sábado 25 de septiembre de 2021

Análisis

"El misterio de Tamburello"

Néstor Vidal realiza un análisis sobre el accidente en la F1 del brasileño Ayrton Senna y su Williams FW16.

domingo 25 de julio de 2021
"El misterio de Tamburello"

Por Néstor Vidal

Transcurrían 12,8 segundos de haber iniciado la séptima vuelta del Gran Premio de San Marino y la historia estaba a punto de cambiar. El brasileño Ayrton Senna y su Williams FW16 se estrellaban de manera dramática contra el muro de contención de la curva más peligrosa del Campeonato Mundial de la Fórmula Uno: Tamburello. Se hizo el silencio. El mejor piloto de todos los tiempos se debatía entre la vida y la muerte en el momento cumbre de su carrera. Los segundos pasaban y Ayrton no reaccionaba. Nadie sabía si saldría vivo del Misterio de Tamburello.

Nació en Sao Paulo en 1960 y tenía un don. El deseo insaciable de superarse constantemente. La necesidad de vivir cada instante apasionadamente. El talento en bruto y las ganas de comerse al mundo. El poder de arriesgar y creer en uno mismo. El trabajo y estudio de día y de noche. Un piloto que aprendió de telemetría y estudió a fondo cada pieza y movimiento de su vehículo.

Cuentan que volvía locos a sus mecánicos con tantas preguntas que les hacía. Para él, era vital saber. Cuestionar e investigar. Antes de Senna, nadie había tenido ese grado de entendimiento, práctica y comprensión del automovilismo. Conocía todos sus lugares y escondites. Era un genio de la Fórmula Uno. La primera vez que Senna tocó un volante fue a los cuatro años. Su padre le había construido un auto de madera y metal, con frenos de disco y el motor de una picadora de caña. Su primera carrera fue a los ocho años y a los 13 ya estaba en un Campeonato Regional de Karts. Cuatro años después, ya había conquistado el primer Campeonato Sudamericano.

A la Fórmula Uno llegó en 1984 con Toleman, una modesta Escudería inglesa que no prometía nada. Aunque su automóvil no era ganador, Senna impactó por su valentía a cada vuelta y su agresividad en la pista. Su primer podio llegó en el Gran Premio de Mónaco, donde el brasileño remontó 13 lugares y terminó sólo por debajo del que se convertiría en su eterno antagonista y motivación: el francés Alain Prost. Tras un par de años en la Escudería Lotus, en 1987 llegó la primera oportunidad grande en su vida. McLaren lo fichó como segundo piloto y sería el mismo Prost el que le haría compañía.

Ahí surgió una de las rivalidades más grandes que ha tenido el deporte mundial en su narrativa. Senna se coronó Campeón en 1988, 1990 y 1991 y logró dos Subcampeonatos en 1989 y 1993. Alcanzó 41 victorias, 65 pole positions y 80 podios. Se convirtió en un ídolo mundial y en el orgullo de todos los brasileños que cruzaban años de carencias, crisis y caídas. En 1994, Ayrton Senna dejó McLaren y se fue a Renault-Williams, ya que supuestamente era la Escudería que traía los autos más veloces y la mejor tecnología. Y así llegaría el trágico día. El Autódromo Enzo e Dino Ferrari del Gran Premio de San Marino sería testigo de una de las jornadas más oscuras del deporte. El circuito italiano de Ímola era considerado uno de los más rápidos y peligrosos del mundo.

Al final de una gran recta, se dejaba ver una temible curva amplia y prolongada donde se alcanzaban velocidades frenéticas. La famosa Tamburello. El veneno de esta curva se esconde en el poco espacio que existe entre la pista y el muro de contención. El margen de maniobra y reacción no existe. A 2,6 segundos de llegar a Tamburello, la computadora del monoplaza de Senna registraba que el brasileño pisaba a fondo el acelerador, como si quisiera demostrar algo. Con el motor a casi 14 mil revoluciones por minuto y viajando a más de 320 km/hr, Ayrton Senna sentía una fuerza de gravedad hacia el asfalto cuatro veces mayor que el peso total de su vehículo. Ahí, algo falló.

El brasileño perdió el control de su monoplaza y salió disparado contra el enorme muro de cemento. Cuando chocó, un neumático se atoró en el chasis del auto y segundos más tarde salió volando a toda presión. La llanta alcanzó a golpear el costado izquierdo del casco de Senna, quien perdió el conocimiento inmediatamente. Horas más tarde, la leyenda fallecía.

La noticia congeló al mundo y las sospechas comenzaron. El caso se fue a juicio en Italia y varias fueron las hipótesis que rodearon el Misterio de Tamburello. La primera apostaba a que la columna de la dirección del auto se había quebrado segundos antes del accidente. Sin embargo, cuando se recuperó la caja negra del monoplaza, se descubrió que la dirección estaba intacta en los últimos 0,6 segundos antes del choque. Otra hipótesis señalaba que el error había sido del mismo Senna, quien no pudo controlar el auto y no logró reaccionar.

