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Algunas razones de una derrota anunciada

Las urnas castigaron a una forma de ejercer la intendencia, de formar alianzas, de nombrar funcionarios y, principalmente, de relacionarse con el pueblo desde el ejecutivo municipal. Una nota del docente e historiador Ricardo Daniel Fuentes.
14/09/2015 00:00 Hs.
Foto: Emiliano Rodríguez.
Foto: Emiliano Rodríguez.

Por Ricardo Daniel Fuentes *

Las elecciones del pasado domingo 6 de setiembre pusieron de manifiesto, una vez más, la debilidad estructural de las alianzas que conforman el FpV y de su partido aglutinador: el P.J. No se trató de una simple -y aplastante- derrota a manos del ingeniero Gustavo Gennuso, sino que fue mucho más que eso: las urnas castigaron a una forma de ejercer la intendencia, de formar alianzas, de nombrar funcionarios y, principalmente, de relacionarse con el pueblo desde el ejecutivo municipal.

La derrota de María Eugenia “Maru” Martini es, en primer lugar, una derrota personal. Martini, en poco más de una década de residencia en Bariloche, logró construir su liderazgo a partir de las falencias de sus opositores internos y a la bendición otorgada por el senador Miguel Pichetto frente al desgaste de los viejos dirigentes. El punto de inflexión en el rápido ascenso al ejecutivo fueron los violentos hechos de diciembre de 2012, que provocaron la destitución del intendente Omar Goye, abandonado a su suerte en tiempo récord por los popes del FPV, que por entonces tenía al senador Pichetto y al gobernador Weretilneck en el mismo bando. Los saqueos de diciembre de 2012- una profecía auto cumplida por el mismo Goye- desencadenaron una profunda crisis institucional que se resolvió con la destitución del intendente y el llamado a elecciones que pusieron en el poder a la por entonces intendenta interina. A partir de allí se profundizaría la brecha entre el PJ y el FG, que terminaría en el fin de la sociedad electoral, y también al interior de la alianza que sobrevivió a esa división. Muchos simpatizantes jamás le perdonaron a Martini lo que vieron como una lisa y llana traición. Como recompensa a esa pax institucional, la intendenta- electa por el 31% de los votos en setiembre de 2013- logró destrabar numerosas gestiones para el arribo de fondos y obra pública en la ciudad. Así, quiénes anteriormente habían puesto trabas al arribo de tales partidas, ahora se presentaban como gestores exitosos del “destrabe”. Un ex concejal peronista consultado para realizar estas líneas me decía: “Maru recogió los beneficios de las gestiones de Omar, a quien desde La Rosada le cerraban las puertas por sugerencias de compañeros de peso. En su haber debe contarse la simpatía que siempre tuvo de parte de la presidenta y el permanente apoyo económico que la respaldó. Empezaron a llegar muchos fondos y programas a Bariloche, pero Maru pensó que con el viento de cola del gobierno nacional alcanzaba para gobernar la ciudad y se equivocó feo, en vez de construir poder que la sostuviera, construyó oposición, dentro y fuera del FPV”.

Con Martini intendente, los asesores y tecnócratas se fueron colando por los pasillos del edificio gubernamental en el Centro Cívico. A su vez, la visión noventista de resolver los problemas de una ciudad recurriendo a funcionarios vinculados a ongs, se impuso en el ejecutivo. Otro militante sostiene: “en el gabinete aparecieron recientes conversos el proyecto nacional y popular. Los militantes que contribuimos al triunfo fuimos ninguneados, como siempre”. O lo que fue peor: fueron reemplazados por una “militancia” a sueldo, profesionales impuestos por organizaciones políticas como tributo a la repartija de poder. Es extendida la opinión de dirigentes de diversas organizaciones sociales sobre algunos miembros del gabinete maruísta: funcionarios que desconocen la problemática social de los distintos territorios, confunden los nombres de los barrios o ignoran a los deportistas más famosos de la historia local. Entonces, la relación con los diversos sectores internos se redujo a un pedido de lealtad obsecuente- traducida como verticalismo absoluto- Maru optó por incorporar en el armado político interno referentes con ideología volátil, modalidad personalista más cercana al modus operandi del peronismo bonaerense – de la que abrevó originariamente- que a un intento territorial de construir poder desde organizaciones de base afines al proyecto nacional. Fueron notorios los esfuerzos de la intendenta por evitar el armado de una red de organizaciones sociales de base dispuestas a trabajar sin intereses mezquinos. Otro compañero afirma: “la intendente impidió armar una mesa que le generara soluciones desde abajo. Se persiguió permanentemente con pensar que la crítica constructiva es traición, algunos de sus dirigentes juveniles – algunos no tan jóvenes-en los que se respaldó son apenas un grupo burocratizado de líderes sin base”.

También resultó curioso cómo Maru y su cohorte ignoraron la experiencia de gestión de antiguos y honestos políticos locales. El desapego de Martini por la historia reciente la descolocó en más de una ocasión. Por ejemplo, cuando intentó refundar el periodismo crítico desconociendo la realidad de la prensa regional.

