lunes 14 de junio de 2021

Aniversario

Volcán Puyehue: 10 años, 10 relatos (Segunda parte)

Cómo fue que con el esfuerzo y solidaridad de los vecinos, municipio y organizaciones, la ciudad se levantó entre las cenizas.

viernes 04 de junio de 2021
Volcán Puyehue: 10 años, 10 relatos (Segunda parte)
El lago Nahuel Huapi, como una isla flotenta. (Foto: gentileza Adrián Dannemann)
El lago Nahuel Huapi, como una isla flotenta. (Foto: gentileza Adrián Dannemann)

Por Cecilia Russo.

El volcán Puyehue, inserto en el Cordón Caulle, entró en erupción el 4 de junio de 2011. Dos semanas después, sus cenizas habían recorrido todo el mundo y regresaron a Chile, pero los efectos serían dramáticos para toda la región, y especialmente para Bariloche.

Después de la explosión y la lluvia de cenizas que cubrió toda la ciudad y la zona, la incertidumbre era general. Los vuelos se habían cancelado, los turistas no llegaban y todo estaba cubierto con un manto gris. 

Se cumple una década de ese evento y varios vecinos compartieron a ANB el relato del día a día de los efectos de esa erupción que dejó a la ciudad bajo cenizas, y que revivió gracias al esfuerzo y solidaridad de toda la población. 

El Municipio en emergencia

Marcelo Cascón  transitaba el último tramo de su cargo como intendente de Bariloche, cuando, tras enterarse de la noticia de la erupción del Puyehue, en menos de 40 minutos, tenían las cenizas sobre sus cabezas: “A partir de allí todo fue poner en emergencia el sistema de funcionamiento de la ciudad y alertar a la población que ya sufría las consecuencias. Poner en emergencia al Municipio implicó la movilización del área de servicios públicos con su maquinaria y personal necesario. Además de una tarea de comunicación que intentara evitar el pánico natural para estas circunstancias, de la gente”.

El lago Nahuel Huapi, totalmente cubierto. (Foto: gentileza Adrian Dannemann)

“Hay que decir que la ciudad, ni sus protocolos, ni la información que recibíamos, estaban preparados para una situación de estas características”.

“En lo personal, si bien no fue el único momento difícil que me tocó vivir en mi gestión, de su impacto me queda la sensación de haber agotado todo el esfuerzo posible, incluso a costa de haber dejado de lado contenciones familiares y de índole personal, en pos de la ciudad que siempre entendí requería de mí el único y mayor esfuerzo posible”.

Asistir en medio del caos

Raúl Rojo servía como bombero en el destacamento del barrio San Francisco y como todos los sábados, estaban en tareas de capacitación: “nos informaron sobre le alerta del volcán y nos preparamos para lo que se venía. Organizamos todos los camiones y el equipo, con no mucho conocimiento porque, convengamos, no tenemos gran experiencia en ese tipo de eventos”.

Bomberos: "dormimos varios días en el destacamento". (Foto: gentileza Raúl Rojo)

“En principio hicimos tareas preventivas y nos pusimos a disposición de la protección civil. Habían empezado los cortes de luz en la ciudad y esta ceniza, sobre saturada de sílice, se pegaba a los aisladores de la planta transformadora de La Paloma y producía cortocircuito entre los cables de alta tensión. Nos mandaron a lavar los transformadores  y fue impresionante porque cuando dieron la luz se formaron unos arcos de energía como fuegos artificiales”.

“Dormimos varios días en el destacamento. El primer impacto fue muy estresante, sobre todo trabajar sobre lo desconocido. Se hablaba de terremoto, de posibilidad de lagomoto también o que podía suceder, incluso, otra erupción más grande. La información no era precisa. Pasaron lo días y empezamos a pensar qué hacemos con todo este desastre: toneladas de arena, techos en riesgo, problemas para circular, no se podía consumir el agua, hubo que modificar los filtros de los autos. Arrancamos a trabajar con la primera necesidad, yendo a los edificios públicos y a las casas de las familias que no tenían posibilidad de nada. Primero hubo que limpiar todo a pala y recién después se podía mojar y limpiar; mucho trabajo. Y siempre con la sensación de pensar cuándo vamos a salir de esto y cuando se iba a terminar. Lo mismo que pensamos con el Covid”.

