Táctica versus estrategia | ANBariloche
Noticias de la Patagonia

Táctica versus estrategia

El 2014 comenzó con la visibilización de un conflicto detonado meses atrás en el ámbito municipal, que incluye personalismos, ambiciones de poder, y cuestiones de imagen política-electoral. Los principales protagonistas locales de salida de Goye, el presidente del Concejo, Ramón Chiocconi, el edil Alejandro Ramos Mejía, y la Intendenta, oportunamente se unieron para cumplir ese objetivo, esa estrategia. Hoy gana la táctica individualista. Veamos.
02/02/2014 00:00 Hs.
Táctica versus estrategia
Táctica versus estrategia

"La lucha general es la estratégica y la lucha particularizada es la lucha táctica", dijo Perón. El distanciamiento que signa la relación de hoy entre el presidente del Concejo, Ramón Chiocconi, con su ex compañera de bancada, María Eugenia Martini y el edil "Alejo" Ramos Mejía, fue preludiado por una serie de gestos, señales y posturas, atrás en el tiempo. En el Concejo Deliberante, cuando los tres compartían la misma bancada, era claro que la toma de decisiones estaba a cargo de Ramos Mejía y Martini, y luego hacían las consultas finales a Chiocconi, como mera formalidad.

Cuchicheos, risas cómplices y estrategias políticas, eran compartidas sólo por los dos primeros. Chiocconi, tampoco aportaba al debate público en el Deliberante.

Lentamente, el médico rescatista comenzó a sentirse más cómodo con su incursión en la arena política y tuvo gestos que lo diferenciaron, cimentados en su propia personalidad y convicciones. Uno de los primeros, su permanencia en la sala de sesiones el día en el que los concejales definieron no tratar una Comunicación que solicitaba al Gobierno Provincial que se anulara la derogación de la ley que prohíbe la explotación minera en Río Negro. Luego de que se decidiera no darle curso, los activistas ambientalistas presentes en el recinto comenzaron a increpar a gritos a los concejales. Los interpelados, en fila y con paso ágil, fueron saliendo temerosos del lugar. Sólo Chiocconi, permaneció en su silla, manteniendo un tenso diálogo con los manifestantes. Defendía su postura de apoyo al Gobierno Provincial (y Nacional), la generación de empleo que podría producir el avance de las empresas privadas de esa actividad, y la creación de una Comisión que analizara la viabilidad ambiental de los proyectos de exploración y extracción minera.

Más cerca en el tiempo, puertas adentro Chiocconi se adjudica haber sido el encargado de destrabar un conflicto que representó el primer gesto "positivo" (en particular sectores de la clase media) que tuvo la gestión Martini: la "limpieza" del Centro Cívico –así se presentó desde el interinato recién nacido- logrando la salida de los integrantes de la cuestionada Cooperativa 1 de Mayo. El edil reitera, a quien quiera escucharlo, que fue el encargado de desactivar esa protesta –sin intermediarios- que llevaba casi un mes de prolongación, en reclamo de la liberación de los cinco ex presos políticos, detenidos por los saqueos de diciembre de 2012.

Si bien ese primer acercamiento le generó compromisos que hoy le cuesta asumir, Chiocconi colaboró con ese aporte, carta de presentación del Gobierno interino de Martini. En cuanto a los compromisos tomados por el concejal oficialista de resolución de problemáticas sociales, lo cierto es que provocan una suerte de "doble comando" en el Gobierno. Chiocconi promete soluciones pero no siempre logra llevarlas a cabo, en el marco del aislamiento al que lo sometió el Ejecutivo que derivó, incluso, en que hoy no sea convocado a las periódicas reuniones de Gabinete.

Si bien Chiocconi mantiene un vínculo sincero con algunos de los jóvenes que integraron la Cooperativa 1 de Mayo, y otros que hoy acompañan a estos –les gestionó recursos y agilizó trámites para que conformen una cooperativa de trabajo- sus intenciones de ayudar (al límite de la impotencia) llevadas a la práctica, colisionaron con la visión del Ejecutivo y desembocaron en inconvenientes prácticos. Según fuentes inapelables del Gobierno, Chiocconi habría intentado sin éxito que entre 10 y 12 de esos jóvenes ingresaran a planta permanente del Municipio.

Este tipo de situaciones, que se repiten, sumadas a la disputa por la presidencia del Concejo, terminó por jaquear el equilibrio de la relación oficialista.

