15/10/2017

La sexualidad, un derecho

Nuestro columnista y psicólogo Gustavo Marín analiza un tema de debate constante.

La sexualidad, un derecho

Psicólogo y escritor.

(+ Info)
C

ursé el secundario en el Colegio católico Domingo Savio en la década del 80 donde solo asistíamos varones.

La enseñanza religiosa era parte de la educación integral, y parte de la misma consistía en participar de las misas y confesarse. Al confesarnos, los curas no preguntaban sobre que pecados habíamos realizado y se centraban en un pecado particular “la masturbación”. Siempre nos preguntaban si nos masturbábamos. Mis compañeros negaban dicho acto y les llamaba la atención que yo les decía la verdad a los curas, imagino que era mi único acto de libertad y rebeldía,  ya que en esa época era muy tímido e inhibido. Además el castigo por masturbarme, no lo veía tan grave, solo un sermón del religioso y rezar varios Padre nuestro y Ave María. Así fue como me enteré que la religión y la sexualidad no se llevaban muy bien.

La sexualidad del ser humano se ha ido significando a lo largo de la historia, de distinta forma: a veces como natural, otras como pecaminosa, también como enfermante, debilitante, perversa y también como saludable, placentera, potenciadora, espiritual. Hoy en día estas significaciones se siguen alternando, lo cual crea una gran confusión. A pesar de las evidencias científicas de que la sexualidad es inseparable de nuestra condición humana, se la sigue negando. Esta negación de la sexualidad tiene sus raíces en valores sociales (pre-juicios) y religiosos muy primarios, y por lo tanto, no son fáciles de modificar.

He recibido en mi consultorio a muchas personas adultas bien instruidas, con una gran culpa por masturbarse, afectando esto su sexualidad debido a la inhibición y ansiedad que esto produce, y en donde mucho tuvo que ver la enseñanza religiosa. Ante esto la buena información es muy importante y alivia, ya que permite salir de la ignorancia y la culpa. Cualquier libro serio de sexualidad explica que la masturbación no es ni un pecado ni una perversión. Al contrario, es algo natural y hasta necesario y recomendable para el desarrollo pleno de un ser humano (varón o mujer) a cualquier edad, para el auto conocimiento, el auto placer y es utilizada en procesos de recuperación de distintas disfunciones sexuales y esto es ampliamente explicado por importantes sexólogos de nuestro país  como el Dr. Leo Gindin, Juan Carlos Kusnetzoff,  Adrián Sapetti, María Luisa Lerer.

Un sector importante de la Iglesia católica tradicional con sus pompas y solemnidad, su autoritarismo y moralismo, se ha alejado de la verdadera espiritualidad. A través de mi desarrollo personal y profesional, pude darme cuenta que el camino de convertirnos en personas integras y felices, se relaciona con ser plenamente carnales (gozar de los placeres de la vida, con sexualidad incluida) y a la vez desarrollar una espiritualidad inteligente y profunda, que da sentido a la vida, que brinda valores humanos y permite descubrir nuestra verdadera identidad y no vivir en función del Ego (que se piensa separado de la fuente, de las demás personas y el mundo).

Thomas Moore, escritor best-seller, licenciado en teología, musicología y filosofía, estuvo 12 años como monje en una orden religiosa católica, y nos relata en su libro “El cuidado del alma”, como sus maestros religiosos intentaban que olvidara su naturaleza erótica, haciéndole creer que era incompatible con la espiritualidad. El Profesor Moore nos resalta que este es un gran error, que no hay que ser sexualmente reprimido para mantener un desarrollo espiritual pleno. “Podemos ser éticos en nuestras relaciones sin considerar la sexualidad como un instinto diabólico que perjudica nuestra espíritu.” De hecho la sexualidad satisfactoria potencia la evolución espiritual. Además Moore alerta sobre los peligros de la represión sexual en general y en particular en los religiosos, ya que esto puede llegar a deprimir, a sentirse confundido, irritado, o bien caer en el peor moralismo (obsesión por todo lo sexual). Y para algunos religiosos es tanta lo opresión que ejercen sobre sí mismos para reprimir su sexualidad, que esta termina igual surgiendo de manera impulsiva y compulsiva,  y es así que contamos en el mundo con una gran cantidad de abusos sexuales de religiosos a personas en situación de vulnerabilidad.