Las cenizas llegaban a Bariloche. (Gentileza: Adrían Dannemann)

Limpiemos la ciudad

Adrián Dannemann recuerda que pasaban los días y era una situación donde nadie entendía nada y lo único que tenía sentido era “limpiar mi vereda”: “nos reunimos en la Asociación de Agencias de Viaje para ver qué íbamos a hacer con la economía de nuestras empresas. Estábamos preocupados y a mí se me ocurrió la idea de limpiar la ciudad, replicar lo que había hecho en mi local. Junto con el Club Andino y otras personas que se involucraron generamos la estructura orgánica para convocar un regimiento de ciudadanos para limpiar la ciudad en menos de 24 horas”.

“Así sucedió. Varias empresas aportaron camiones, comida, palas, rastrillos. Armamos cuadrillas por cuadras. De esa forma, toda la ciudad estaba cubierta, íbamos acumulando la ceniza en las esquinas y los camiones la iban levantando. Terminamos cantando el Himno en la plaza, felices y esta acción le hizo cambiar la cara a Bariloche”.

Jornadas de limpieza en el centro. (Foto: gentileza Adrian Dannemann)

Tardamos mucho en recuperar los colores

“10 o 15 días dichos así, al pasar, parecen pocos, pero transitarlos fue eterno”, recuerda. Vanesa Vicente de cuando se lograron organizar las jornadas de limpieza “Bariloche Mi Casa”.

“Cuando el 20 de junio salimos más de 10.000 personas a cuidar / limpiar nuestra ciudad, sobre todo salimos a vernos, a encontrarnos y abrazarnos.  Estábamos tan desahuciados, se veía la tristeza y la depresión en cada rostro. Pero ese 20 de junio el estallido de alegría fue inmenso; llevamos toda esa tragedia a la acción que nos hizo bien”.

"Salimos más de 10.000 personas a cuidar / limpiar nuestra ciudad". (Foto: gentileza Adrian Dannemann)

“La energía fue tal, que hicimos varias limpiezas más. Las más multitudinarias fueron las del 20 de junio desde el centro y que abracó 10 cuadras a la redonda; y la del 26 de junio que se organizó desde La Llave también con cuadrillas avanzando por las calles y espacios como escuelas y plazas”.

Muchas, muchas manos ayudando

Ese sábado, Inés Ongay estaba  trabajando en una decoración de cabañas en el cerro Catedral y un contratiempo – “que se convirtió en  bendición” – hizo que regresara a su casa en el momento justo. Y recuerda: “En Red Solidaria no somos más que cuatro  o cinco voluntarios fijos a los cuales se suman rápidamente personas para colaborar cuando surge la necesidad. En este caso puntualmente, el grupo de camionetas 4 x 4 se puso a disposición. Se armaron cuadrillas para vaciar los techos de las casas más vulnerables. Recuerdo  a mucha,  mucha  gente con palas, cepillos, guantes. De las casas salían con café, té, mate con galletitas; cada uno se sumaba con lo que podía , pero estábamos todos  juntos en eso de barrer, sacar arenas”.

"Ya lo hicimos y podemos volver a lograrlo”.(Foto: gentileza Adrian Dannemann)

“No era fácil pero estábamos unidos mirando en una misma dirección. Salimos adelante limpiando calles y escuelas, juntos. Es bueno recordar esto ahora en la situación que estamos atravesando, mirando las necesidades, unidos en las resoluciones que es una de  las  formas de salir adelante, respetando las diferentes situaciones, mirando  con empatía y compromiso. Ya lo hicimos y podemos volver a lograrlo”. (ANB)

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