25/03/2020

Cómo se vive la cuarentena en los barrios

La situación se agrava en los sectores más carenciados donde la imposibilidad del trabajo informal dificulta la subsistencia económica. En medio, muestras de solidaridad.

Cómo se vive la cuarentena en los barrios
Las necesidades se acrecientan en los barrios de menos recursos.
Foto: Marcelo Martínez,

Por Claudia Olate

Los barrios se ven calmos. Las calles de tierra que muchas veces son testigo polvoriento del pasar constante de vehículos, esta vez, se ven más tranquilas. Algunos almacenes atienden a través del portón y mientras, la gente aguarda en una fila que se extiende por pocos que sean, debido a las distancias que hay que mantener. Los patios son ahora, los lugares de juego de los más pequeños y mientras, en otros sectores, quienes pueden, levantan precarias casas antes de que el invierno los encuentre desprotegidos.

Arrancó el sexto día de la cuarentena obligatoria que implementó el Gobierno Nacional como la mejor y única medida hasta ahora, para prevenir los contagios de Coronavirus. Hasta ayer, el movimiento se redujo muchísimo debido a que pasó el fin de semana y luego el feriado, pero este miércoles, el tránsito se incrementó y no solo en el centro de la ciudad.

Las realidades suelen ser diferentes en distintos sectores de Bariloche y hay barrios más carenciados que otros donde la cuarentena además, impide la posibilidad de hacer un trabajo por horas, “una changa”, que muchas veces es el único ingreso con el que cuenta una familia.

Muchos vecinos utilizan barbijos y/o guantes a modo de precaución para salir a comprar. (Foto: Marcelo Martínez)

“Gracias a Dios tenemos salud, pero no podemos salir a changuear y estamos complicados. Entre todos nos ayudamos y juntamos algo para comer, pero viene jodida la mano”, dice Gastón, uno de los jóvenes que hace un tiempo ocupó un predio ubicado en el barrio Omega y después de tensos días entre el municipio, la Policía y el Ministerio Público, se aquietaron las aguas y comenzaron con la construcción de precarias viviendas.

En el predio hay unas 25 familias. La mayoría de los que permanece allí son hombres, porque las mujeres con los niños se resguardan durante la cuarentena, “para colaborar con todo lo que está pasando”, agrega Cristian, otro joven que con unas maderas y pocas chapas, pasó su primera noche a resguardo, mientras su pequeño hijo y su novia están en otro lugar, sin poder verse por el momento.

El lugar se va a conformar oficialmente como el barrio Ojo de Agua y cuentan hasta con un cartel que hizo un artesano de la madera. Las casillas se levantan con tablones que consiguieron a bajo precio y con lo que puedan ir aportando, pero “la falta de laburo complica todo”, sostienen y añaden que “hay que quedarse en casa ahora porque parece que viene jodido, hay que hacer la cuarentena”.

En la toma del barrio Omega remarcan que la falta de trabajo hace que la cuarentena sea más complicada. (Foto: Marcelo Martínez)

Un poco más allá, la despensa Tres Hermanos, ubicada en el barrio Nuestras Malvinas, atiende a través del portón, un poco por medida contra el coronavirus, otro poco por medidas de seguridad luego de “un hecho muy feo que nos tocó vivir”, explica Viviana desde atrás de las rejas.

La joven cuenta que la venta mermó bastante, pero que siempre hay clientes que acuden a comprar. “Tratan de venir solos, de a uno, y si se juntan varios, hacen fila y respetan la distancia”, sostiene y añade que “la gente tomó conciencia pero todavía ves personas circulando”.

En los almacenes, los clientes respetan la distancia en las filas de espera. (Foto: Marcelo Martínez)

Desde la vereda de su pequeño almacén, José Arpires, conocido como “Pichi”, referente de la biblioteca Néstor Kirchner, toma mates y mantiene la distancia. “Está complicado, mucha gente que labura en la obra, acá en esta cuadra son ocho los que iban a empezar a trabajar en el nuevo colector costanero y ahora todo suspendido”, reflexiona con la pequeña pava de aluminio en la mano.

“Pichi” es conocido y no falta el vecino que le escriba o lo llame para hacerle un pedido de compras que el prepara y luego pasan a buscar, para respetar en lo que más se pueda la cuarentena. “Acá vi a Gendarmería y a Prefectura andar. Yo creo que la gente tomó conciencia”, piensa en voz alta.

Iris Miñoz, al frente del comedor Gotitas de Esfuerzo desde largos años, continúa con la labor social mientras pueda. Aunque ya no se permite tener concentraciones de personas, se las ingenia y junto a dos mujeres que colaboran a diario, cocinan viandas para entregar a unos 130 niños que hasta antes del coronavirus, asistían al lugar a jugar, hacer la tarea y comer.  “Funcionamos como podemos, la gente sigue con necesidad”, manifiesta desde la puerta del lugar. ¿Las donaciones? La gran mayoría de particulares “que siempre ayudan y también desde Capsa donaron viandas”.

