domingo 25 de septiembre de 2022

Cruzar la Cordillera, dejar todo y empezar de nuevo

Ana y Lito son parte de la refundación del Circulo Chileno Gabriela Mistral, en el año´84. En esta entrevista con ANB cuentan sobre sus primeros años en Bariloche, cómo decidieron quedarse y hacer una nueva vida de migrantes.

viernes 16 de septiembre de 2022
Cruzar la Cordillera, dejar todo y empezar de nuevo
Mural Pablo Neruda. Círculo Chileno Gabriela Mistral. Foto: Marcelo Martínez
Mural Pablo Neruda. Círculo Chileno Gabriela Mistral. Foto: Marcelo Martínez

Por Germán Hernández 

Previa coordinación telefónica, llegué al Circulo Chileno Gabriela Mistral para reunirme con Ana Ojeda, migrante que llegó a Bariloche en 1975 y referente histórica del espacio que nació para que los chilenos y chilenas puedan encontrarse y ayudarse mutuamente.

“Vení, pasá, te voy a mostrar cómo estamos armando todo para mañana”, me dijo Ana luego de saludarnos afuera, sobre la calle Sarmiento.

Ya adentro, me habló de su familia y me presentó a su hijo, Claudio. También, antes de la entrevista,  me mostró cómo se venía decorando el salón y, por supuesto, cómo venía el pino para las empanadas, algo que Ana coordina desde siempre.

“¿Así está bien Ana?”, dijo una colaboradora mientras mostraba un bol con huevo picado. “Un poco más chico”, respondió Ana, sin autoritarismo y haciendo un gesto con los dedos.

Abrimos la puerta de la oficina para sentarnos a charlar y allí se apareció, de la nada, otro histórico referente, Joselito Aguilarvera. “El muchacho va a hacer una entrevista, vení, sumate, hagámosla juntos”, dijo Ana con espontaneidad y sin ataduras de protagonismo.  Luego de un par de chistes de Lito que acompañaron el buen clima de trabajo de la tarde, nos sentamos los tres y comenzamos con la entrevista.

Tiempos feos

“Nosotros cuando nos vinimos, estaba feo allá”, rompe el hielo Ana y prosigue: “A lo mejor nosotros no participábamos en política pero hubo una necesidad de salir”.

En 1973 el pinochetismo había derrocado el gobierno democrático de Allende. La ilusión de un Chile más igualitario, que la mayoría de la sociedad había votado en las urnas tres años antes, se esfumaba y daba paso a un nuevo proceso dictatorial.

Uno de los primeros temores de Ana, ya en viaje de Chiloé a Bariloche, fue cruzar la aduana, aunque confiesa que el miedo se volvió expectativa por lo que podría llegar a suceder en Argentina. Ya en esta ciudad,  junto a su compañero de vida y su pequeño hijo consiguieron un lugar para vivir en el barrio El Mallín.

“Gracias a Dios llegamos bien. Mi marido al otro día ya tenía trabajo y empezamos a luchar y a salir adelante; no en lo que hacíamos allá, sino que tuvimos que trabajar de otros oficios”.

Ana Ojeda, en plena preparación de los festejos de la Patria Chilena. Foto: Marcelo Martínez

Ana, con menos de 30 años, trabajaba en un Hospital en Chiloé. Al llegar a Bariloche, priorizó cuidar a su niño y comenzó a tejer y “conseguir más dinero” para sostenerse. “Luego cuando mi hijo creció empecé a trabajar en los hoteles y así transcurrió mi vida”, resume.

Lito también es nacido en Chiloé. Pero su idea de migrar para Argentina surgió en Puerto Montt, donde trabajaba, antes de alquilarse algo para vivir en Bariloche.

“Yo era funcionario de Arquitectura. De jovencito trabajé en lo social y una vez me llevaron a ser candidato para presidir una Junta Vecinal y me eligieron”, recuerda.

Corría el año 1973 y Lito ya era presidente de la Junta Vecinal, cuando llegó el Golpe de Estado a Chile. “Otra cosa no es”, dice sin dudar. Rememora que tuvo persecución sólo por tratar de coordinar el espacio barrial, y asegura que no le creyeron que esa labor comunitaria no tenía que ver con política partidaria.

“Se sorprendieron porque habíamos tenido tanto logro no siendo comunistas”. El hombre de 75 años habla seguro y de corrido; como si todos esos hechos, de hace más de cuatro décadas, llegaran a su memoria con facilidad.