En rigor, y no obstante lo expuesto hasta el momento, esa inestabilidad no hace peligrar la institucionalidad, ni la gobernabilidad de la ciudad. Incluso, se presume que jugarán juntos (con el candidato del sector de Martini) ante una posible interna en las próximas elecciones de autoridades para la Unidad Básica del PJ en Bariloche y, juntos, sancionarán nuevos proyectos del Ejecutivo. Lo que augura una relación oscilante, pero anclada en la cohesión de la obediencia y verticalidad partidarias, y el encuadramiento político. En ese escenario, se juegan las cartas de la candidatura a Intendente 2015 que Martini y Chiocconi ansían.

Aclarado ese punto clave, lo pintoresco: Chiocconi corre con algunas ventajas en esta puja doméstica, entre ellas, su imagen. Barilochense hasta la médula, proveniente de una familia "prestigiosa" de la ciudad, ex presidente del Club Andino Bariloche, montañista -en cuyo desempeño, subió al Everest y bajó protagonizando un rescate-, humilde -en apariencia despojado de toda frivolidad y superficialidad de consumo-, padre de familia, e hijo de peronista histórico.

El día de la asunción como concejal, se subió al colectivo de línea para volver a su casa. Tiene dos teléfonos, ninguno de última generación. Y se rodea de simbología: en la antesala de su despacho en el Concejo, exhibe un póster con la imagen del Che Guevara y la cita: "Seamos realistas, pidamos lo imposible". La frase acuña el discurso utópico de Chiocconi sobre el rol del Estado y sus alcances para terminar con la injusticia social. No obstante eso, incluso públicamente, mantiene sólidas muestras de autocrítica, sobre los incumplimientos de los dirigentes locales, y los desaciertos del Gobierno Nacional.

Un mate grabado con el rostro de Néstor Kirchner, y una bombilla y un termo con insignias del Club Andino, completan el cuadro y lo describen, lo transparentan ante el observador.

Esa imagen de médico barilochense que arriesgó su vida para salvar otras, sincero defensor de los postergados, convicción K, consignas claras, y conciliador con el empresariado, lo convierten en el potencial candidato para 2015. Y eso asedia, su potencial, amparado en respaldos políticos.

Mantiene una buena relación con la Provincia, a través de las figuras de Alberto Weretilneck y Carlos Peralta. Gobierno con el que Martini sostiene un fluctuante vínculo.

Cuando iniciaba el interinato, su nombre fue uno de los analizados para candidatearse a la Intendencia. Su fuerte vínculo con La Cámpora a nivel local, provincial y nacional, colaboró con que su figura fuera una de las barajadas para conducir la ciudad, atravesada entonces por una de las más cruentas crisis institucionales de la historia reciente.

En paralelo al crecimiento paulatino de Chiocconi en esos sectores, Martini tomó las riendas de la gestión interina, y con apoyos en pos de la institucionalidad y del intento por demostrar que la decisión del FpV de sacar a un Intendente de sus filas era correcta, la licenciada en trabajo social logró ser candidata a la Jefatura Comunal y ganó las elecciones.

Entre las irrebatibles ventajas de Martini, se evidencian: la prolija gestión, el manejo de la "caja" vinculada al aparato estatal –y al centro de gravedad del poder-, la legitimidad de origen, y la revancha que da la cotidianeidad del ejercicio del poder. En su contra, el desgaste de la gestión, los escenarios provincial y nacional adversos, y consecuentes recortes de recursos de esas jurisdicciones.

El concejal Ramos Mejía, entró al ruedo de esta discordia desde sus inicios, como pieza clave del Gobierno de Martini y tangible adversario de Chiocconi, en la disputa de un mismo espacio político. Un punto de inflexión en ese sentido –transparentado oportunamente por ANB-, fue el forcejeo por la presidencia del Concejo. Chiocconi se ancló públicamente en lo estipulado en el Código Electoral Municipal –establece que el candidato de la lista más votada debe presidir el Deliberante-, mientras que Ramos Mejía (en complicidad con Martini) le ofreció "negociar" el cargo. El médico no aceptó, se negó a entregar ofrendas por ser nombrado en un puesto que ya había ganado, y difundió en los medios que legalmente le correspondía ese espacio en la bancada oficialista. Martini lo retó por eso. Luego, públicamente, el día de su asunción como presidente del Concejo, destacó sus "grandes convicciones" y su "hombría de bien".

Ramos Mejía, abogado, ex letrado del gremio de los gastronómicos, de estética yuppie y sobradamente especulativo (en términos políticos, en los que se maneja con solvencia), no posee la afabilidad ni el linaje del médico rescatista y prefirió hasta el momento, trabajar desde las sombras, tomando decisiones estratégicas (en muchos casos acertadas y de raíz progresista) para el Gobierno de Martini, e intentando dominar la impulsividad y el fuerte carácter de la mandataria.

