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Diez homicidios en Bariloche durante 2013: violencia y crisis social

Peleas entre e intra familiares, ajustes de cuentas, disputas territoriales por la venta de drogas, o la violencia por la violencia misma dejaron como saldo en 2013 al menos diez personas muertas y una numerosa cantidad de heridos. Referentes de organizaciones sociales consultados por ANB coincidieron en que la mayoría de los crímenes están relacionados con situaciones de vulneración social y ausencia del Estado en sus diversas formas. Los protagonistas y víctimas de los hechos tenían menos de 35 años, jóvenes en muchos casos sin trabajo, contención, ni proyectos. Informe de ANB.
03/01/2014 00:00 Hs.
Diez homicidios en Bariloche durante 2013: violencia y crisis social
Diez homicidios en Bariloche durante 2013: violencia y crisis social

Por Nicolás Malpede

Fueron por lo menos una decena las víctimas fatales por hechos de violencia en Bariloche, durante 2013. El número podría ser mucho mayor, ya que un rápido repaso por lo sucedido arroja un saldo de centenares de heridos.

Lejos del debate sobre la inseguridad, entendido en términos de ocurrencia de hechos delictivos, el denominador común de cada uno de los casos es el alto grado de violencia reinante y la vulneración social como telón de fondo.

Peleas entre familias, riñas puertas adentro de los grupos familiares, ajustes de cuentas, hechos ocurridos como consecuencia de la ingesta desmedida de alcohol, disputas de territorio para la venta de drogas, y la sin razón de la violencia como expresión naturalizada de las relaciones personales y sociales.

La mayoría de las víctimas fatales tenían menos de 35 años, y el promedio no llega a 30.

Algunos hechos:

El primer hecho trágico de 2013 ocurrió la noche del 18 de enero. Calixto Painefil (30 años) viajaba en un colectivo de la empresa CODAO sin saber que ese viernes iba a ser el último día de su vida.

En el barrio Omega, tres sujetos se subieron al ómnibus y emprendieron un feroz ataque contra Painefil, quien recibió un disparo y varios puntazos. Pero la situación siguió, ya que los agresores obligaron a su víctima a bajar del rodado y finalmente lo asesinaron, en plena calle. La hipótesis más sólida que surgió de las investigaciones policiales es que se trató de un ajuste de cuentas.

A menos de un mes de ese suceso, llegó el segundo crimen del año. Esta vez, la víctima fue Lucas Bascur, un muchacho de 26 años que había salido del Penal local hace pocos días.

El sábado 10 de febrero Bascur fue baleado mientras conducía una moto. El disparo que tuvo como destino su pecho, fue letal. Murió en el acto. No lo atacaron para robarle. Al parecer, también se trató de un ajuste de cuentas.

Paula Vera falleció el viernes 12 de abril a las 00,45 horas, producto de un disparo que recibió en la cabeza unos días antes del deceso. Dos sujetos que se trasladaban en motocicleta tirotearon su vivienda ubicada en la calle Beschtedt, a pocos metros de Hermite, donde se encontraba la víctima. Paula tenía 28 años.

Una vez más la hipótesis más importante que surgió de los trabajos de investigación realizados por la Policía es que se trató de una "devolución de favores", vinculados a otros hechos. Es que un hermano de Vera está sospechado de haber participado en el asesinato de Lucas Bascur.

El 20 de mayo, en la esquina de Onelli y Rosales fue acribillado el sargento de la Policía Luciano Churrarín. Vestía de civil y fue interceptado mientras hacía compras.

Tras el aviso de un vecino, el domingo 16 de junio efectivos policiales concurrieron al playón deportivo del barrio 28 de Abril y se sorprendieron ante el escenario con el que se encontraron. Había cinco personas tiradas en el suelo, con lesiones de arma blanca. Minutos antes dos grupos antagónicos habían protagonizado una gresca. Finalmente, dos jóvenes murieron por las heridas que padecieron en medio de una verdadera batalla campal.

A principios de diciembre, otro joven perdió la vida luego de recibir una serie de puñaladas en el abdomen y en la zona toráxica, durante una pelea entre varias personas, en el barrio Arrayanes. El muchacho tenía 27 años y falleció antes de llegar al Hospital.

Vilma Giselle Monje era una militante radical de 21 años. El pasado 11 de diciembre fue encontrada sin vida, en un descampado del barrio Vivero. La autopsia que le realizaron al cuerpo de la chica determinó que fue ultimada con dos puñaladas en el cuello. Monje era testigo del crimen de Lucas Bascur. Otro posible caso de ajuste de cuentas.

Los casos consignados no fueron los únicos que ocurrieron en 2013, pero los que no se detallan tienen motivaciones similares. Hechos que se relacionan o se cruzan, con características y finales parecidos.

