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Autopsia sobre una autopsia

"Los muertos no sangran”, reza una máxima de la medicina forense. No menos cierto es que ni los suicidas ni los asesinados sangran cuando el corazón deja de latir.
08/03/2015 00:00 Hs.
Autopsia sobre una autopsia
Autopsia sobre una autopsia

Apoyándose en la profusa cantidad de sangre encontrada en el baño del piso 13 del departamento de Le Park los peritos de parte de la jueza Sandra Arroyo Salgado afirman que el fiscal agonizó por lo cual resulta imposible que se produzca el espasmo cadavérico –es decir, la rigidez en el dedo índice con el que supuestamente habría disparado la pistola Bersa calibre 22–. Hasta aquí el razonamiento suena lógico, pero insuficiente: si el fiscal Nisman se suicidó y tuvo una larga agonía como lo atestigua la profusa cantidad de sangre encontrada, tampoco habría espasmo cadavérico.

Los médicos forenses Osvaldo Raffo y Julio Ravioli y el criminalista Daniel Salcedo trabajaron con fotos y video de la autopsia y con los estudios complementarios realizados al cuerpo de Nisman en la morgue, con imágenes obtenidas de la casa del fiscal, del baño en donde fue encontrado muerto, obtenidas por la Prefectura y la Policía Federal, y con las actuaciones de las dos inspecciones oculares del lugar del hecho que se llevaron a cabo el 20 de enero de 2015 y el 13 de febrero. Para Arroyo Salgado, “la falta de participación de peritos de parte en la autopsia derivó en que conclusiones parciales, precipitadas y equívocas hayan sido funcionales a la intención del o de los homicidas, contribuyendo a su impunidad o retardándola en el mejor de los casos”.

Todas las objeciones técnicas de los peritos de parte de Arroyo Salgado, como la diferencia en la hora de muerte, la falta de rastros de pólvora en la mano del muerto, la trayectoria del proyectil son materia opinable y seguramente serán objeto de una junta médica donde los peritos del Cuerpo Médico Forense deberán confrontar sus argumentos con los de Arroyo Salgado. Hasta allí, lo actuado por la jueza y querellante es legítimo más allá de cuestiones de detalle como fue el hecho de que sus letrados no entregaran copia de la pericia a la fiscal Viviana Fein hasta diez minutos antes de comenzar su conferencia de prensa. Lo que resulta temerario es que en base a esas conclusiones que aún deben ser contrastadas con las pericias oficiales, la jueza –que días antes había pedido prudencia a todas las partes involucradas–, concluya que se trató no ya de un homicidio, sino de un magnicidio, en un evidente intento por desplazar la causa al fuero federal. Desde su entorno, de momento, descartaron este punto. Por ahora, pedirán en que los encargados del informe presentado ayer sean llamados a prestar testimonio.

La fiscal Viviana Fein, a cargo de ese expediente, aclaró que ella no descarta “ninguna hipótesis”, que es “normal que los peritos de parte cuestionen los exámenes que hay en las causas” y que evaluará si es necesario convocar a una junta médica. “Se dice que quieren sacarme la causa y pasarla al fuero federal pero hasta ahora nadie presentó nada”, afirmó, al hacerse eco de lo que parece ser un secreto a voces en tribunales.

A todo esto, ni Arroyo Salgado ni sus peritos se atreven a esbozar cuál habría sido la mecánica del homicidio que dicen denunciar. ¿Nisman le abrió la puerta a su asesino o asesinos?¿Era o eran personas conocidas por el fiscal?¿Cómo lo convencieron de que se quitara la ropa y entrara al baño? ¿O entró/entraron de manera subrepticia y lo sorprendieron en el baño? En ese caso, ¿permitió que alguien le colocara una pistola a un centímetro de la cabeza sin realizar una maniobra defensiva?

Aunque Arroyo Salgado no menciona a Diego Lagomarsino, el cambio del horario de muerte refuerza las sospechas sobre Diego Lagomarsino, el informático que –según sus dichos–, le “prestó el arma a Nisman, aunque no haya quedado un sólo rastro de ADN sobre la pistola que dice haber armado y desarmado. Lagomarsino dice haberse retirado alrededor de las 20 horas del sábado de Le Park.

En un extenso reportaje que concedió a la revista Rolling Stone, Lagomarsino admitió que familiares, amigos y hasta sus propios abogados a veces le cuestionan las decisiones que tomó en las últimas horas que Nisman estuvo vivo: “Muchas veces me dicen: ‘¡¿Pero cómo hiciste eso?!’ Hagamos una cosa: te doy mis 41 lucas y media, esos 41 y medio gastados, andá ese sábado a lo de Nisman y fijate vos qué hacés. Hay que ponerse en los zapatos del otro. Casi todos hubieran hecho lo mismo que yo”.

“Alberto me dijo que el arma era para cuidar a sus hijas. Mi error fue decir que sí pero, sabés qué, hoy dudo que haya sido un error. Estoy diciendo una estupidez, pero, ¿qué pasaba si con esa pistola evitaba que le pegaran un palazo, o que les hicieran pasar un mal momento a sus hijas? Es algo que me planteé 20 mil veces por noche”, argumentó.

En cuanto se enteró de la muerte de su jefe, entró en una crisis de nervios. Luego, buscó un abogado y siguió obsesivamente todas las novedades del caso a través de los medios. Ahora, dedica la mayor parte de su tiempo a ver el canal Cartoon Network y la serie Grey’s Anatomy. Lagomarsino, que adelgazó seis kilos desde la muerte de Nisman, había demostrado que estaba comiendo un asado con amigos el domingo al mediodía, cuando se presumía que ése era el horario de muerte del fiscal. Ahora deberá buscar una nueva coartada.

Otro tanto ocurre con otros interlocutores de Nisman. Alrededor de las 18, Nisman llamó a Alberto Massino, mano derecha de Jaime Stiusso, para reprocharle que éste no le atendía el teléfono. La comunicación duró unos 12 minutos. Stiusso, por su parte, explicó ante la fiscal Fein que había puesto en modo “silencio” sus celulares por el acoso periodístico que sufría y que no escuchó los llamados de Nisman a quien tenía agendado como “ministro” en su celular. Ese sábado a la noche también hay dos brevísimas llamadas de Nisman a su hermana y su tía que pueden contribuir a ajustar el horario de su deceso.

“Si la doctora Arroyo Salgado cuestiona la labor de los peritos oficiales quienes por orden expresa estuvieron supervisados por el presidente de los peritos de la Corte, la jueza debería quejarse ante el ministro Ricardo Lorenzetti que le ordenó a ese funcionario interrumpir sus vacaciones para supervisar la autopsia”, dice la fiscal general Mónica Cuñarro, al tiempo que señala que Lorenzetti no respetó una acordada de la Corte al recibir a Arroyo Salgado en dos oportunidades sin presencia de las otras partes.

Lo cierto es que Arroyo Salgado no aportó a la causa todo lo que sabe. De hecho, en la conferencia de prensa insinuó que sus peritos tienen alguna evidencia física para corroborar su hipótesis del asesinato pero que por ahora se la reserva. Más aún, fuentes de la fiscalía le confirmaron al autor de esta nota que la jueza Arroyo Salgado está poniendo objeciones para realizar las pericias telefónicas e informáticas aduciendo que ello podría violar la privacidad o la intimidad de sus hijas. Sin embargo, la mayor violación a la intimidad o privacidad de las menores sería que el caso permaneciera sin esclarecer.