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Carta de lectores

¿Con qué ojos mirás?

Alejandro Vaccari escribe una carta de lectores
22/03/2025 16:29 Hs.
Foto: ilustrativa.
Foto: ilustrativa.

Por Alejandro Vaccari

DNI 14682317

 

Hay un mundo infinito que nos rodea, lleno de colores y texturas, sensaciones, perfumes, sonidos, un mundo de infinitas formas, en el mundo de la forma. Hay también instantes que algo siempre traen consigo, momentos que en su mayoría discurren sin registro, momentos de todo calibre, incluidos aquellos tan escasos que hacen mella, te marcan y perduran siempre.

Primera idea, al calificar lo que vemos simple, bueno, malo, bello, feo, partimos del prejuicio y así lo descartamos aun sin saborearlo, lo cual es definitivamente muy limitante y poco objetivo.

En realidad creo, ya desde hace un tiempo que algo valioso, no puede elaborarse, lograrse o construirse cuando se parte desde el prejuicio. La actitud correcta debiera ser siempre más abierta y dispuesta, y que el viento del tiempo traiga libremente lo que trae.

La ansiedad y la prisa tampoco ayudan, la calificación viene a veces del apuro por poner algo en un sitio, o descartarlo por aburrido y repetitivo. Que contradictorio estar ansioso en un momento de descanso, pero bueno, también darse cuenta de una situación o de un estado propio es también instantáneamente afectarlo.

Entonces hay también alguien, o algo que mira, desde aquí dentro. Alguien que siente y percibe, que interpreta, seguramente a veces desde su experiencia y conocimiento, a veces desde lo que siente, a veces incluso desde el silencio y el asombro, con la inocencia de un niño, a quien todo seduce y atrapa, a quien todo interesa y deslumbra.

Hoy, me sorprendió un momento en el riego en el pequeño jardín alrededor de la casa, algo tan simple que traté de retener en principio en 2 fotos. El Sol y la brisa haciendo de las suyas entre la lluvia de los aspersores, la silueta del ciruelo en su sombra movediza sobre el verde, los juegos del luz entre las hojas, el brillar de las gotas, que titilan a su escala como si de un estrellado cielo verde se tratara y una sensación interna de alegría, vitalidad, frescura, el asombro, ante una mágia inherente, en ésta acuarela de naturaleza y vida.

Las gotas de agua, precariamente afirmadas sobre las hojas de éstos tréboles, son como miles de pequeñas gemas titilando brillos de luz, aquí y allá, inquietas, indiferentes al movimiento y al cambio, dejándose caer hasta tocar al suelo, donde aun sin ver presumo que se diluyen entre los minerales y arenas del suelo, esa tierra entonces, se vuelve fértil y próspera en la humedad, el agua que diluye sus componentes en un caldo que nutre y alimenta esa bellísima alfombra viviente en verde.

La mirada y el asombro me integran al momento, y reconozco en cada cosa un pequeño milagro. El de la hoja, el de la gota, el del brillo, el del viento, el de la luz y el de la sombra, el del color, el del suelo, el del tiempo, el de mi mismo en el instante donde todo aquello conjuga en una unidad misteriosa…

Cuantas cosas coinciden en un punto para conformar este momento, es apenas un instante, y aun así, siento que merece un preludio enorme, en mi mente, quizá mi imaginación, resuenan las primeras notas musicales de “Así habló Zaratustra”, como en Odisea del Espacio…

Algo genial y enorme estaba resonando en el jardín, una gran orquesta de muchos instrumentos acompasados en perfecta armonía, ante mis ojos llenos de asombro. Entonces me sumo al momento y sus coincidencias, no importa si con la guitarra o con una contemplación silenciosa… quizá incluso con las manos gesticulo las rector el Director de orquesta, y apasionado hago mía, la alegría del canto… y en éste sencillo rato de descanso en la reposera del jardín, me doy cuenta de que no estoy ciego, por fin me doy cuenta qué estoy mirando, y al mirar, y al vibrar de asombro con ello, también estoy cantando este preludio ante un verdadero milagro.

Empiezo a pensar, que lo intrascendende ocurre, quizá, solo cuando no estoy mirando. Parece que si miramos realmente, hasta lo más sencillo y pequeño, como una sola gota de agua, representa una coincidencia absoluta de eventos, una obra de arte, un canto a la vida, en fin, un verdadero milagro.