En los barrios, los comedores continúan intentando ayudar a quienes menos tienen. (Foto: Marcelo Martínez)

“Desde que empezó todo esto, no hay descanso, todos los días, todo el día hay gente que necesita algo, que no tiene comida”, dice Beatriz en su pequeño merendero que este año pensaba ampliar, pero que dadas las circunstancias, “va a tener que esperar”. Allí, muchos son los vecinos que asisten a buscar una bolsa con fideos, verduras, algo de pan. “Ahora necesitamos urgente leche, harina y azúcar”, dice mientras piensa cómo hacer para recibir y repartir las cosas en un contexto en el que no se puede salir del domicilio por una pandemia mundial.

En los momentos más difíciles, surge la solidaridad

La realidad está difícil para todos. Quienes trabajan en relación de dependencia quizás tienen un presente más seguro, aunque el futuro se presenta incierto para todos, pero esto no impide que la solidaridad prime sobre la preocupación.

La verdulería “Alfredito” es uno de los negocios familiares que intentan dar una mano en medio de una situación desconocida para todos. Como muchos otros comercios locales, le buscaron la vuelta y decidieron accionar. “Fue idea de mi esposa”, dice Alfredo mientras barre las escaleras de ingreso del lugar ubicado en el barrio El Mallín.

La idea fue básicamente, darle una mano a quienes menos tienen. Así, armaron bolsas de cinco kilos en las que incluyeron papas, cebollas, zapallo y otras verduras que aportó un colega del Alto y fueron repartidas en los barrios más carenciados.

“Hay mucha gente que no puede salir a trabajar y que la está pasando muy mal. Lamentablemente a veces quienes más tienen son los que menos dan”, dice con un dejo de tristeza por el momento que atraviesa Bariloche y el país.

En total repartieron unas 50 bolsas, y “pensamos seguir dando una mano cada vez que podamos”, dice sin dudarlo. Alfredo agrega que los precios lamentablemente subieron, a pesar de los pedidos del gobierno nacional y del intento de controles que realizan. “La gente se aprovecha, subió lo que más se consume, la papa, la cebolla, la naranja”.

“Mis hijos y mi señora armaron las bolsitas, todos dieron una mano”, añade Alfredo y se despide en la puerta del negocio donde dice que “la gente solo sale a comprar, no anda nadie por la calle, hicieron caso”.

La realidad de los comercios

Carlos es el dueño de la panadería “Los sureños”. Sacando cuentas, el negocio familiar comenzó hace casi 30 años y hace dos décadas que está ubicada sobre Pasaje Gutiérrez y es famosa por sus tortas fritas, pero ahora “no sé qué vamos a hacer”, expresa sin rodeos.

Son once personas que trabajan en el comercio, pero según manifiesta Carlos, la situación está “muy complicada”. El panadero detalló que las ventas cayeron casi en un 80% y “no sé cuánto vamos a poder sostenerlo”, remarca.

Alfredo y su familia decidieron darle una mano a vecinos que atraviesan una difícil situación económica. (Foto: Marcelo Martínez)

“Los vecinos de acá que tienen comercio están en la misma, le dan franco al personal, trabajan más horas ellos, pero muchos piensan en que van a tener que cerrar”, sostiene y añade “yo ahora quizás cierre unos días, esto es producción diaria, si no la vendo, no sirve y todo es pérdida”.

Los comercios actualmente solo pueden abrir si venden productos esenciales, es decir, alimentos o artículos de limpieza. El municipio implementó un nuevo horario de atención que va de las 9 de la mañana a las 19 para evitar el tránsito en algunas horas.

Los pequeños comerciantes son los más afectados. “La gente tiene que entender que es mejor comprarle a su almacenero que en el supermercado, las grandes cadenas no van a cerrar, los negocios de barrio capaz sí”, remarca Carlos en la puerta de su local mientras ingresa un cliente a comprar solo pan. “Antes pasaban y llevaban tortas fritas, facturas. Ahora compran lo justo y necesario”, finaliza.

#QuedateEnCasa

Los vecinos intentan, a su modo, colaborar en la cuarentena obligatoria que en principio, durará hasta el 31 de marzo.

La mayoría intenta salir de manera individual a comprar lo esencial, mantienen las distancias incluso desde el portón, pocos son los que atinan a saludar y ya muchos incorporaron el choque de codo como el nuevo y clásico beso argento al que todos estamos acostumbrados.

Los vecinos aportan su granito de arena en la concientización sobre la cuarentena. (Foto: Marcelo Martínez)

Y también, hay quienes le ponen ese toque de “onda” como una familia que vive en una zona por demás transitada. Allí, en el alambrado de su terreno colgaron una bandera con el hashtag más usado en los últimos días: #QuedateEnCasa.

“Lo hizo mi hermana anoche porque veíamos que todo el tiempo pasaba gente, y no solo autos, gente caminando por la ruta (Juan Marcos Herman)”, explica Verónica mientras de fondo suena la música y su familia se divierte en el interior de la vivienda. Así fue que idearon la manera de crear conciencia desde el aislamiento, para que la cuarentena se cumpla efectivamente. (ANB)

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