07/04/2021

Villaverde, una historia de amigos, fútbol y con las Malvinas muy presentes

El equipo barilochense suma más de 30 años de alegrías en el fútbol amateur. Víctor Alejandro Olivera, uno de sus delanteros, defendió al país en la Guerra de las Islas.

Villaverde, una historia de amigos, fútbol y con las Malvinas muy presentes
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a historia nació en 1987, en una cancha de tierra y con la redonda como protagonista y con un grupo de amigos que hoy ya es más que un grupo de amigos. Es una familia. Y ese grupo se llama Villaverde, un equipo de fútbol amateur, de aficionados, de apasionados, armando con vidas de lucha y amor por la pelota, por los goles, por los caños, por las paredes, por juntarse para pasarla bien y disfrutar. El pasado fin de semana, aprovechando el fin de semana largo por Semana Santa, el representativo local viajó a San Martín de Los Andes a jugar un torneo Máster y volvió a casa gritando “dale, campeón” y con un título.

Pero el fútbol es la gran excusa. “Somos un grupo de amigos, con diferentes profesiones y actividades, unidos por las ganas de jugar. Algunos somos ex jugadores y otros aficionados por el fútbol. Unos tienen más experiencia que otros, pero es un gran grupo, muy unido. Acá hay abogados, contadores, mecánicos y muchachos que se dedican a diferentes actividades. Nos juntamos y somos uno, somos Villa Verde”, afirmó Claudio Benditti, jugador hace más de 25 años.

                           

Villaverde y el fútbol se conocieron en 1987 en una cancha de tierra y tres años después, en 1990, el grupo comenzó a juntarse en una cancha de césped y de medidas reglamentarias. Y desde ahí no paró: miles de anécdotas y risas y cientos de partidos y goles. A todo ello, un millón de recuerdos.

El nacimiento del grupo tomó forma a partir del proyecto armado por la familia Arroyo. “El padre de la familia donó las tierras, los terrenos y sus hijos iniciaron todo. Ellos fueron los precursores. Primero fue invitar a sus amigos y estos invitaron a sus amigos y así creció. Todo arrancó con amistad y sigue siendo la misma la que mantiene todo”, agregó Claudio, quien aparece en la foto de abajo.

                                            


Pero además de los recuerdos y el presente futbolístico. El plantel tiene muchas historias lindas por contar. Y una muy especial tiene que ver con un recuerdo que tomó fuerza hace unos días, pero que siempre debe estar presente: Islas Malvinas y nuestros héroes dejando todo en esa esa guerra por defender al país. Uno de esos héroes es parte del equipo, se llama Víctor Alejandro Olivera y es uno de los atacantes, uno de los que partido a partido lucha por llegar al gol.

Un pasado defendiendo al país en Malvinas y un presente buscando el gol
Víctor Alejandro Olivera es uno de los delanteros del grupo de amigos. Es cordobés, tiene 57 años y llegó a Bariloche en 2002. Armó su vida en tierras patagónicas, es médico oftamólogo, pero lo vivido con apenas 18 años no se olvidará nunca y entre duras imágenes y momentos tristes, hay una historia de amistad emocionante.

“Vine desde Córdoba en busca de nuevas oportunidades laborales. Gracias a un amigo entrañable llamado Carlos Duprat, conocí un grupo de gente maravillosa aproximadamente en el año 2010. Ese grupo de gente son mis amigos y hermanos de la vida del club Villa Verde”, contó Víctor.

                                           

El 16 de febrero de 1981, Olivera ingresó a la Escuela de los Servicios para apoyo de combate General Lemos, para realizar una carrera de Enfermería que duraría 2 años pero la guerra de Malvinas cambió todo y egresó con tan solo un año de estudio: el 7 de abril de 1982. Fue destinado al Regimiento de Infantería 8 General O’Higgins con asiento en Comodoro Rivadavia pero cuya unidad ya estaba instalada en Malvinas. 

“Llegué a Puerto Argentino el 11 de Abril de 1982, alrededor de las 12 del mediodía. Poco sabia de enfermería y tenía poca instrucción militar. Así que luego de un día de estadía en Puerto Argentino nos subieron en un helicóptero y desembarcamos en un lugar llamado Boca Hause, en las proximidades de Darwin. Era un grupo de jóvenes llenos de vida. Por el momento me habían asignado a la tercera sección de la Compañía de Infantería C del Regimiento 8 a las órdenes de un muy joven Oficial, el subteniente Aliaga”, siguió con el relato Olivera.

                                          

Sin embargo hubo otra orden y debió trasladarse a otro lugar. Hubo despedidas y angustia. Después de la guerra se enteró que sus compañeros liberaron batallas sangrientas y muchos perdieron la vida.

El destino final de Víctor fue Bahía Zorro en Isla Gran Malvina. Llegó a ese lugar el 13 de abril con el resto de la unidad del Regimiento 8. Fue un día gris, húmedo y muy frío. Su futuro sería desempeñarme como enfermero en la Compañía de Infantería A.

