2010-05-26

Whisky (2004), de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella

Aunque escaso en su producción, a pesar que el primer film nacional se remonta a 1898, el cine de nuestro país vecino ha dado cada tanto, algún título destacado. Recuerdo "Pepita la pistolera", una producción de los 80, de bajo presupuesto y de acertada confección. Ya en los 90, una nueva camada de directores comienza a generar productos de cierta relevancia, fundamentalmente films que son bien acogidos por la crítica internacional a través de la participación en diferentes festivales.

Aunque escaso en su producción, a pesar que el primer film nacional se remonta a 1898, el cine de nuestro país vecino ha dado cada tanto, algún título destacado. Recuerdo "Pepita la pistolera", una producción de los 80, de bajo presupuesto y de acertada confección. Ya en los 90, una nueva camada de directores comienza a generar productos de cierta relevancia, fundamentalmente films que son bien acogidos por la crítica internacional a través de la participación en diferentes festivales.

Una de estas películas es la recomendada, que ha cosechado numerosos premios en distintos lugares del mundo.

Whisky es una película de cadencia uruguaya, muy emparentada con una estética que remite al cine de Jim Jarmusch. Es un relato sobre las relaciones humanas, la de dos hermanos, la de uno de ellos con una de sus empleadas en una obsoleta fábrica de medias, sobre la rutina, la soledad y sobre las convenciones sociales, de ahí el "whisky" que tenemos que decir cuando nos sacan una foto artificial.

La excusa argumental que motoriza a la acción cinematográfica (ante la visita de su hermano Herman que viene desde Brasil, Jacobo le pide a Marta, su fiel empleada, que por esos días simule ser su esposa), sería otra película en manos de algún director impersonal de hollywood; seguramente sería una comedia disparatada, plagada de gags en torno a esa situación. Aquí, con la visión uruguaya de estos dos directores, la cosa es bien distinta. Y no es que no pasen cosas, lo que ocurre es que pasan de otra forma, sin alardes, sin subrayados, sin efectismo. Las cosas pasan como si nada pasase, la quietud siempre se mantiene como constante, y deja que los acontecimientos que modifican determinadas conductas de los personajes, se puedan apreciar con pequeños movimientos sutiles que muy bien aplican sus directores.

Nunca una situación cómica del film, provoca una carcajada, pero podemos descubrirnos en varios pasajes, con una sonrisa franca que acompaña el devenir de estos seres, que han sido construídos con maestría. En general, toda la información que tenemos de ellos, está dada como debe ser en el cine: sólo mostrándonos. Destaco la utilización de la escenografía y dirección de arte para situarnos en un determinado universo, la repetición de algunos planos para generar ese clima de rutina del principio del film y una precisa dirección de actores que completa esta propuesta.

Por último, agregar la acertada utilización de una canción de Leonardo Favio en diversos momentos del film, que agrandan un poco más, la sonrisa cómplice.

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