Triunfa la tesis de Netanyahu | ANBariloche
Noticias de la Patagonia

Triunfa la tesis de Netanyahu

En contra de todos los sondeos, el Likud ha vencido en las elecciones israelíes con seis escaños de diferencia sobre el centroizquierda. No obstante, esta victoria no le garantiza cuatro años de vino y rosas.
22/03/2015 00:00 Hs.
Triunfa la tesis de Netanyahu
Triunfa la tesis de Netanyahu

Los resultados de las elecciones israelíes le han dado la victoria al llamado “campo nacional” que lidera Benjamín Netanyahu, del Likud, sobre el llamado “campo sionista” que lidera el laborista Yitzhak Herzog. Se ha creado, sin embargo, una situación en la que teóricamente todo es posible aunque lo más probable es que Netanyahu consiga formar el próximo gobierno con el apoyo de los pequeños partidos.

Los partidos pequeños cobrarán una notable relevancia en la formación del gobierno. Van a negociar duramente sus condiciones con el fin de extraer lo máximo posible del Likud, pero esto es algo habitual en Israel. Al mismo tiempo, no pueden exigir más de lo razonable para no cortar la cuerda, pues en este caso crecerían las posibilidades de un gobierno de unidad entre el Likud y la Unión Sionista.

De acuerdo con el recuento oficial, el Likud se queda con 30 escaños mientras que la Unión Sionista obtiene 24. El partido mejor situado para dirimir la balanza es Kulanu (Todos Nosotros), con diez escaños, que en teoría podría favorecer a la Unión Sionista y aguar la fiesta al Likud. No obstante, esta posibilidad es bastante remota.

Sea cual fuere su composición, el nuevo ejecutivo deberá afrontar importantes retos tanto en política interior como exterior. En política interna está la carestía de la vida que se ha disparado en los últimos años. Durante la campaña la oposición ha denunciado el precio de la vivienda, que ha aumentado vertiginosamente debido a una deficiente planificación del gobierno.

En política exterior hay dos cuestiones importantes. En primer lugar, la colisión frontal entre la política de Israel y Estados Unidos, debido principalmente a que el presidente Barack Obama aspira a llegar a un acuerdo sobre el programa nuclear de Irán, una negociación que Netanyahu ha condenado públicamente en numerosas ocasiones, incluso ante el Congreso de Estados Unidos el 4 de marzo. El conflicto con los palestinos, que durante la campaña se ha visto relegado a un segundo plano, entrará en una nueva fase en un futuro próximo tras la investigación que ha abierto la Corte Penal Internacional (CPI) acerca de los supuestos crímenes de guerra cometidos por Israel en los territorios ocupados.

El analista político Daniel Kupervaser señala en su blog que en sus dos últimos gobiernos desde 2009, Netanyahu, si bien no abandonó su ideal revisionista, cumplió la función de adulto responsable imponiendo cierta cautela y una limitada disposición a transigencia mientras intentaba sujetar las riendas a ciertos extremistas de su gobierno que procuraban desenfrenarse permanentemente. Hoy, Netanyahu salió del closet para mostrar sus dientes de lobo feroz. Se proyectó con toda su concepción extremadamente intransigente, arrasadora y segregacionista. Para Aluf Ben, editor responsable de Haaretz, “Netanyahu triunfó en las elecciones porque dejó de disfrazarse de un líder centrista y comenzó a exponer sus verdaderas concepciones. El conductor del Likud convenció a sus votantes de derecha que es nacionalista no menos que Benet y racista no menos que su canciller Avigdor Liberman. Y ellos le creyeron”.

Kupervasser señala que en un ataque netamente racista y falto de veracidad, Netanyahu deslegitimó al 20% de la población de Israel por el sólo motivo de ser árabes con intención de votar en contra del Likud o su coalición. “El poder de la derecha está en peligro” declaró, para luego agregar “los votantes árabes marchan como muchedumbre a las urnas”.

Después de 6 años de declarar su apoyo a la idea de la creación de un Estado Palestino independiente (aunque bajo ciertas restricciones), de un permanente juego de insinuaciones, negociaciones estériles, burlas, engaños y acusaciones a la otra parte, finalmente a Netanyahu se le cayó la careta. Todo fue un juego para ganar tiempo. El día previo a las elecciones declaró en una entrevista que su gobierno no va a permitir la creación de un Estado Palestino y que la construcción para judíos en Cisjordania y Jerusalén Oriental continuará todo el tiempo.

No se necesita ser un gran experto para resumir el significado de semejante alarde. Del Mediterráneo al Jordán, existirá con soberanía propia y por las próximas décadas o generaciones, sólo un Estado: Israel. Parte de su población, unos 3 millones serán oprimidos y sujetos a una discriminación sobre una base étnica.

Para Kupervasser, en nombre del pueblo judío, Netanyahu estampa la firma y sello oficializando el judaísmo como racismo. Probablemente la historia juzgue a Netanyahu como el principal líder judío que introdujo ese aberrante comportamiento social como valor fundamental del judaísmo moderno.

Por su parte, el periodista Ilya U. Topper, del portal Mediterráneo Sur, recuerda que Netanyahu invitó a todos los judíos europeos a instalarse en Israel después de los atentados de París y Copenhague. Tras los disparos daneses, abundó: “Nos estamos preparando para absorber una inmigración masiva desde Europa; la pedimos”. La visión de Tel Aviv hoy, coherente con lo que fue el sionismo durante un siglo, pero más rotunda y nítida que nunca, es ésta: un mundo sin judíos, salvo por un minúsculo territorio en el Levante mediterráneo. Pero en ningún otro lugar. Sea cual sea la conexión entre el gobierno israelí y los atentados antisemitas, que comparten objetivo ha quedado claro.

No lo digo yo. Al invitar a los judíos a emigrar de Francia de forma masiva, “los políticos israelíes podrían estar muy bien ayudando a los terroristas fanáticos para acabar el trabajo que iniciaron los nazis y sus colaboradores de Vichy: convertir Francia en ‘judenrein’”, escribe Chemi Shalev, columnista del diario israelí Haaretz. “Judenrein” significa “limpio de judíos” y es el término que usaron los nazis para describir un territorio del que se habían expulsado todos los judíos.

Esto no es nada nuevo, por supuesto. El sionismo nació como reacción al antisemitismo europeo del siglo XIX, y desde entonces se ha esforzado por impulsar una visión del mundo en el que toda tierra salvo la Prometida es insegura para los judíos. Mediante una propaganda incesante y, cuando hiciera falta, mediante alguna provocación que avivara las tensiones y acelerara el flujo, recuerda el historiador marroquí judío Simón Levy.

Una convivencia pacífica de judíos y otras religiones no entra en el concepto sionista, porque contradice el dogma de la necesidad de Israel como refugio y potencia protectora de todos los judíos del mundo. Dado que la natalidad entre las musulmanas es mayor, es imprescindible fomentar la continua inmigración para, como dicen en Israel, desactivar la bomba demográfica.