Priebke tuvo trato de "buen vecino" hasta su extradición | ANBariloche
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Priebke tuvo trato de "buen vecino" hasta su extradición

Erich Priebke vivió 40 años en Bariloche sin problemas por sus crímenes de guerra y su pasado como oficial nazi, e incluso gozó de un prestigio público que recién resultó levemente dañado a partir de 1994, cuando el caso trascendió mundialmente. Una nota de Daniel Lorenzo para TELAM.
11/10/2013 00:00 Hs.
Priebke tuvo trato de "buen vecino" hasta su extradición
Priebke tuvo trato de "buen vecino" hasta su extradición

Durante el proceso de extradición, que se concretó por orden de la Corte Suprema de la Nación el 20 de noviembre de 1995, Priebke tuvo enfáticos defensores, que resaltaban su condición de "buen vecino" y rechazaban la revisión de su pasado, entre los que se destacaron autoridades democráticas y periodistas.

El caso se conoció en 1991 por la publicación del libro "El pintor de la Suiza argentina", de Esteban Buch, un retrato del artista belga Toon Maes, también ex oficial de inteligencia nazi que vivió en Bariloche hasta su muerte.

Allí Buch consignó una entrevista a Priebke en la que por primera vez le preguntaban por la masacre de las Fosas Ardeatinas, en 1944, cuando el criminal dirigió el asesinato de 335 presos comunes italianos, en venganza por el crimen de tres soldados alemanes a manos de partisanos.

Pero el caso debió esperar hasta 1994 para ganar trascendencia mundial, con un reportaje de Sam Donaldson para la cadena estadounidense ABC, basado en el libro de Buch, que puso la mira de la organización cazanazis Centro Wiesenthal en Bariloche.

En la entrevista el nazi no sólo no se arrepintió de los crímenes sino que además los reivindicó, expresando que él "sólo cumplía órdenes".

Priebke tenía una fiambrería céntrica y un edificio en el barrio Belgrano en donde compartía su vivienda con un sanatorio, y antes había sido presidente de la Asociación Germano Argentina de Bariloche y director del instituto alemán Primo Capraro.

Esas dos instituciones fueron algunas de las defensoras de la figura de su ex titular, pero en la medida que crecía la controversia mundial y avanzaba el proceso de extradición, decidieron llamarse a silencio.

La colectividad alemana en la ciudad, junto con la italiana y la israelí sólo llegaron a firmar una declaración conjunta a "favor de la convivencia en paz".

El debate a favor y en contra de Priebke fue creciendo en la opinión pública, hasta convertirse en polémica en torno al proyecto de declaración de Priebke como "persona no grata" del Concejo municipal, que se convirtió en caja de resonancia del debate público.

El proyecto terminó con un "enérgico repudio" a Priebke, al nazismo, extensivo a regímenes totalitarios, "y a sus propagandistas", y declaración de "solidaridad con los familiares de las víctimas de Cuevas Ardeatinas", y la expresa intención de limpiar la imagen de la ciudad, señalada como "cueva de nazis".

Si bien el repudio fue aprobado en general por unanimidad, el artículo segundo -que repudió directamente a Priebke- fue objetado por varios ediles, entre los que terminó votando en contra Oscar Simón, del Partido Provincial Rionegrino, que había sido fundado por el gobernador de facto, el general Roberto Requeijo.

El proceso de extradición comenzó el 9 de mayo de 1994 con el arresto preventivo dispuesto por el juez federal Leónidas Moldes, quien recibió el pedido de extradición un mes después, con la imputación de "homicidio múltiple" por la masacre de Roma.

En el invierno de 1995 Moldes falló a favor de la extradición pero la Cámara Federal de General Roca hizo lugar al recurso de Priebke (con los votos de Carlos Muller y Carlos Arturo Pérez Petit a favor del nazi, y Angel Vilar a favor de la extradición), hasta que el 2 de noviembre de ese año la Corte Suprema ordenó su viaje a Italia.

Finalmente el 20 de noviembre Priebke abordó un avión privado contratado por el Poder Judicial argentino que lo llevó a Buenos Aires y luego a Roma, donde fue juzgado y condenado a cadena perpetua.

La despedida de Bariloche quedó retratada en la memoria de la ciudad con Priebke abrazando a los policías federales que lo custodiaron un año -sancionados por eso- y luego saludando a las cámaras desde la escalerilla del avión, como si fuese un artista o un mandatario, con el sombrero tirolés que lo caracterizaba.

El fragor del debate sobre los nazis y su vecindad en la ciudad se fue apagando, los amigos más cercanos del condenado se fueron muriendo, y el tema sólo regresó en películas y artículos periodísticos recurrentes (Télam)