Entre el dolor y la muerte, nació una amistad para toda la vida
En la tarea de cavar para construir su posición, Olivera tuvo la ayuda de otro joven soldado que se lastimó una pierna cavando y haciendo su posición de combate. Fue una herida peligrosa, de gravedad y era casi un hecho que debería ser apuntada de acuerdo a la palabra del médico.

Pero Víctor, al ver tanto dolor en su compañero, preguntó si había otra opción. Y la había. El médico dijo que “habría que cuidarlo día y noche y administrarle medicamentos pero él está en un pozo y es probable que se le infecte más. Hay que tener mucho cuidado porque si la infección le llega a la sangre, se va a morir. Por eso si no responde es posible la amputación”.

Olivera se asustó, pero no dudó. Pese a su juventud y miedo, se hizo responsable de la situación y decidió cuidar a su compañero. “Mi teniente primero, yo me voy a hacer cargo del soldado para que su vida no corra peligro y que su pierna no sea amputada”, remarcó Víctor ante su superior.

Y así fue el día a día. Mucha vigilancia, poco descanso y cumplir con las indicaciones médicas para salvar a su compañero. Además, el resto de su tarea: la atención del resto de los soldados y personal de cuadros de la compañía.

Las curaciones se mantuvieron y el soldado lesionado comenzó a mejorar de a poco. Una noche ya tuvo menos fiebre y dolor y pudo dormir bien. Pocos días después ya estuvo bien, su pierna no fue amputada y se reintegró a su posición de combate y como los héroes nacionales, defendió al país con todo lo que tuvo.

Y un día la guerra terminó. Víctor siguió su camino, fue baja del Ejército y no vio más a su compañero, pero todo lo vivido con él le quedó muy grabado. Nunca más, durante años, conoció alguna noticia de quien cuidó día y noche.

Hasta que en 2017, en una vida llena de redes sociales, ellas mismas lo llevaron a intentar dar con ese soldado. Buscó contactos, logró ubicar a otros soldados y avanzó, pero no fue tarea sencilla dar con su paradero.

Sin embargo, el viernes 5 de junio de 2020, Olivera fue agregado a un grupo de Whatsapp de gente que estuvo en el regimiento. El sábado 6 decidió escribir lo siguiente: “Buen día muchachos. Ando buscando un soldado de la compañía, al que le salvé la pierna de que se la amputaran en Malvinas. Lo curaba día y noche y le aplicaba antibióticos. Si alguien sabe de él o como se llamaba el cabo que lo llevaba para que yo lo atienda y si se acuerdan de su nombre para poder ubicarlo. Por favor si alguien me ayuda”. Esa fueron sus líneas.

                                    

De manera inmediata, un ex soldado contestó y recordó todo. Hubo un llamado y llegaron las emociones. Todo fue recuerdos, voces entrecortadas y hasta lágrimas. Al otro día hubo otra charla, al siguiente otro diálogo y allí nació una amistad que en realidad había comenzado en Malvinas.

Ese fue el reencuentro entre Victor y David Eloy Abati, soldado clase 1963, también de 18 años.

A David no le quedaron secuelas físicas y su pierna funciona a la perfección. Formó una hermosa familia que lo contiene, ama y lo apoya en todo. Hoy es criador de caballos criollos y vive en Río Cuarto, Cordoba.

Para Víctor, su amigo es un verdadero héroe. “El soldado David Abarti es un verdadero héroe en esta historia ya que él podría haber pedido ser trasladado al continente por su enfermedad pero decidió quedarse y arriesgar su vida para permanecer junto a sus compañeros y defender a nuestras islas. Es un ejemplo de valentía y honor. Gracias David por ser parte de mi vida y por empezar esta amistad”, afirmó Olivera quien también formó una linda familia.

“En aquel abril de 1982 fui un pequeño adulto sin nada en la vida pero Malvinas cambió todo y aquel recuerdo quedó grabado en mi corazón para siempre. Al reflexionar pienso que Dios escucha nuestras oraciones y la responde a su tiempo y todo lo que sea de bien entre los seres humanos, nuestras plegarias llegan para hacerse realidad. Hay una frase en la Biblia que siempre la llevo conmigo y dice así ´Todo lo que digas con tu boca será hecho´”, concluyó.

En lo deportivo, el festejo en suelo neuquino

El fin de semana, Villaverde se hizo “gigante” en San Martín de Los Andes y logró el título en un torneo categoría Master.
En la fase de grupos hubo caída 2-1 ante Rincón de Los Sauces, pero luego llegaron los triunfos ante Comodoro Rivadavia (5-0) y Neuquén (2-1) para ganar la zona.

                     

En semifinales, el festejo fue 3-1 ante Viajeros y eso valió el pase a la final ante Puerto Madryn.
Y en el juego decisivo ante los chubutenses hubo primero que sufrir, para luego disfrutar. El tiempo reglamentario terminó 1-1 y en los penales, el festejo barilochense fue por 4-1 con los goles de José Frankesteine, Claudio Benditti, Patricio Rogel y Jorge Ampuero. El arquero contuvo dos penales.

Para Villaverde fue otro lindo triunfo, uno más para un gran grupo de amigos. (ANB)

Autor : Adrián Hernández
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