Sigue siendo urgente y necesario que las autoridades de la Iglesia y la comunidad eclesiástica en su totalidad revisen seriamente su actitud negativa y represiva de la sexualidad, basándose erróneamente en prejuicios sin fundamentos científicos, causando un gran perjuicio para la comunidad toda.  

William Blake decía que el cuerpo es el alma manifestada por los sentidos. Razón que le doy, ya que en general se piensa el cuerpo como algo físico, concreto y palpable, y a la espiritualidad (el alma) como algo abstracto, sin consistencia. Esto de pensar el cuerpo por un lado y el alma por el otro, es producto de nuestra rígida y dicotómica (dualista) forma de pensar occidental y materialista (también así pensamos de forma absolutista que las cosas son blancas o negras; hay buenos y malos; lindos y feos; inteligentes o tontos; fracasados o exitosos).

En realidad la espiritualidad, tomando a Blake, es algo a descubrir a través del tacto, el olfato, el oído, el gusto, la vista. Es a través del cuerpo, que se vislumbra, vive y experiencia la espiritualidad.  Sin cuerpo no hay espiritualidad posible, o por lo menos “espiritualidad sentida y vivida”.  

Hoy la pornografía nos inunda desde los medios de comunicación (tele, Internet, revistas, películas), hay sexo exagerado, burdo y en cantidad, pero falta calidad. El capitalismo y consumismo  ha impregnado la sexualidad y la ha convertido en una mercancía más, dejándola vacía y sin alma. En los trastornos alimenticios hay una desmesura y contrariedad con la comida y para su tratamiento se busca que la persona recupere el placer y la naturalidad en el acto comer. Lo mismo acontece con la sexualidad. El sexo, o el buen sexo va ligado a la imaginación, los sentidos, la sensualidad y al tiempo. Sí, TIEMPO, porque el tiempo es lo que permitirá la Calidad, ya que así nos podemos relajar y darnos todo el tiempo y permiso para explorar, sentir, jugar, disfrutar, experimentar, dejándonos llevar por las Diosas Venus y Afrodita.

Por eso hay que seguir hablando de sexualidad para devolverle su “alma”, su sentido, su humanismo, su misterio.

El buen sexo es tan profundo, que en su corazón nos habla también de la muerte, porque en el encuentro sublime entre dos cuerpo (cada uno con su alma), los límites se borran,  uno es uno con el otro, y ambos nos disolvemos en el Orgasmo Cósmico. De hecho los franceses llaman al orgasmo “le petit mort”, que significa “la pequeña muerte”, aludiendo a esta disolución. El buen sexo, nos hace humildes, nos humaniza, nos relaciona, nos invita a solar el control, nos comunica a un nivel profundo, nos descansa, nos alegra la vida y nos coloca con los pies en este mundo y en el Otro.  

A medida que he ido profundizando en la espiritualidad, ya sea con meditación, lecturas y diversas experiencias, me he ido tornando mucho más sexual. Las religiones  han tenido que ver para que se contrapongan estos dos aspectos: espiritualidad y sexualidad, y así crear confusión. Lo valioso de la Sexualidad y la Espiritualidad bien entendida, es que van juntas y nos puede conducir a la vida plena y a la liberación interior.

La ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD O.M.S. brinda esta definición referida a la Sexualidad: “La salud sexual es la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación  y el amor. Presenta decisiva  importancia desde ese punto de vista el derecho a la información sexual y el derecho al placer.”    

El último párrafo de esta definición  alude claramente a  que la información sexual  y el placer (o sea , el ejercicio de la sexualidad toda), es un derecho de todas las personas (sanas y enfermas, de todas las edades), es por ello que tantos a los jóvenes como a los adultos mayores debemos ofrecerles  un importante apoyo y contención, estar sensibles y abiertos a sus demandas cuando requieran  información, orientación, espacio y lo  más importante, permiso,  para que vivan su sexualidad  sin culpa y con dignidad.

Autor : Nico
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