"Ave Fénix", de Christian Petzold. El Milagro Alemán. | ANBariloche
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"Ave Fénix", de Christian Petzold. El Milagro Alemán.

No creo que la veamos en salas de cine de nuestra ciudad. De hecho, duró muy poco en la cartelera porteña. Pero el cine se muestra de formas misteriosas y gracias a ello podemos disfrutar del film tal vez, pecando en internet.
19/04/2015 00:00 Hs.
"Ave Fénix", de Christian Petzold. El Milagro Alemán.
"Ave Fénix", de Christian Petzold. El Milagro Alemán.

No siempre los primeros dos o tres minutos de una película conquistan nuestra atención. 

Y esto no quiere decir que si no lo hacen, las películas son malas o carentes de interés. Es más, en varias ocasiones, ese comienzo promisorio se va diluyendo en una marisma de lugares comunes y golpes de efecto que hasta muchas veces nos hacen abandonar el visionado.

Y en muy pocas oportunidades, esos dos o tres exelentes minutos iniciales se mantienen hasta los créditos finales y porque no, persisten por días, meses y años. Ave Fénix es de éstas; la última película del director alemán Christian Petzold adhiere claramente al cine clásico, ese cine de antes, ese que cuando uno le preguntaba a alguien, decía: "una película que te cuenta una historia muy bien"; "una película bien contada". 

En el caso de "Ave Fénix",  sus dos o tres primeros minutos practicamente condensan y contienen a todo el film. Allí, en esa primera escena nocturna, se pueden encontrar las coordenadas (2014) temáticas y formales de todo el film. Hay allí decisiones de qué mostrar y qué ocultar, de cómo emocionar y conmocionar al espectador cautivado a partir de lo que podríamos llamar la escencia, el alma de esta maravillosa película, inexplicablemente rechazada para el festival de Cannes que se celebrará en pocos días.

Del comienzo de "Ave Fénix", solo decir que hay dos mujeres que llegan a un puesto de control en la entrada de Berlín,  poco tiempo después de finalizada la segunda guerra mundial. Van en un auto. Una de ellas, la acompañante, tiene todo el rostro vendado. Los soldados norteamericanos las tratan bastante mal y obligan a Nelly a quitarse las vendas. No vemos su rostro, sólo la reacción del soldado que inmediatamente después, las deja entrar a la ciudad.

Berlín está destruída. Edificios en ruinas, demoliciones y polvo en suspensión se mezclan con sombras largas en la noche y cabarets de luces rojas. Uno de ellos se llama como la película "Phoenix", y allí trabaja quien fuera en el pasado el marido de Nelly.  Nadie sabe que ella logró sobrevivir a un campo de concentración. Nadie sabe que está de vuelta en Berlín. Nelly aparece en estos primeros minutos del film, tironeada entre la propuesta de su amiga de ir a vivir a lo que será en un futuro cercano el estado de Israel y el deseo de reencontrarse con su marido. También hay una operación, una cirujía plástica que va a darle (nueva) forma al rostro mutilado de la ex cantante judía que vuelve a encontrarse con su ciudad y los fantasmas cercanos de un infierno vivido en carne propia.

Nelly es interpretada  por la brillante Nina Hoss, actriz fetiche de este gran director alemán de cincuenta y cinco años y una decena de film, entre los que destacan "Bárbara, (2012)" y "Yella, (2007). Hoss puede contarte como se siente Nelly en su amplio deambular dramático con sólo mover algún miembro de su cuerpo, o apelando a sus expresivos ojos o dándole al personaje, una forma de caminar inolvidable. Hoss logra transferirle a su cuerpo todos los sufrimientos del holocausto sin caer en el subrayado ni en el golpe bajo. Asimismo puede insuflarle tanto pasión y optimismo como frío cálculo en una maniobra de pocos segundos.

Volviendo a la historia de esta apasionante película, podemos decir que Nelly toma una desición en un determinado momento y, al melodrama como género se le suma el trhiller. ¿Qué pasará? ¿La reconocerá el marido? ¿Podremos entrever algunas marcas del cine de Alfred Hitchcock, fundamentalmente de "Vértigo"?

No conviene seguir con el desarrollo de la trama, ya que la sorpresa, sin ser todo, suma bastante al conjunto. Sí, decir que el trabajo de puesta en escena de Petzold es realmente brillante, sutil y preciso. De hecho, cuando uno piensa en el final, se encuentra con la paradoja de que, es sorpresivo y al mismo tiempo es el único posible. La resolución de la historia se da en una escena memorable. Allí, Nelly comienza a hacer algo y, a los segundos de ello, los espectadores nos damos cuenta de cual es la jugada y decimos: "claro...claro que sí...es lo que tenía que pasar".