Pero ¿cuáles son los motivos por los cuales se producen estos feroces enfrentamientos? "Es un problema cultural. La mayoría de los pibes que viven en los sectores populares de la ciudad tienen vidas parecidas. En el 80 por ciento de los casos, la figura del padre está ausente y esto significa que crecen sin límites y sin un ejemplo a seguir que les enseñe que hay que salir a trabajar para ganar dinero dignamente", explicó a ANB Fernando Fernández Herrero, propietario del portal de noticias Mensajero Digital y uno de los impulsores de Comunidades de Vida, un proyecto de integración dirigido a chicos vulnerados que no estudian ni trabajan.

"Los jóvenes terminan construyéndose en la calle. Allí aparece el alcohol, la droga y otras tentaciones que surgen para ganar dinero fácil. Son historias calcadas que comenzaron a gestarse en la década del '90 a partir de la implementación de las políticas neoliberales", agregó.

"Empiezan a andar por las calles armados y alcoholizados y otra cosa triste es que inician la vida reproductiva muy temprano", sostuvo, y consideró que el Alto "es una fábrica de replicar pibes sin familias".

"Los fines de semana no valen la pena si no se emborrachan", dijo, al tiempo que destacó que "cada vez toman más y por lo tanto se vuelven más agresivos".

Los integrantes de organizaciones sociales que dialogaron con ANB hicieron especial hincapié en que los jóvenes que protagonizan hechos conflictivos, carecen de proyectos. Aseguraron que no le dan valor a sus vidas y que no ven un horizonte de donde agarrarse para salir adelante.

Indicaron que los disparadores de muchas peleas son disputas de territorios por venta de drogas, pero aclararon que también pueden ser situaciones cotidianas, vinculadas con temas mundanos, como molestarse porque el vecino escucha la música fuerte o tiene el perro suelto.

"Los que tienen entre 16 y 22 años son los que están en la situación más complicada. Se encuentran en el ojo del huracán y naturalizan la violencia", dijo Fernández Herrero, y afirmó que luego de esta etapa algunos forman una familia y "zafan", pero otros "terminan de la peor manera".

El también docente en un colegio del Alto sostuvo que toda esta "triste y difícil realidad" que existe en la ciudad, motoriza los enfrentamientos entre familias que derivan en personas muertas.

Mientras aumentan los asesinatos, las medidas que se ejecutan desde el Estado para paliar la situación, "no alcanzan y no sirven", entendió Fernández Herrero, quien brinda diversos talleres en la escuela Don Bosco del barrio El Frutillar.

"Muchos programas sociales están desfinanciados o generan que la gente obtenga el dinero sin trabajar", cuestionó, aunque remarcó que "el gobierno nacional ha intentado mejorar lo que está pasando con algunas iniciativas".

A su vez, reconoció que "no existen soluciones salvadoras que puedan aparecer de un día para el otro. El asunto es complejo y requiere de un trabajo de fondo, que es a largo plazo pero que hay que comenzar ya", añadió.

"Igualmente, hay cosas que deben cambiar. Al Ejecutivo provincial le cuesta 10 mil pesos por mes mantener a un preso en una alcaidía. Se desembolsa una cantidad enorme de dinero para que estén en un lugar del que salen peor de lo que estaban antes de ingresar, porque no hacen nada productivo", señaló.

Opinó que la implementación de cambios en el sistema educativo podría ser un punto de partida para comenzar a desarticular este circuito plagado de violencia, delincuencia, drogas y alcohol, en el que la palabra "proyecto" no encaja.

"Hay que invertir en una educación alternativa que apunte a la enseñanza de un oficio, porque los chicos no tienen la capacidad suficiente para cursar en una escuela secundaria tradicional, con 12 materias", dijo Herrero.

"Tienen que empezar a recibir capacitación para poder insertarse en el ámbito laboral y para que puedan comprender de a poco que es posible ganar plata gracias a su trabajo", destacó. "En el medio de este proceso, los docentes y talleristas pueden ir incorporando teoría, pero lo fundamental es que aprendan un oficio", insistió.

Para Fernández, el profesor hoy en día debe focalizar también en la profundización de la socialización entre los chicos. "Les cuesta vincularse sin actos agresivos y eso hay que tratar de revertirlo", aseveró.

Por su parte, Luis Fernández, referente de Grupo Encuentro, señaló que el alto grado de violencia que existe en la ciudad, se debe a "una conjunción de factores y no a uno solo".

Mencionó que desde hace varios años "dejaron de funcionar centros recreativos para pre-adolescentes que son importantísimos para que los chicos tengan un lugar de encuentro, un espacio para desarrollar actividades de distinto tipo".

"Esos ámbitos fueron suplantados por la calle, con todos sus peligros", remarcó.

"Muchos jóvenes vienen golpeados desde pequeños, por cuestiones que ni ellos mismos son capaces de entender", sostuvo. Fernández, quien trabaja hace más de 15 años con niños y adolescentes, confió finalmente: "Estamos notando cómo la violencia va creciendo por caminos que no imaginábamos y esto es terrible". (ANB)