Los edificios abandonados que se convirtieron en parte de la ciudad | ANBariloche
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Paisaje urbano

Los edificios abandonados que se convirtieron en parte de la ciudad

Algunos datan desde hace décadas. Proyectos que fueron y vinieron y gigantes de cemento que siguen sin uso.
17/02/2022 00:00 Hs.
Los edificios abandonados que se convirtieron en parte de la ciudad
Los edificios abandonados que se convirtieron en parte de la ciudad

Ya casi forman parte del paisaje urbano. Edificios enormes que alguna vez comenzaron a construirse y quedaron en el olvido. Lugares en los que funcionaron instituciones y  hoy son vivienda para personas que se instalaron allí en medio del abandono. Moles que supieron ser parte de la vida activa de Bariloche y hoy solo generan dudas.

Los más emblemáticos son seguramente, la ex clínica Arbos, ubicada en Diagonal Capraro y Sarmiento, el “elefante blanco” ubicado en Pasaje Gutiérrez, el edificio para departamentos a medio hacer sobre Vicealmirante O’connor, el enorme hotel ubicado en el kilómetro 1 de avenida Bustillo… Pero hay algunas propiedades más que quedaron en desuso y los barilochenses se preguntan qué sucede con ellas, como la estación de servicio de Onelli y Mitre o el edificio de Mitre y Beschtedt, que incluso son del mismo dueño.

El centro de la ciudad reúne gran cantidad de propiedades ociosas. Foto: Marcelo Martínez.

El edificio ubicado sobre Pasaje Gutiérrez fue proyectado como el Centro de Convenciones de la ciudad. En la década del 70 comenzó la construcción de las enormes paredes que hoy están semi cubiertas por árboles, maleza y graffitis.

En ese entonces, Bariloche vivía una época de crecimiento que hacía notar la necesidad de contar con un espacio donde desarrollar reuniones y actividades. Con aportes del gobierno nacional y provincial, comenzó la construcción que avanzó a buen ritmo mientras el intendente prefecto Osmar Barberis estuvo al mando de la jefatura comunal.

El "elefante bñanco" comenzó a construirse hace 50 años y nunca se finalizó. Foto: Marcelo Martínez.

Luego, el gobierno municipal de facto transfirió el predio al gobierno provincial y empezó el camino que 50 años después, no se puede terminar. La obra se paralizó, hubo idas y vueltas y distintos proyectos para la enorme estructura que se levantó.

En 2014, la por entonces intendenta María Eugenia Martini firmó un convenio para la construcción de la sede del Instituto Nacional de Teatro, obra para la cual la institución aportaría el 100% del financiamiento.

Los periplos continuaron y la obra se paralizó durante otros cuatro años, hasta que se reactivaron los trabajos el año pasado, lo que fue celebrado públicamente por el intendente Gustavo Gennuso.

La mayoría de los edificios se encuentran abandonados hace muchos años. Foto: Marcelo Martínez.

El edificio de Vicealmirante O’Connor y Ruiz Moreno es otro de las históricas obras paralizadas, en la que incluso, durante mucho tiempo hubo personas viviendo. Se empezó a construir en la década del ’90, con un aparente objetivo de departamentos, pero la obra se paralizó y desde entonces, nunca volvieron a reanudarse los trabajos.

Si bien no hay información concreta al respecto, aparentemente la obra tenía fallas en la base y no podía tener la cantidad de pisos que se hicieron. Cuando los obreros se retiraron, todo quedó paralizado. Aparentemente, la esquina fue luego vendida y está a cargo de otros dueños que tampoco iniciaron trabajo alguno.

El edificio de Vicealmirante O'Connor y Ruiz Moreno se encuentra abandonado hace unos 30 años. Foto: Marcelo Martínez.

Hace 10 años, un grupo de la Universidad Nacional de Río Negro presentó un proyecto sobre la imposición de tributos a inmuebles ociosos. El trabajo fue presentado al entonces intendente Omar Goye pero no fue aplicado tal como lo elevaron Jorge Paolinelli, Tomás Guevara y Guillermo Oglietti.

“El trabajo fue a partir de experiencias internacionales que estudiamos y el objetivo era regular el mercado, ya que si no se imponen tributos, prima la especulación”, consideró Guevara en diálogo con ANB.

Según explicó el sociólogo, si bien Bariloche cuenta con tributos a propiedades ociosas, se contempla como tal a terrenos libres o baldíos y no a edificaciones, viviendas en desuso o construcciones paralizadas.

Los edificios abandonados repercuten directamente en la conformación urbana de la ciudad, ya que “tenés obras con buena infraestructura que están siendo desaprovechados”, consideró y agregó que distintos estudios urbanísticos apunta a ciudades más “compactas”.