Pero la derrota es también, y principalmente, una derrota de la dirigencia peronista local: Los que compartían las migas de su mano hasta el cinco de setiembre, hoy salen a hacerse los desentendidos por tamaña derrota. Ninguno/ ninguna de los que hace veinte o treinta años son referentes pejotistas logró formar filas propias, masa crítica ni pensar proyectos de ciudad inclusivos. Hacia adentro dicen-decían- una cosa. En discreción, aseguraron mover pocas fichas para que su referente principal triunfara, en otra muestra más de hipocresía de foto de campaña. Ni los viejos y eternos líderes sindicalistas fueron capaces siquiera de juntar avales necesarios para disputar internas, otros muchos y muchas se conformaron con mantener sus cargos expectantes de algún otro descalabro que les permita re inventarse políticamente sin mucho esfuerzo. Tal incapacidad remite a una insolvencia mayor y más profunda: la de generar militancia propia y sin “puntos” para repartir, discusión política y soluciones reales hacia adentro de cada local partidario/sectorial. Cientos de militantes y participantes desmovilizados por tanta inacción, conforman desde hace meses espacios de reflexión y trabajo solidario paralelos al movimiento que dice contenerlos. Pero a ese puñado de dirigentes- “los cinco grandes del mal humor”, como se los nombra- que definen alianzas, candidaturas y distribución de los recursos, les importa bastante poco la construcción política, subsisten por la obsecuencia que reclaman y por mantener la estructura de poder para seguir viviendo de él. Y algo que es indudable: no se puede hacer política legislativa solamente con declaraciones de interés ni con comunicados de prensa.

Para los militantes con los que a diario nos cruzamos por la calle, queda la preocupación y el desafío de re definir un peronismo maltrecho, si en Bariloche el peronismo se transforma en una construcción colectiva o seguirá siendo para algunos un simple método de acceso al gobierno. Apostar a proyectos nacionales exige renunciamientos y eso es difícil imaginar en quienes representan un conjunto de individualidades y no un proyecto colectivo de transformación.

La presencia económica del Estado nacional fue contundente y decisiva tanto para impedir conflictos sociales mayores, como para sostener la endeble estructura económica turismo- dependiente de San Carlos de Bariloche. Ese respaldo férreo que consiguió María Eugenia Martini de la propia presidenta no alcanzó a disimular las falencias de su gestión, en cuyo cuadro de des honor merecen citarse al menos el desastroso sistema de transporte público de pasajeros que heredamos. Cada vez que a los “de a pie” nos toca utilizar este servicio en hermosas condiciones invernales, con sus eternos retrasos e inexplicables faltas, nos es inevitable pensar en quienes tuvieron la responsabilidad de otorgar la graciosa concesión a la empresa Santa Fe. Martini subestimó este termómetro popular de un servicio tan importante. Máxime cuando le sumamos las recomendaciones de los funcionarios de defensa civil, recomendando en plenas nevadas evitar el uso de automotores particulares y optar por el transporte público: un verdadero desacople entre la realidad de los gobernantes y la realidad de los gobernados.

Resulta sorprendente también, observar que el bienvenido embellecimiento de la ciudad beneficia a una sola de sus caras; La construcción de la costosa fuente del acceso norte, es la cara de un Jano que contrapone la inexistente parquización y limpieza del acceso sur: “¿Por qué no se le tira una onda a la rotonda frente al dos de Abril?”, se pregunta un vecino de Pampa de Buenuleo. ¿Por qué se renunció a erradicar el gigantesco basural frente a Pilar 1? me pregunto yo. Razones de centralismo de las decisiones políticas, tal vez. Centralismo que en gran parte se cobra, de esta forma, los aportes necesarios para evitar el des financiamiento municipal..

Como lastre de esta gestión quedan también, la excesiva influencia del senador Pichetto en la política doméstica, buen gestor pero fracasado constructor de triunfos propios, tanto por imperio de sus límites ideológicos, su pasado noventista difícil de digerir por electorados extra partidarios y por su inexistente carisma; y el enfrentamiento adolescente que tuvo Martini con el gobernador Weretilneck. En este punto, la responsabilidad compartida por ambos alejó a Bariloche de verdaderas políticas de Estado; la incapacidad de prever las nevadas eternamente sorpresivas que paralizan la ciudad, en cuyas calles es posible que no trabajen más de cincuenta laburantes de pico y pala; la política del anuncio permanente - se anuncian varias ocasiones las mismas obras que tardan en llegar- el estado lunar de las calles y sus cráteres, y finalmente la soberbia. La soberbia para intentar posponer el acto electoral, la soberbia para recibir a los vecinos comunes, para evitar las críticas, que le impidió sumar voluntades, Por estas y otras razones a la señora intendenta no le alcanzó con presentarse mediáticamente inaugurando obras tan necesarias para la ciudad, ni le alcanzó con imitar a modo de performance cada gesto y guiño de la señora presidenta. Y tampoco le alcanzó con rodearse de funcionarios obstinados en hacerle creer una realidad virtual, la de la política como espacio exclusivo de los que piensan como ese “nosotros”, tan excluyente, hacia adentro y hacia afuera del movimiento.

Ahora bien, al intendente electo le quedan por enfrentar y resolver unos interesantes desafíos: por un lado, las presiones de los grandes grupos de poder económico local a los cuales ninguna temporada les llena los suficientemente el estómago y que piden la represión como única salida a los conflictos económicos y sociales que -también ellos-contribuyen a generar. Generar soluciones al desempleo, combatir el empleo “en negro” y evitar las agachadas de la burguesía local para impedir un sistema impositivo equitativo, son parte del mismo combo.

El intendente electo tendrá que lidiar también con sus propios fantasmas: los derivados de su gestión trunca al frente de Tierras y Viviendas, durante la gestión del intendente Goye en la cual quedaron sin resolver cuestiones profundas relacionadas a las tomas de tierras y a la regularización dominial, de su tendencia a diagnosticar y reducir los problemas estatal a la gestión de una ONG, en muchas de las cuales él participó. El intendente electo tendrá que evitar la tentación de creerse dueño supremo de un electorado tan volátil como es el barilochense. Pero claro, esta es una historia que tiene aún que escribirse.

* Vecino del barrio Pilar I, docente e historiador. Autor del libro “El descuartizador- ensayo en fragmentos-de San Carlos de Bariloche”.