Cuenta que estuvo cuatro veces en la fiscalía militar de investigación. En la última visita, “uno de los jefes me dijo: 'mira Lito si no te vas, te vas a ir adentro'”. La frase abriría paso al exilio. “Eso me asustó”, confiesa Lito, sin sacarme la mirada de encima.

Por distintos contactos relacionados a la arquitectura pudo tener un salvoconducto para exiliarse en Argentina. Llegó a Bariloche el 20 de octubre de 1974. Un año después volvió a buscar a su familia para instalarse definitivamente en esta ciudad lacustre.

“Como decía Ana que le pasó a su marido, yo al otro día también conseguí trabajo, por recomendaciones de mis jefes. Yo cuando me fui de Chile no renuncié”, aclara Aguilarvera, ya que se tomó una licencia de un año sin goce de sueldo.

Continúa, sin pausa: “A mí me fue bien, no puedo decir lo contrario. Con decirte que yo vivo feliz en Bariloche”.

Joselito Aguilarvera, alias "Lito". Foto: Marcelo Martínez

Ana Ojeda hoy tiene 76 años. “Lo que más extraño de Chile es el curanto”, dice y larga una carcajada. Joselito Aguilarvera, retruca:”Cuando voy a Chile no como nada de carnes rojas; pescados y mariscos, pescados y mariscos”.

La vida que da revancha

En el año ´75, Ana y Lito, eran jóvenes trabajadores con un profundo amor por su Patria. Es por eso que se acercaron al Círculo Gabriela Mistral, pero fueron rechazados.

Cuentan los dos: “A nosotros nos tildaron de comunistas y no nos dejaron entrar”. La historia popular, que va de boca en boca, dice que las primeras reuniones del Círculo fueron en los años ´50: “Por mujeres, empezaron mujeres a juntarse”, aclara Ana y confirma con la mirada.

Pasaron los años y, en concordancia con la vuelta de la democracia argentina, Ana y Lito junto a otros ciudadanos chilenos reorganizaron el Círculo y, si me permite el lector, lo hicieron inclusivo. “Nosotros nunca fuimos al choque, pero cuando vimos que no pasaba nada, comenzamos a meternos”, explica Lito.

Es imposible disociar las historias de migraciones de Ana y Lito con el espacio cultural que lucharon para conseguir y preservar, hasta el día de la fecha.

“Había mucha diferencia entre el pobre y el rico”

Los dos también coinciden que en su Chile natal la diferencia social y la discriminación eran moneda corriente. “Acá la gente es más cordial, que nosotros mismos”, dice sin tapujos Lito y remarca que en el país trasandino “usted vale por lo que tiene económicamente; si no tiene nada usted es cualquiera”.

Ana vuelve al tono reflexivo y da su parecer: “Antiguamente uno no se daba cuenta, también estaba inclinado a eso. Pero cuando salimos y vimos que se podía vivir de otra manera eso nos chocó”. También agrega, a buen entendedor pocas palabras, que “el rico no comía a la orilla de un pobre”.

“No quieren entender porque siguen en la misma” dice Ana y argumenta: “Llegas para que te atiendan a vos y a lo mejor llegó el 'Señor Tanto' entonces hablan por sobre tu cabeza, preguntándole qué necesita”.

Lito posando junto a los presidentes democráticos chilenos, luego de la dictadura de Augusto Pinochet. Foto: Marcelo Martínez

La tarde en el Círculo Chileno Gabriela Mistral comienza a tener más movimiento y nuestra charla con Ana y Lito exige una pausa. Otras tareas demandan la atención, y así lo entendimos todos. "Bueno, muchas gracias por la entrevista, voy a seguir viaje", dije satisfecho.

El primero en pararse es Lito. Como buen entendedor de los tiempos, extiende la mano muy cordialmente y desliza un "mucho gusto, señor". Ana sonríe, agradece y se despide con un beso. Fuera de la oficina los preparativos para la ramada comenzaban a ser notorios y las pocas personas que habían en un principio ya se habían multiplicado.

En las historias de estos referentes se ven reflejadas miles de familias chilenas, que migraron o se exiliaron en Bariloche, en busca de una nueva vida. Ya sea en dictadura o en democracia. Miles de personas que tomaron la iniciativa de cruzar la cordillera, dejar todo y empezar de nuevo. (ANB) 

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