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A 15 años de la erupción del Cordón Caulle: miedo, cenizas y solidaridad en Bariloche

La ciudad se paralizó, el cielo se volvió gris y el miedo ganó las calles. Pero entre palas, barbijos improvisados y redes de ayuda, Bariloche también mostró una de sus caras más solidarias. A quince años, los recuerdos siguen intactos.
04/06/2026 16:24 Hs.
La postal que duró largos meses con la ceniza como protagonista. Fotos: Chiwi Giambirtone
La postal que duró largos meses con la ceniza como protagonista. Fotos: Chiwi Giambirtone

El 4 de junio de 2011 quedó grabado para siempre en la memoria colectiva de Bariloche. La erupción del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle, ubicado en Chile, cubrió la ciudad de cenizas, paralizó buena parte de la actividad cotidiana y dejó una sensación que, quince años después, todavía cuesta poner en palabras: miedo, incertidumbre y desconcierto.

Era sábado. Una tarde cualquiera de junio, a pocos días del invierno. Pero en cuestión de horas, el paisaje cambió por completo.

Era sábado, plena tarde, de golpe estaba todo oscuro. Como estamos en una época cercana al invierno pensamos ‘qué tormenta se viene’, pero no, lo que caía no era nieve, era ceniza, recuerda una vecina de Bariloche sobre aquel día que transformó para siempre la historia reciente de la ciudad.

El Nahuel Huapi, un lago de cenizas. Foto: Chiwi Giambirtone. 

La erupción comenzó del lado chileno, pero rápidamente sus consecuencias cruzaron la cordillera. Bariloche quedó cubierta por una nube de ceniza volcánica que oscureció el cielo, obligó a suspender actividades, afectó la circulación y generó un escenario desconocido para miles de familias.

En ese momento, la ciudad estaba gobernada por el intendente Marcelo Cascón, mientras que Miguel Saiz transitaba los últimos meses de su gestión como gobernador de Río Negro. A nivel nacional, la presidencia estaba en manos de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, durante las primeras horas del fenómeno, la incertidumbre parecía superar cualquier respuesta inmediata.

No había información al principio, de repente empezaron a llegar los primeros partes desde el lado chileno. Cuando finalmente pasó y logramos recuperar la luz del día, recién el domingo, era todo gris. Algo que jamás creía que iba a ver, de película”, recuerda otro vecino.

Fueron varios meses para lograr la reactivación de la ciudad. Foto: Chiwi Giambirtone

La preocupación rápidamente dio paso a la desesperación. El miedo por los efectos de la ceniza, la escasa información y la incertidumbre sobre cuánto tiempo duraría la situación modificaron por completo la rutina.

Era una paranoia increíble, la gente empezó a desesperarse. Los bidones de agua volaron, los barbijos volaron, decían que no andemos en auto porque se dañaban. Las calles, en plena tarde de sábado, eran desesperación total e incertidumbre, relata una barilochense.

La ciudad quedó prácticamente paralizada. El aeropuerto permaneció cerrado durante meses, afectando de lleno al turismo justo antes de la temporada invernal. Comercios, trabajadores y distintos sectores productivos sintieron el golpe económico mientras las calles, techos y veredas comenzaban a acumular capas de ceniza.

Pero detrás de la postal gris también hubo historias personales atravesadas por el miedo.

Yo había sido mamá hacía dos semanas, por cesárea, estaba además conectada a una sonda que ese día se tapó. Era el miedo por el dolor y el miedo por no saber si salir. Llegamos a la guardia como pudimos”, cuenta una mujer que atravesó aquellas horas entre el posparto, una urgencia médica y la incertidumbre del contexto.

Otra vecina todavía recuerda el desconcierto de intentar volver a su casa mientras la ciudad se transformaba.

Estaba de compras por Onelli, todavía no sé ni cómo hice para llegar a mi casa. Era una locura”, rememora.

Sin embargo, si hay algo que también permanece intacto en la memoria colectiva, es la respuesta de la comunidad.

El verdadero valor de la comunidad, todo el pueblo unido para sacar adelante la situación. Foto: Chiwi Giambirtone. 

Con el paso de los días y cuando la emergencia comenzó a estabilizarse, Bariloche desplegó una enorme red de solidaridad. Vecinos organizados, clubes, instituciones, juntas vecinales, trabajadores municipales, estudiantes y familias enteras participaron de jornadas de limpieza para retirar toneladas de ceniza acumuladas en calles, plazas, techos y espacios públicos.

Palas, bolsas, barbijos improvisados y trabajo comunitario se transformaron en símbolo de una ciudad que buscaba volver a ponerse de pie.

Creo que Bariloche demostró ese corazón de pueblo. Fue impresionante ver las acciones que se generaron, no solo para poder levantar a la ciudad de todas esas cenizas sino también desde lo productivo y laboral”, resume otra de las voces consultadas.

Quince años después, el Cordón Caulle sigue siendo mucho más que un recuerdo meteorológico o una emergencia natural. Es parte de la identidad reciente de Bariloche. Una memoria compartida que todavía aparece en conversaciones, fotos guardadas y relatos familiares.

Porque si algo dejó aquella erupción de junio de 2011 fue una certeza: frente a uno de los momentos más difíciles de su historia, Bariloche encontró en su comunidad la forma de reconstruirse. (ANB)

 
 
 
 
 
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