domingo 25 de septiembre de 2022

Tristeza

Adiós a Roberto “Zazaza” Barzola, el gran asador de Catedral

Trabajó durante largas décadas en la montaña y fue el asador de cada encuentro. Sus compañeros lo despiden con dolor.

martes 20 de septiembre de 2022
Adiós a Roberto “Zazaza” Barzola, el gran asador de Catedral
Roberto "Zazaza" Barsola falleció a los 69 años. Foto: gentileza.
Roberto "Zazaza" Barsola falleció a los 69 años. Foto: gentileza.

La partida de Roberto “Zazaza” Barzola generó profunda tristeza en la montaña. El hombre que trabajó durante más de 30 años en el cerro Catedral, se fue dejando un sinfín de anécdotas entre quienes lo conocieron. Asador, herrero, experto en tortas fritas, pero sobre todo, honesto, buena gente. “Un tipazo”, como lo definieron.

Zazaza, como lo conocían en el cerro, ingresó a trabajar allí en el inicio de la década del 80 y durante muchos años, se desempeñó en distintos sectores de la montaña. 

“Lo conocí cuando ingresé a trabajar, en 1996. El trabajaba en la silla Lynch, antes estaba todo conectado con el cable carril y era un equipo que trabajaba ahí”, recordó Mauro Urra. “Me tocó trabajar de sillero y él estaba por lo general en el embarque de Lynch”.

La gente que lo conoció, coincide. Roberto era un tipazo. “Hoy, siendo padre, agradezco haberme encontrado con él, con esa clase de gente, buena, sencilla, trabajadora, honesta”, remarca Urra y añade “hoy me quedan todos esos consejos que me dio”.

Roberto se convirtió en el asador oficial de cada encuentro, casa asado. “Siempre era el que nos preparaba los asados y cada vez que pedíamos un aplauso para “Zazaza”, se emocionaba. Era un tipo sensible”, recuerda.

En esta línea también se expresa Álvaro Vargas. “Solo tengo palabras de agradecimiento para con él”, dice el trabajador que ingresó a la firma en 1995, cuando tenía 18 años y Roberto, 42. “En esa época, entró una camada de pibes jóvenes y Rober nos adoptó”, señala.

“Salíamos del laburo y nos íbamos a tomar algo a un bar que estaba en Rolando y Mitre. Nos quedábamos horas charlando con él, era un pibe más. Cerca de las 12, lo despachábamos porque tenía familia, si no, seguía a la par nuestra”, cuenta Vargas.

Urra por su parte, expresa que tiene infinidad de anécdotas con Roberto, momentos que lo marcaron, enseñanzas que le quedaron para siempre. “Recuerdo cuando recién entré a trabajar y no tenía activa la obra social todavía y me dolía mucho la muela. No tenía ni para pagar el coseguro. Al final del día, cuando bajábamos en la silla, me puso en el bolsillo 50 pesos, que eran 50 dólares en ese momento. Me dijo “tomá flaquito”, para que fuera al dentista. Ni me conocía pero me dio la plata. Ese gesto me quedó marcado”.

“Se va a sentir mucho su ausencia, porque a pesar de haberse jubilado, seguía viniendo. Se ve que amaba este lugar”, añade Vargas. Son miles los recuerdos de un hombre que formó parte de la vida de muchos de quienes forman parte de la montaña.

“Me parece mentira que se haya ido porque estuvo todo el verano vendiendo tortas fritas. Se iba contento porque había vendido todo. Siempre hacía changas de soldadura. Roberto siempre se las arreglaba para sacar adelante a su familia”, dice Urra.

Roberto también era herrero. Hacía cuchillos, entre otras cosas. Uno de sus trabajos fue un chulengo para Mauro. “Lo voy a recordar en cada asado que haga. Me quedo tranquilo porque cada vez que compartíamos, le podía decir todo lo que significaba para mí”, sostiene Urra.

“El que lo conoció, está acongojado. Esto es una familia. Compartís mucho tiempo con la gente y eso hace que cuando pasan estas cosas y se va esta gente que te marcó, duela mucho”, agrega y Vargas, con palabras similares, concluye: “se fue un tipazo”. (ANB)

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