lunes 24 de junio de 2024

Historia

La historia del hombre que casi pierde la vida esquiando y ahora es parte de un libro

Conrado se accidentó en 2019. La rápida intervención de los patrulleros del cerro Catedral, personal médico y esquiadores, le salvaron la vida y su recuperación es casi un milagro que su esposa plasmó en un libro.

domingo 09 de junio de 2024
La historia del hombre que casi pierde la vida esquiando y ahora es parte de un libro
Conrado se recuperó notablemente e incluso recibió un presitigioso reconocimiento como abogado internacional del año. Foto: gentileza.
Conrado se recuperó notablemente e incluso recibió un presitigioso reconocimiento como abogado internacional del año. Foto: gentileza.

Conrado Tenaglia y Juana Libedinsky están casados hace muchos años y la profesión de él, abogado, los llevó a vivir por distintas partes del mundo. Desde hace un largo tiempo, están asentados en Nueva York, desde donde viajan a Argentina cada vez que pueden. En 2019, un invierno de esquí en Bariloche, se convirtió en un desafío a la muerte que pudo ser superado milagrosamente.

Todo pasó hace cinco años y a pesar de que los pronósticos no eran para nada alentadores, Conrado “volvió a nacer”. Hoy, su accidente y todo lo que pasó después, en los meses de recuperación, son parte de “Cuesta abajo”, un libro que escribió su esposa, periodista del diario La Nación.

Juana relató, en diálogo con ANB, que a pesar de vivir en distintas ciudades, “donde fuera que estuviéramos destinados, cada agosto siempre volvimos a Bariloche”. En Villa Catedral, la familia de la mujer tiene una casa que fue una de las primeras en construirse allí, hace unos 50 años, cuando el centro de esquí no era nada al lado de lo que es ahora.

"Cada agosto siempre volvimos a Bariloche”, remarcó Juana. Foto: gentileza.

“Siempre fuimos muy felices en Bariloche, había quedado como el lugar donde cada año nos reencontrábamos con familia y grandes amigos”, relató. Luego, cuando fueron padres, Bariloche también fue el lugar donde sus hijos cosechaban amistades argentinas.

El invierno de 2019 era uno más en el que el objetivo sería disfrutar a pleno de la nieve, las amistades y la vida en el país. Pero el 27 de agosto, todo cambió. Conrado tomó una clase de esquí con “Nacho” Bustamante,  en palabras de Juana, “un queridísimo amigo y extraordinario esquiador”, y sufrió un gravísimo accidente.

Conrado poco recuerda lo que ocurrió ese día y Juana no estaba presente en el momento del hecho, pero de los datos que fue recopilando, pudo establecer que en determinado momento, mientras esquiaban en las pistas del cerro Catedral, Conrado “perdió el control, cayó por una pendiente en picada y rebotó primero con la cabeza y luego con los pies”.

Según el relato de Juana, “Nacho, que había estado en las Olimpíadas, se lanzó para frenarlo, pero a Conrado se le salió el casco en uno de los rebotes y se estrelló contra una roca. Después cayó boca abajo al borde de un arroyo, donde Nacho lo sostuvo hasta que llegó la patrulla de rescate”.

Al consultarle sobre el rol vital que cumplieron desde la patrulla de rescate, Juana indicó que el aviso lo dio Nacho, quien aguardó hasta que llegaran al lugar donde el hombre yacía inconsciente.

El temor, la preocupación y el estrés del momento, también hacen que Juana poco recuerde de esos primeros instantes, aunque siempre quedan huellas. “De lo único que me acuerdo fue de los ruidos cuando entubaban a Conrado en la parte de atrás (de la ambulancia). Juan Pablo Massad fue quien lo hizo, un tipo de primera además de gran profesional”, remarcó y “Francisco Montanelli, el hijo de mi íntima amiga de la infancia, quien lo cuidó como un ángel guardián hasta entonces”.

“Hay tantas personas entre patrulleros, y todo el personal de emergencias que hicieron este “milagro” posible; no llegué a saber sus nombres, pero estamos tan, tan agradecidos”, añadió Juana.

Una vez que Conrado fue asistido, el panorama era desolador. “El resultado fue lo que los médicos llamaron “traumatismo encéfalocraneal grave”, y lo dejó en un tres de la escala de Glasgow, el estado de coma más cercano a la muerte cerebral”, explicó.

Como consecuencia del grave traumatismo sufrido, también tuvo una lesión axonal difusa. Juana lo explica sencillamente diciendo que “se cortaron los cables que conectan el cerebro con el resto del cuerpo, no en un lugar determinado, sino por toda la materia gris”.

La familia retornó a esquiar en Bariloche apenas lo permitió la pandemia. Foto: gentileza.

Cuando recibió este diagnóstico, Juana recuerda haber pensado que la palabra “difusa” era algo alentador, quizás, sinónimo de leve, pero, muy por el contrario, “esto significaba que si alguna vez Conrado salía del coma según la literatura médica, el 90 % de pacientes con este tipo de lesiones, si no muere, nunca recobra la conciencia- hubiera quedado con lo que llaman trastornos remanentes significativos”.

En ese momento, con un futuro totalmente incierto por delante, Juana tuvo que tomar la batuta de la vida y pensar en reorganizar su día a día en el país, “quizá por un largo tiempo, quizá para siempre”, recordó y añadió que “tuve muchísima ayuda. Nacho, obviamente. Y la contención que dieron a nuestros hijos Tato y Tomasa, los profesores, alumnos y todo el equipo del Club Argentino de Ski, no tiene nombre”.

“Los grandes especialistas que después vieron a Conrado en Buenos Aires y Nueva York dijeron que lo que habían hecho en Bariloche era impecable”, remarcó con agradecimiento la escritora y periodista.

Poco a poco, con ayuda de grandes profesionales, cirugías y rehabilitación, Conrado logró lo que parecía casi, un imposible: se recuperó de la lesión que amenazó su vida. Pero no solo eso, sino que, además, cinco años después, obtuvo una distinción como abogado del año, por parte de Latin Lawyer una prestigiosa revista especializada, y se convirtió en el primer abogado argentino en recibirla.

Para plasmar toda una historia que parece prácticamente de película, Juana encaró tiempo atrás, la escritura de Cuesta Abajo, un libro en el que se detalla todo lo vivido luego del accidente que les cambió la vida.

“El libro se llama Cuesta abajo por un lado porque todo arrancó con el golpe de Conrado esquiando, pero después se volvió una metáfora. Toda mi vida era una bola de nieve que iba cuesta abajo creciendo sin control”, contó Juana.

“¿Volvieron a Bariloche luego del accidente?”, le consulto y Juana indicó que sí lo hicieron en 2022, cuando la pandemia lo permitió. Conrado quería volver a esquiar y si bien hubo opiniones cruzadas sobre lo valiente de su decisión o la exposición a un riesgo “innecesario”, el reconocido abogado lo hizo, venciendo seguramente, sus propios miedos.

En su vuelta al cerro Catedral, Juana recordó que “muchos lo reconocían y se acercaban con cariño, pero también con cierta impresión. Una profesora de esquí nos dijo que había visto una filmación sobre su rescate, y que lo que se decía era que, si Conrado había sobrevivido, era porque tenía un Dios aparte”.

Y sobre esto, concluyó: “Conrado cree que probablemente lo tuvo, pero que actuó a través de mucha gente: patrulleros, médicos, enfermeros, familia, amigos, pero también relaciones circunstanciales, colegas, gente con un vínculo remoto de las salas de espera”. (ANB)

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