticamente, en cada kilómetro.

Las formaciones rocosas otra vez quitan el aliento, pero son totalmente diferentes a las de la Quebrada de las Flechas.

Con un color rojizo que se intensifica en partes, las rocas que son del período cretácico, fueron moldeadas por el viento y la erosión hasta darle formas únicas. En una de las paradas, un anfiteatro natural es el escenario de músicos que le dan un toque místico y mágico al lugar.

La Quebrada acompaña gran parte del camino, con distintas formaciones y miradores, para luego, dar lugar una vez más, al paisaje del Valle de Lerma que nos indica, que estamos llegando a Salta capital. (ANB)

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