Una vez más, la computadora reveló que 1,8 segundos antes del impacto, Senna pisaba el freno a fondo y trataba de mover desesperadamente el volante. Pero entonces, ¿cuál era la causa del drama de Tamburello? La búsqueda incansable de los equipos para mejorar el desempeño de los autos había puesto en riesgo su estabilidad. Vaya cruel ironía. Así, las escuderías habían modificado la aerodinámica de las máquinas para que estuvieran lo más cerca posible del suelo.

Entre más pequeño es el espacio entre el chasis y el asfalto, más rápido pasa el aire y menor es su presión. Esto hace que el agarre a la pista sea mucho mayor y se corra más rápido. Es el efecto opuesto al de un avión. Para la física, este es el principio de Bernoulli. Para el automovilismo, esta reacción se llama “Down Forcé”. La amenaza recae en que, si la base del auto llegara a tocar en algún instante el piso, el flujo de aire podría detenerse con lo que el coche pierde el agarre y el piloto pierde el control.

El misterio se aclaró cuando se demostró que un accidente previo en ese Gran Premio de San Marino había ocasionado que los autos circularan lento en lo que volvía la bandera verde. Con esto, los neumáticos se enfriaron y contrajeron, produciendo que los automóviles bajaran milímetros su altura. Testigos dicen haber visto chispas antes de que Senna entrara en la séptima vuelta a la curva de Tamburello. El aire dejó de pasar debajo del auto del brasileño, lo que explica la fuerza que lo arrastró hacia el muro de contención.

En la curva de Tamburello había nacido la historia de un profeta hecho leyenda en el deporte motor. Hace algunos meses exactamente el 1 de mayo del 2021, se cumplieron 27 años de la muerte de Ayrton Senna Da Silva y me fue inevitable recordarlo. Recordarlo como un auténtico mago sobre la lluvia. Como un piloto descarado, inteligente, rápido y atrevido. Alguien que siempre llevaba el coche más allá de sus posibilidades. Que hacía deslizar el auto sobre la pista. Que bailaba con su chasis y rebasaba con cierto toque de locura. Un hombre que constantemente hablaba de Dios e incluso lo citaba y lo leía.

Los que lo conocían, dicen que tenía guardianes que siempre lo seguían. Era un tipo divertido, bromista, pero también serio. Un tipo que supo ser humilde y sincero. Un héroe que dejó la vida en la ENIGMÁTICA CURVA DE TAMBURELLO. Posibles Causas del Accidente Desde el instante mismo de éste, se han barajado muchas posibilidades. Una de las primeras imágenes que se mostraron fue la del cockpit de Michael Schumacher (que iba segundo detrás del Williams), de donde se veía cómo instantes antes del despiste de Senna se salía algo de abajo del auto. Esto podía ser tomado como prueba, pero también pudo haber sido un objeto que ya estaba en la pista. Otra teoría que salió al instante era la del error del piloto.

El mismo Senna había advertido que la zona de la curva Tamburello era muy ondulada, y en la misma imagen del cockpit del alemán se ve claramente cómo el Williams da unos pequeños saltos antes de salirse de la pista. Michael Schumacher dijo luego de la carrera que en la vuelta anterior ya había visto al brasileño doblar con dificultad en la misma curva. Pero en definitiva un posible error de Senna se vino abajo cuando se examinó el auto. Una de las quejas de Ayrton Senna sobre su auto previo a la carrera (y en los GPS anteriores) era la incomodidad del habitáculo para las piernas.

El timón del Williams estaba más abajo que las versiones anteriores y al parecer, no se previeron las medidas de los pilotos. Como rediseñar el monoplaza en plena temporada era imposible, tomaron a bien reducir el diámetro de la barra de dirección de 22 a 18 milímetros. Error fatal. El material de la nueva barra (EN14) resultó ser demasiado débil para tan exigentes condiciones ya que a la sexta vuelta de la carrera se rompió. El tricampeón mundial perdió el control de su Williams porque simplemente no podía mover su coche justo en una de las zonas más rápidas y peligrosas del circuito.

LAS POSIBLES CAUSAS DE LA MUERTE

Matemáticamente hablando, Senna al haber perdido el control del auto en una zona a 310 km/h y con sólo 40 metros de distancia entre la pista y el muro, tendría menos de 2 décimas de segundo para reaccionar. Según la telemetría del Williams, soltó el pie del acelerador 0.8 segundos antes del choque, y 0.2 segundos después, lo hizo totalmente. Ayrton Senna chocó con la curva Tamburello exactamente a 210 km/h. Según la autopsia, murió de forma instantánea: tenía traumatismos múltiples en la base del cráneo, insuficiencia respiratoria grave, hundimiento frontal (que provocó una hemorragia interna), ruptura de la arteria temporal y paro cardíaco.

Tomando en cuenta otros accidentes, y comparándolos con los que ocurrieron en la misma curva Tamburello, se consideró que el ángulo de choque le era favorable incluso para poder salir ileso; pero la estadística no lo puede resolver todo, ya que en la práctica este tipo de accidentes en cualquier tipo de curva suelen ser mortales. Al revisarse el casco, éste tenía una gran hendidura en la parte superior derecha producida seguramente por algún objeto salido directamente del interior del auto. Por la forma de la hendidura, se presume que era la misma barra de dirección rota segundos antes.