En Mitre y Onelli se encuentra la estación de servicio abandonado. Foto: Marcelo Martínez.

“La falta de uso de espacios en los lugares donde ya hay servicios, hay infraestructura, hace que la ciudad se expanda y termina siendo extensa y poco densa. Esto luego hace más costosos los servicios e insostenibles los financiamientos del transporte urbano, por ejemplo”, indicó.

“Si bien Goye no tomó el instrumento que planteábamos, aplicó a su manera, un impuesto a los inmuebles libres de mejoras que se continúa cobrando hoy y que genera buenos ingresos a las arcas municipales”, informó Guevara.

Acorde a lo relatado por el sociólogo, en 2016, ya en gestión de Gustavo Gennuso, el entonces  secretario de Ambiente y Desarrollo Urbano, Pablo Bullaude, “hizo una modificación donde agravaba la alícuota en el caso de los inmuebles libres de mejoras o los terrenos que consideraba ocioso, pero se aplicó solo a terrenos sin edificación”.

El ex policlínico Arbos es utilizado como vivienda de varias personas. Foto: Marcelo Martínez.

A pesar de los distintos intentos de ANB para hablar sobre este tema con funcionarios municipales como el jefe de Gabinete que además tomó el lugar de Bullaude luego de su salida del municipio, Marcos Barberis, el Subsecretario de Planeamiento y Sustentabilidad Urbana, Claudio Romero o la vicejefa de Gabinete, Marcela Abdala, no hubo ninguna respuesta, como suele ocurrir en reiteradas ocasiones con los integrantes de la gestión municipal.

Otro de los ejemplos de construcciones en desuso, es el ex hotel Vuriloche, ubicado sobre el kilómetro 1 de avenida Bustillo. Este gigante de cinco pisos y 100 habitaciones, fue construido en la década del 40.

Durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el hotel pasó a manos del Estado para finalmente, ser de la obra social para la actividad docente, Osplad bajo la cual se mantuvo su explotación comercial hasta mayo de 2003, cuando fue cerrado por no poder afrontar las inversiones que requería.

El hotel Vuriloche se encuentra en desuso desde 2003. Foto: archivo.

En los últimos casi 20 años que pasaron desde que cerró como hotel, hubo mil y una versiones sobre su destino. Una clínica. Un geriátrico. Otro hotel. El último de los destinos posibles para el edificio de más de 6.500 metros cuadrados fue albergar la Escuela de Hotelería en una parte y la otra destinarla a hospedar clientes. Este proyecto fue uno de los que más avanzó, ya que contó con el aval del entonces ministro de Educación Marcelo Mango, pero tampoco prosperó más allá de un recorrido y visita por el lugar.

Finalmente, tras varios rumores, se confirmó la venta del edificio a un grupo inversor entre los que se encuentra el empresario local Roberto Giglio. En diciembre de 2017 se cerró la millonaria operación.

“En el proyecto que presentamos, incluíamos edificios pero entendemos que deberían ser cifras que “duelan” a los propietarios de los lugares ociosos, porque si bien las tasas municipales tienen un agravante para cuando no se realizan mejoras, no llega a ser significativo para los propietarios que prefieren continuar especulando con el valor inmobiliario o no realizar tareas de ningún tipo”, sostuvo Guevara.

El tributo a propiedades ociosas no contempla los terrenos con edificaciones. Foto: Marcelo Martínez.

Otro de los ejemplos de edificios abandonados es el ex policlínico Arbos, reinagurado en 1993 con la presencia del entonces presidente, Carlos Menem. Allí, había funcionado previamente la clínica Cruz Azul. A fines de la década del 90, el desvío de fondos, las investigaciones y la polémica desatada en torno a los involucrados, Omar Goye y los exsindicalistas Víctor Cárcar, Walter Cortés y Ovidio Zúñiga, terminaron con un edificio abandonado.

Desde entonces, hubo denuncias de vecinos y hasta de protectores de animales por la gente que se instaló a vivir en el edificio abandonado, en el que además denunciaron que hay una gran cantidad de perros.

“En medio de una crisis habitacional, tener unidades terminadas y ociosas es mucho peor”, consideró Guevara quien además ejemplificó cómo otros países regulan la situación con tributos muy altos o incluso, controlando el consumo de servicios como la electricidad o el gas para determinar si las viviendas están ocupadas o no.

Lo cierto es que a lo largo y ancho de Bariloche, las construcciones abandonadas son muchas y la mayoría, de larga data y el municipio por el momento, no cuenta con los instrumentos necesarios para agravar los tributos en estos casos. (ANB)

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