A Chiocconi le cuestionan dos falencias cruciales: la "pobre" defensa de los últimos proyectos del Ejecutivo en el Concejo, y su tardía afiliación al Partido Justicialista, trámite cargado de simbolismo político que inició recién tiempo después de asumir como concejal. Chiocconi todavía no figura en los padrones de la fuerza. No obstante eso, su militancia se remonta a su juventud, con otros estudiantes de salud en el espacio de compromiso político que luego se denominó FREPASO.

Los medios, siempre los medios

En el algo coinciden los tres protagonistas de esta historia con final abierto: la preocupación por la imagen política y el rol de los medios. Esa convergencia, plasmada en el proyecto de la radio municipal, será un punto de encuentro, de enmienda y realineamiento. Los tres, confluirán en la defensa de esa iniciativa, concebida con ideales nobles, y atacada por lógicas razones. Entre ellas, la disputa –con los medios hegemónicos- por intereses económicos y de agenda, el gasto que podría priorizarse en otras políticas de incidencia social directa, y la sincera (o no) reticencia a un posible uso del recurso de un aparato estatal (vuelto gubernamental en ese esquema) en favor de intereses políticos partidarios.

Al margen de los propósitos y los intereses afectados de ese proyecto comunicacional, la obsesión por la opinión pública, lo trasciende. Chiocconi ya tiene agente de prensa; Martini divide en dos áreas antagónicas su comunicación; y Ramos Mejía analiza cómo instalarse en los medios, a la par de su compañero de bancada, empujado por la mediatización de Chiocconi y por su propia competitividad.

El barro y la sensatez

La disputa interna del FpV barilochense (con la desdibujada concejal Edith Garro y el aliado Mauro González fuera de ese conflicto) resulta peculiar por distintas razones, muchas veces antagónicas: tal como dice el slogan del Gobierno Municipal, "Bariloche en Marcha", la ciudad comenzó a caminar, con dificultades y grandes deudas sociales. El contexto político- institucional que hoy encuadra el intento de posicionamiento de Chiocconi, no es el mismo que el que eligió Martini para clarificar sus ambiciones políticas. En ese entonces, los graves y reiterados desaciertos sustentados por la impericia de la administración Goye (y su dilapidación de poder, que derivaron en la ruptura del contrato social), le dieron el espacio propicio a la entonces presidenta del Concejo para empezar con actitudes ejecutivas, sirviéndose de los medios, y de la inconducente directriz de Goye. No obstante eso, Chiocconi insiste con seguir los pasos de Martini, emitiendo claros gestos de ejecutividad desde el máximo cargo legislativo.

En la práctica, a Chiocconi buscaron aleccionarlo, aislándolo de la toma de decisiones y escatimándole información crucial, para reducirlo a su mínima expresión. Sólo lograron allanarle el camino. El concejal vio la veta y el permiso propicios para instalar su propio juego. Es que ese distanciamiento generado por el Ejecutivo, abrió la puerta al intento de una gestión paralela, anclada en la instalación de su figura en los medios.

Si bien las actividades que Chiocconi realizó durante el reemplazo de Martini en la Intendencia, no salieron del protocolo, transparentaron la disputa preexistente. La actitud de esos días de enero del edil, molestó a la Jefa Comunal y a Ramos Mejía. Los conceptos de lealtad y traición prevalecieron en la retórica y diatriba de ambos, puertas adentro del Municipio. "Tuvo un poder más que prestado", definieron los detractores de Chiocconi molestos por su accionar, según fuentes del Municipio.

Cuando promediaba el proceso de revocatoria de Goye, Chioconni lo defendió así: "No somos una clase política corporativa", frase que hoy toma otra significación.

Si bien no lo hace público, en la intimidad, Chiocconi despotrica en duros términos contra la gestión Martini, por la vigencia de la deuda social, latente en parte por una desacertada priorización de los recursos del Gobierno. También ve con malos ojos -confiaron fuentes irreprochables a ANB- que la Intendenta cargue contra el empresariado públicamente, porque esos cuestionamientos "no se tradujeron en políticas públicas" claras.

A contrapelo de lo expuesto hasta aquí, desconcierta y resulta paradójico que a poco de unificarse para sacar a Goye del centro de la escena, con una apenas repuesta institucionalidad, un 2015 tan lejano, y en un marco de crisis a nivel provincial y de debilidad a nivel nacional, los concejales locales y la Intendenta se dediquen a una puja interna de poder. Esa audacia suena, por lo menos, irresponsable.

Carolina Cohen