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Los recuerdos de otra época de la meteorología

Rubén “Tata” Gómez trabajó en estaciones meteorológicas de la ciudad en una época en la que el día a día era totalmente diferente a lo que hoy conocemos.
20/10/2023 00:00 Hs.
Los recuerdos de otra época de la meteorología
Los recuerdos de otra época de la meteorología

Hoy todos podemos acceder a la información meteorológica a través de internet y conocer detalles de cuáles serán las condiciones climáticas para los próximos días, pero, ¿cómo funcionaba en la ciudad décadas atrás esta disciplina?

Rubén “Tata” Gómez es uno de aquellos trabajadores de las estaciones meteorológicas de antaño, como quien diría. Entró a trabajar casi por casualidad. “Tenía un vecino que trabajaba en las Fuerzas y yo hacía distintas changas, de lo que sea, hacía de todo”, recordó en diálogo con ANB.

Un día, este vecino le preguntó si se animaba a trabajar en el aeropuerto. De esto, hace más de 60 años. Eran otras épocas para todo, pero especialmente, para la tecnología. “Yo no tenía ni idea de aviones ni de aeropuerto ni nada”, dijo entre risas, pero de a poco, aprendió el oficio.

Rubén "Tata" Gómez guarda con detalle, cada recuerdo de los años trabajando en estaciones de meteorología. Foto: Marcelo Martínez.

Desde la Fuerza Aérea lo mandaron a Buenos Aires a hacer el curso de meteorología que lo habilitaba para trabajar en cualquier aeropuerto. “Me fue bien, había que ponerle empeño”, dice hoy con sus 86 años.

En esos años, en el cerro Catedral había una estación meteorológica que emitía reportes para el aeropuerto. “Ese informe era muy útil porque la estación estaba a 2 mil metros, era muy importante para la aviación”, señaló.

Como parte de sus recuerdos, tiene grabados los días en que “estábamos arriba de las nubes”. En esa época, y por lo que implicaba llegar a la estación ubicada en el cerro Catedral, los trabajadores permanecían una semana allí.

"Tata" Gómez en sus años de trabajo en la estación que había en el cerro Catedral. Foto: gentileza.

“Había un sistema parecido al poma que usan ahora”, pero claramente, más rudimentario. “Nos enganchábamos con un cinto y también subíamos las mochilas con las provisiones para los días que nos quedábamos allá”, manifestó.

“Tata” todavía tiene en sus recuerdos los días en que las condiciones de nieve los obligaban a subir caminando, “enterrados hasta la cintura”, indicó y agregó que “era sacrificado, pero me gustaba la nieve. Me gustaba esquiar, por eso iba”.

En épocas de verano, cuando le tocaba bajar de la estación y volver al pueblo, “bajaba corriendo”, recordó. En la estación, “todo era muy básico”, añadió y detalló que se tomaban datos de la nubosidad, los vientos en superficie, la presión, el punto de rocío o humedad en el aire y la temperatura.

Recordando otras épocas de la meteorología en el cerro Catedral. Foto: gentileza.

“Nuestro equipo de trabajo eran faroles, lápices y gomas”, dijo y agregó que su labor era confeccionar observaciones meteorológicas a las 3 de la mañana, a las 8 y a las 9 y luego eran enviadas por Código Morse a Buenos Aires. “Era todo muy precario, la información llegaba muy mal, pero lográbamos resultados bastante precisos”, señaló.

Estuvo largos años trabajando allí, mientras mechaba con otros trabajos o era enviado a otros puntos del país, como, por ejemplo, Matienzo, en la Antártida, de donde guarda recuerdos del crudo frío y las noches sin fin que vivían en la estación.

“Cuando fui a la Antártida, el primer viaje fue en 1971, las campañas eran de 1 año, pero estuve más tiempo porque desarmamos la base, mandamos todo y por las condiciones climáticas, quedamos aislados. Fue un invierno muy duro, no andaba más nadie, no teníamos nada para hacer”, recordó.

Hace pocos días, subió hasta el parador Lynch para recordar viejas épocas. Foto: gentileza.

En el inicio de la década del 80, la estación ubicada en el cerro Catedral cerró y su trabajo se centró en el aeropuerto, aunque también recorrió otros lugares. Tiene grandes recuerdos de su época trabajando en Malargüe, Mendoza. Años después, en 2014, el cerro volvió a tener una estación, pero ya propia, con el objetivo de obtener información precisa para el centro invernal.

A lo largo del tiempo, “Tata” fue testigo de cómo la montaña se convirtió en el centro de esquí que actualmente es uno de los más importantes de Sudamérica. Hace pocos días ascendió hasta Lynch, después de muchos años sin recorrer el lugar. “Está todo muy cambiado”, señaló y recordó el tiempo y anécdotas que vivió allí.

En su último ascenso a la montaña, "Tata" concluye que "está todo muy cambiado". Foto: gentileza.

Los años pasaron y “Tata” Gómez vio también, la construcción del nuevo aeropuerto, que trajo consigo, nuevas tecnologías. “De pasar a andar con un lápiz y un papel recolectando datos afuera, llegaron las computadoras y todo lo nuevo”, señaló y agregó que “andaba medio perdido, no le encontraba la vuelta”, pero terminó adaptándose.

Después de 45 años de trabajo y aprendizajes, “Tata” se jubiló hace ya un tiempo, pero guarda en su casa y su memoria, recuerdos de todo lo vivido, de los cambios de época, del crecimiento de la ciudad y el advenimiento de la modernidad, y con perfecta memoria se podría decir que, es casi, un libro abierto. (ANB)

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