Teros en Melipal: la historia de un vecino que cuida a los pichones y los consejos para protegerlos en casa | ANBariloche
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Teros en Melipal: la historia de un vecino que cuida a los pichones y los consejos para protegerlos en casa

En estos días de primavera, comienzan a nacer los pichones de tero en patios, veredas y jardines de Bariloche. En Melipal, un vecino vive de cerca la experiencia y comparte su preocupación por la supervivencia de los pichones. Recomendaciones clave para convivir con la especie y evitar accidentes.
14/11/2025 16:24 Hs.
Aprender a convivir con nuestra fauna es importante para mantener el ecosistema. Foto gentileza Rodo Spoturno
Aprender a convivir con nuestra fauna es importante para mantener el ecosistema. Foto gentileza Rodo Spoturno

La primavera trae vida nueva a los barrios de Bariloche y, con ella, a los teros que eligen jardines, veredas y espacios abiertos para anidar. En Melipal, la historia de Rodo Spoturno —vecino que convive todos los días con una familia de teros en su patio— se convirtió en un recordatorio de la importancia de cuidar a estas aves en una etapa crítica de su desarrollo.

“El acto reflejo de los pichoncitos es hacer cuerpo a tierra y hacerse los muertos. Ahí es donde a mí me da terror pisarlos porque me muero. Peor cuando hay tierra, porque no los ves, se camuflan muy bien”, cuenta Rodo a ANB, todavía con la adrenalina del susto.

En su caso, tener el pasto más alto le permitió detectar a tiempo a los pequeños: “Con el pasto verde y largo, como lo tengo, no pasan tan desapercibidos y los pude ver”.

La escena se repite todos los días. Los pichones corren detrás de los autos, atraviesan el camino, escuchan un ruido y vuelven a cruzar. “Ayer me tuve que bajar dos veces del auto y correrlos porque se vuelven a meter en el camino de los autos”, recuerda. 

En esos momentos, los padres entran en alerta: sobrevuelan, gritan y defienden el territorio, mientras otras amenazas aparecen. “Los chimangos querían cazar a los padres. Y los gatos callejeros… me daría mucha bronca que terminen en la panza de esos gatos”.

Incluso Fritz, el perro de Rodo, tuvo que adaptarse a la convivencia. “Al principio tenía un miedo bárbaro. Es bueno, no daña nada, pero es perro. Los olió, los reconoció y no les dio más bolilla”.

Qué dicen los especialistas

Para conocer más sobre cómo actuar ante la presencia de teros en espacios urbanos, ANB consultó a Daniel Gómez, biólogo y especialista en fauna patagónica, quien confirmó que esta época requiere especial atención.

“Lo importante es que los pichoncitos nunca se separen de los padres”, explica. Aunque puedan parecer solos, en realidad suelen estar escondidos por instinto o porque los adultos los dejaron en un punto seguro. “Si uno ve un pichón solo, hay que dejarlo. Siempre están los padres en algún lugar protegiéndolos”.

Una de las principales amenazas son las mascotas sueltas. “Hay que resguardarlos de los perros y, sobre todo, de los gatos, porque se los comen como bombones”, advierte.

Pero la mayor alerta de esta época es otra: el corte de pasto. La maquinaria puede matar pichones, destruir nidos o romper huevos, además de eliminar el refugio natural que los teros necesitan.

“Habría que dejar un sector del jardín sin cortar hasta que los pichones se independicen. Hay que tratar de convivir con las aves silvestres y dejarles un lugar donde puedan refugiarse”, recomienda Gómez.

También destacó que mantener el césped demasiado corto no sólo perjudica a la fauna, sino que es ambientalmente insostenible. 

“Cuanto más alto el pasto, mejor. Significa un ahorro enorme de agua. Hace falta una cobertura de unos 20 centímetros para que se mantenga la humedad”. El especialista señala que cortar el césped al ras “es un desperdicio de agua potable increíble”, ya que la tierra se seca y el jardín se vuelve más inflamable y vulnerable al calor.

La recomendación técnica es clara: “El pasto ideal es del largo de una mano abierta. Se corta la parte de arriba, pero nunca al ras, para que el sol no llegue a la tierra y la seque”.

Convivir con la naturaleza en la ciudad

Historias como la de Rodolfo muestran que la convivencia entre la vida urbana y la fauna local es posible, siempre que exista cuidado, empatía y conocimiento.

Los teros son parte de los ciclos naturales de la región y, con pequeñas acciones (un pasto más alto, mascotas controladas, atención al circular) se puede marcar la diferencia en su supervivencia. (ANB)