Solo le pido a Dios | ANBariloche
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Solo le pido a Dios

22/05/2016 00:00 Hs.
Solo le pido a Dios
Solo le pido a Dios

Ayer cuando Bergoglio era Arzobispo Primado de Buenos Aires y tenía la osadía de criticar al gobierno por los altos índices de pobreza y de desigualdad social, la oposición de aquellos tiempos lo transformó en un cruzado que venía a combatir a los herejes, la propia diputada defensora de las grandes causas perdidas utilizaba una gran cruz en el pecho para protegerse del mal, mientras que el gobierno nacional lo acusaba al sacerdote jesuita de hacer política partidaria neoliberal.

Hoy transformado en el Papa Francisco, mantiene su visión humanitaria y social de la economía, su palabra directa y sincera desprovista de toda ideología política partidaria se convirtió para los que ayer eran oposición y hoy gobierno en un militante de una Unidad Básica y para los que gobernaron el país hasta el 10 de diciembre en un hombre progresista.    

El Papa Francisco siempre fue el mismo, no cambió. Cuando ayer era el gran canciller de la Universidad Católica Argentina y advertía de los altos niveles de pobreza que tenía el país y hoy ratifica que los mismos índices empeoraron, nos está mostrando que su posición frente a la inclusión y la integración social se mantiene firme, no así los responsables de producir los cambios que solo tienen expresiones mediáticas grandilocuentes.

Su visión basada en la doctrina social de la Iglesia y no sobre tecnicismos, se refiere al “trickle down” (Teoría del derrame) con una simplicidad, profundidad y realidad que desnuda esta teoría neoliberal que nos quieren imponer desde el poder como la panacea a los problemas económicos sociales del país (Ejemplo: Eliminación de las retenciones al campo).

En el punto 54 de su exhortación apostólica “Evangelii gaudium” (de noviembre de 2013) expresa: "Algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando". 

En un reportaje que le hicieron en el periódico La Stampa ratifica su pensamiento sobre la teoría del derrame: "Se supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Se prometía que, cuando el vaso hubiera estado lleno, se habría desbordado y los pobres se habrían beneficiado. En cambio sucede que, cuando está lleno, el vaso, por arte de magia, crece y así nunca sale nada para los pobres".

Esta posición sin lugar a dudas desnuda el porqué de la creación de los paraísos fiscales donde ese dinero que debería ser derramado hacia la sociedad son escondidos para evitar tributar impuestos que volcados a la economía formal del país mejorarían el nivel de vida de la sociedad.

En una audiencia con miembros de la fundación "Centesimus Annus" en el Vaticano decía que "la lucha contra la pobreza no es sólo un problema económico, sino también moral, que llama a una solidaridad global y al desarrollo de un enfoque más equitativo hacia los necesitados y las aspiraciones de los individuos y pueblos de todo el mundo".

"Una visión económica orientada al beneficio y al bienestar material es, como muestra la experiencia cotidiana, incapaz de contribuir en modo positivo a una globalización que favorezca el desarrollo integral de los pueblos en el mundo, una justa distribución de los recursos, la garantía de trabajo digno y el crecimiento de las iniciativas privadas y las empresas locales", dijo y agregó que "una economía de la exclusión y de la inequidad ha llevado a un gran número de personas descartadas como improductivas e inútiles"

Como se puede observar la visión que tienen nuestro Papa Francisco sobre la economía es muy clara y precisa, nos muestra el camino que deberíamos transitar para lograr una sociedad más justa y equitativa. No le pedimos a nuestros dirigentes que sean como San Francisco de Asís, que de ser hijo de un rico comerciante de la ciudad en su juventud, pasó a vivir bajo la más estricta pobreza y observancia de los Evangelios, solo le pedimos como dice la canción de León Gieco:  que el dolor no le sea indiferente, que la reseca muerte no lo encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente...

 

*Contador Público. Asesor y consultor.