"Fargo", la serie | ANBariloche
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"Fargo", la serie

Una de las cinco mejores películas de los hermanos Coen es, sin dudas, Fargo (1996). Nadie que la haya visto se olvidará fácilmente de la mujer policía embarazada, de la forma de hablar de los habitantes de Minnesota, de los gélidos paisajes y del patetismo de varios de sus personajes. Fargo, la serie, es una producción de los hermanos Coen, que anclando en el espíritu que dio identidad y calidad a su antológico film, encuentra la excusa en otras anécdotas, para seguir filmando la misma película.
07/06/2014 00:00 Hs.
"Fargo", la serie
"Fargo", la serie

Las ciudades no son las mismas, los personajes tampoco y los sucesos que se relatan en película y serie tienen la única coincidencia de ser, tal cual lo dicen los títulos al inicio, "hechos reales". Al igual que en la película, esto es absolutamente falso. Lo que si es cierto, es que Fargo (la película) fue odiada por los Minnesotanos y la serie probablemente siga el mismo camino. Recordemos que la imagen que tanto el film como la serie dan de sus habitantes, no es la mejor. Para complicar un poco mas el panorama, hay que aclarar que en la serie, la mayor parte de la acción, ocurre en dos ciudades (Bemidji y Duluth) del estado de Minnesota; en cambio Fargo, no queda en ese estado; está justo en el límite, pero pertenece a Dakota del Norte. No pretende esto ser una clase de geografía sobre el Midwest norteamericano, sino de intentar situar al futuro espectador dentro de las coordenadas del universo Coeniano, tan a veces enrevesado. Los límites interestatales y las imprecisas pertenencias de las ciudades bien pueden compararse con la facilidad de los cineastas de acercarse a cualquier género cinematográfico, e incluso pasarse a la producción televisiva de series o miniseries.

Y hablando de límites, tengo que decir que las situaciones de la trama y las características de sus personajes parecieran estar siempre al límite. Los Coen, a través de otros guionistas y otros directores han pergeñado una temporada de diez capítulos (aún no ha terminado) que busca el guiño permanente con el film, al tiempo que se desmarca, ya sea en los vericuetos del argumento, como en la aparición (y desaparición también) de sus muchos personajes.

Verán que hay una mujer policía, que podría ser la "Marge" que en 1996 interpretó Frances Mc Dormand y por la cual ganó un Oscar como mejor actriz y que en este caso se llama Molly; hay un vendedor de seguros muy parecido al vendedor de autos que interpretaba William H. Macey y que en la serie es interpretado por el gigante Martin Freeman (El Hobbit, Sherlock). Y como novedad, no tenemos a un par de inexpertos secuestradores sino a un malvado personaje llamado "Lorne Malvo" mezcla de algunos de los personajes de los films de los Coen, fundamentalmente del Anton Chigugh que personificó Javier Bardem en "No Country for Old Men". Malvo descansa en el cuerpo y el flequillo del actor Billy Bob Thornton, que es junto con Freeman, la encarnación del mal que sólo podrá (tal vez) ser contrarestada por la obsesiva actuación de una mujer policía que luchará contra las adversidades y palos en la rueda que su propio jefe y la mediocridad minnesotiana le imponen a cada rato.

El humor negro, el cinismo y cierta misantropía tan características de los Coen, fluyen esta vez al compás de ingeniosas vueltas de tuerca e inesperadas situaciones. Como en muchas películas de los prolíficos hermanos (que nacieron en Minneapolis, Minnesota) a uno le cuesta identificarse con algún personaje; pasa que están los muy estúpidos y/o los muy malos y pocas veces queda alguno con el cual poder transitar la historia de su mano.

En 1817, el filósofo Samuel Coleridge, acuñó el término "suspensión de la incredulidad", que decía mas o menos que: si un escritor podría infundir un "interés humano y una apariencia de verdad" en un cuento fantástico, el lector podía suspender el juicio sobre la inverosimilitud de la narración. El cine es prácticamente un monumento a este principio. Creemos como verdad lo que pasa sobre un rectángulo de tela blanca, incluso cuando lo que pasa, es en blanco y negro. Los Coen conocen bien el procedimiento, saben como articularlo a través de una utilización brillante de las herramientas que le brinda el lenguaje cinematográfico. Viendo Fargo (la serie) suspendemos la incredulidad a pesar del poco "interés humano" que sus criaturas ostentan.

La serie es bien disfrutable. Entre lo mejor, destaco las primeras escenas de cada uno de sus capítulos, aparentemente desconectadas de la trama subsiguiente, y brindando momentos de cierta subversiva poética, inusual en las series de televisión, salvo claro de la obra maestra llamada Breaking Bad.

En caso de no haber visto todavía Fargo (la película), aconsejo hacer ello en primer lugar y luego si, dejar macerar y entrarle a la serie.

Por Mariano Benito