Al desprenderse la barra en el accidente, se fue directamente contra Ayrton haciendo que se fracturara el cráneo, provocando la muerte instantánea, aunque recién su muerte se hizo oficial más de 4 horas después. En síntesis, Ayrton Senna tuvo la mala suerte de que la misma barra de dirección que se rompiera segundos antes hubiera salido disparada contra él. Si no fuera éste el caso, el brasileño hubiera tenido la posibilidad de al menos salir vivo del accidente, quizá con algún tipo de daño, pero vivo.

Se comprobó incluso que la fuerza del impacto del choque de Fernando Alonso en el GP de Brasil 2003 fue mayor que la de Ayrton en Ímola. El accidente pudo haber sido causado por una irresponsabilidad del equipo Williams al poner una barra poco resistente al auto, y la muerte, a uno de esos juegos macabros del destino. Pero las investigaciones se dirigieron luego a buscar a los culpables... La muerte de Ayrton Senna Al día siguiente del accidente, el juez Maurizio Passarini, decomisó el Williams y el Simtek de Ratzenberger y autorizó la autopsia de los dos cuerpos para averiguar las causas de las muertes; a la vez ordenó que el circuito de Ímola fuese cerrado y también puesto bajo investigación. Lo único que se pudo ver del lugar días después fue el montón de flores en el lugar exacto del accidente de Senna, bajo una gran marca azul de la pintura de su auto.

TRAZADO DE ÍMOLA (1994)

La polémica volvió al ambiente de la Fórmula 1 y de la organización del circuito, cuando la autopsia confirmaba la muerte instantánea de Roland Ratzenberger. Según las leyes italianas, cuando una persona muere en una actividad deportiva ésta debe ser automáticamente cancelada, y el lugar de los hechos, cerrado para las investigaciones. Si esta ley se hubiera cumplido, la carrera nunca se habría realizado (ni siquiera se hubiera completado la sesión de clasificación).

Por otra parte, aún existe la confusión sobre el momento real de la muerte de Ayrton Senna. Aunque la autopsia de ley determinaba que había muerto instantáneamente, en la TV se veía un par de movimientos de la cabeza del brasileño, y la versión de los médicos del hospital Maggiore (donde lo atendieron) que aseguraban que Senna llegó respirando. Misteriosamente, los investigadores tuvieron que pasar más de una dificultad para realizar su labor.

La cámara del auto de Senna (cockpit) estaba "desaparecida" por varios días, así como los reportes de la telemetría del Williams. Luego de una serie de investigaciones, acusaciones y posibles teorías de las causas del accidente y muerte de Senna, las principales sospechas y posteriores acusaciones formales cayeron sobre Frank Williams, Patrick Head (director técnico del equipo) y Adrián Newey (jefe y diseñador del auto). Aunque las causas del accidente parecieron ser obvias para la justicia italiana, fue imposible encontrar al responsable directo. El 19 de noviembre de 1999 el juez Alfredo Constanzo absolvió en forma definitiva a los tres arriba mencionados, cerrando así casi cualquier posibilidad de encontrar a los culpables del deceso del brasileño.

En el mes de diciembre, Frank Williams dio a la luz detalles que indicarían que fue el mismo Ayrton Senna el responsable de su accidente, cuando mostró datos que darían a conocer que fracciones de segundos antes del despiste, él ya había perdido el control de su auto porque éste estaba deslizándose al tomar la curva Tamburello, hoy convertida en una S. Con el veredicto a favor de Newey, Head y Williams, ya no existe ningún posible sospechoso que asuma la responsabilidad del accidente (y la muerte) de Ayrton Senna.

A fines de marzo del 2002, el Williams FW16 con el que Senna se accidentó fue devuelto a la casa inglesa por el tribunal encargado del caso ya que no había motivo para seguir reteniéndolo, según el juez. Días después, el casco fue entregado a la marca constructora Bell, que, a petición de los familiares, fue inmediatamente incinerado. Con esto, la justicia italiana ya no cuenta con ningún elemento en su poder relacionado con el accidente, aunque todavía no han podido especificar las circunstancias reales de la muerte de Ayrton.

En abril del 2004, se supo la noticia de la posibilidad de reabrir el caso. Todo hace indicar que no existirá culpable alguno en la muerte de Ayrton Senna, al menos que en el futuro la tecnología pueda arreglar una de las mayores controversias de la historia moderna del automovilismo. Sea cual fuere el resultado final de la historia, lo único seguro es que nunca más volveremos a ver al gran Ayrton Senna. Lo que nos queda ahora es recordar y disfrutar de lo que nos dio en vida, y procurar que esto nunca más se repita. Al parecer, la Fórmula 1 está aprendiendo la dolorosa lección de la pérdida de tal vez el más grande de todos los tiempos.

 

* Perito en accidentología vial terrestre y en investigación forense de incendios. 

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