¿Cómo es vivir en uno de los barrios más alejados del centro? | ANBariloche
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¿Cómo es vivir en uno de los barrios más alejados del centro?

Villa Llanquihue se levantó hace más de 50 años a unos 23 kilómetros del Centro Cívico. Su gente lo elige sin pensarlo, por la tranquilidad que hay atrás de los árboles que lo esconden de la avenida Bustillo.
24/04/2017 00:00 Hs.
Llanquihue significa "lugar sumergido" en lengua mapuche.
Llanquihue significa "lugar sumergido" en lengua mapuche.

El viaje acompaña. Los paisajes, aunque ya cotidianos, nunca dejan de asombrar. Es que son 23 kilómetros los que separan al barrio Villa Llanquihue del centro de la ciudad y en camino se puede apreciar lo que distingue a Bariloche como lugar turístico. El barrio está casi escondido por la misma geografía del lugar, pero un pequeño cartel advierte sobre la existencia de lo que supo ser zona de campo hace más de 50 años atrás.

En el barrio hay más de 160 lotes, lo que arroja una cantidad aproximada de 850 habitantes según los cálculos que saca en el aire Graciela, presidenta de la junta vecinal. El barrio se construyó de a poco, con el esfuerzo de los vecinos, como la mayoría de los barrios barilochenses.

Desde la entrada, no se ve el barrio que se erige en el bosque. Foto: Emiliano Rodríguez.

La distancia con el resto de la ciudad hacen que quizás Villa Llanquihue sea un micromundo. La gente viaja al centro si es exclusivamente necesario y en cada viaje “aprovechamos para hacer todo”, dice Blanquita, otra de las vecinas y referente barrial por su trabajo en la Capilla y en el “jardincito” para niños, como le dicen en el barrio. “Cuando vamos al centro, volvemos como mulas, todos cargados”, dice entre risas la mujer.

Además de las distancias, ir y volver al radio céntrico les implica más de 50 pesos en pasajes de colectivo por persona. Esto también influye en la vida cotidiana de cada familia: “casi no nos visitan mucho los parientes o amigos que viven allá”, explica Graciela. Además, el colectivo los deja sobre la avenida Bustillo y a algunos les queda un extenso trecho por recorrer cuesta arriba por entre los árboles.

La Junta Vecinal está integrada únicamente por mujeres. Foto: Emiliano Rodríguez.

La vida barrial se vive con intensidad en el Centro Comunitario, donde funciona el espacio para los más pequeños que de 14,30 a 16,50 tienen un jardincito con juegos, espacios para aprender  y un lugar donde tomar la merienda. Actualmente concurren alrededor de 30 niños, y no todos son del barrio, sino que muchos padres de barrios vecinos deciden acercar a sus hijos.

El lugar fue construido hace unos 30 años atrás, luego de que una vecina donara una casilla de madera que supo ser también la capilla del barrio. Luego, con el trabajo mancomunado de todos pudieron ir ampliando y construyendo lo que finalmente tienen hoy, un edificio donde se realizan cursos, capacitaciones y por supuesto, festejos barriales.

El barrio cuenta con dos plazas, un Centro Comunitario y cinco iglesias. Foto: Emiliano Rodríguez.

Hace 10 años se constituyó formalmente la Junta Vecinal y esto fue un logro para los vecinos que de esta manera pudieron independizarse de otros barrios. Con la organización vecinal comenzaron a trabajar antes que nada, en la manera de regularizar los lotes ya que el barrio se creó desde una ocupación.

“En 2008 se creó la ley Llanquihue, mediante la cual íbamos a poder regularizar los lotes, pero todavía falta una firma para poder comenzar a trabajar con eso”, indicó Graciela. De todas maneras, la Junta Vecinal sirvió para otros proyectos también. En 2008 presentaron un proyecto que fue aprobado y lograron conectar el gas a la mitad del barrio que no contaba con el servicio. “Nación aportó dinero y un artefacto para cada hogar, así logramos ayudar a 25 familias más”, contó con orgullo la actual presidenta de la junta, que está integrada exclusivamente por mujeres.

La iglesia data desde la época del Centro Comunitario. Foto: Emiliano Rodríguez.

La vida comunitaria también incluye festejos en Llanquihue, y cada Día del Niño se celebra a lo grande. “Desde la Cooperativa de Electricidad Bariloche siempre nos dan una mano, los hoteles Llao Llao y Amancay también están presentes con tortas y cosas ricas”, relató Graciela y añadió que “es muy importante la contención de los niños porque estamos tan lejos del resto de la ciudad que hay muchas cosas que ellos no pueden vivir como el resto”.

En el barrio hay numerosas iglesias, de distintas religiones. Además viven personas de distintos países, “y todos se integran a todas las actividades  y a la vida del barrio”, consideró Graciela. Fueron los mismos vecinos los que nombraron algunas calles que no tenían señalización. Así, los antiguos pobladores del lugar y vecinos referentes de Llanquihue.

Los nombres de algunas calles fueron elegidos por los propios vecinos. Foto: Emiliano Rodríguez.

Una de las mujeres que creció junto al barrio fue Lycha, conocida por todos, “familiar de medio Llanquihue” según indicó divertida, Blanquita. Amante de las plantas, tiene su huerta al fondo del patio, con variedad de verduras y frutas, incluso hasta uvas: “¡¿Quién diría que en Bariloche tenemos uvas?!” se preguntó Graciela mientras comía algunas que le alcanza Lycha.

“Tenía 14 años cuando me vine a vivir a esta zona, no había nadie, éramos menos de 10 familias y el colectivo pasaba cada 4 o 5 horas”, recuerda la mujer al costado de su cocina a leña donde hierve una olla en la que preparaba berenjenas al escabeche. Lycha no duda en afirmar que ahora el barrio está “muy lindo, pero hay cosas por arreglar”, sostuvo.

El barrio tiene dos sectores separados por la geografía del lugar. Foto: Emiliano Rodríguez.

Entre esas cosas para mejorar, los vecinos coincidieron en que es necesaria una obra de pluviales, ya que hay partes que se inundan con facilidad durante el invierno o los días de lluvia intensa.  “Que nos den los caños aunque sea y nosotros los ponemos”, dijo Lycha sin acobardarse por el trabajo que haya que hacer.

Los vecinos caminan por las calles y de fondo se ve el lago, imponente. Hacia el otro lado, las montañas coloreadas por el otoño le dan el marco perfecto al barrio y confirman lo que no dudaron en afirmar ninguno de los habitantes: “acá vivimos tranquilos”. (ANB)

¿Cómo es vivir en uno de los barrios más alejados del centro?
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