02/01/2019

Miriam Mayorga, la barilochense que hace historia en el fútbol femenino

La deportista mantuvo una extensa charla con ANB. A los 22 años un “caza talentos” la descubrió jugando en Jacobacci. Es la capitana multicampeona de la UAI Urquiza, clasificó con la selección al Mundial de Francia y se recibió de médica. Sueña con abrir una escuela de fútbol femenino en Bariloche.

Miriam Mayorga, la barilochense que hace historia en el fútbol femenino
La futbolista se encuentra en Bariloche de vacaciones.
Foto: Hernán Barabini.

Por Nicolás Malpede

Miriam Mayorga habla de su historia de vida con soltura. Se la percibe genuina en cada palabra que esboza. Responde las preguntas de ANB con claridad, convicción y simpatía. Por estos días disfruta en Bariloche de su familia, sus amigos y, por supuesto, de los bellos paisajes patagónicos, esos que tanto extraña durante todo el año.

En la garita de su barrio, donde siempre vuelve (foto: Hernán Barabini). 

Noviembre de 2018 fue un mes intenso y lleno de logros para la deportista barilochense. La volante clasificó con la selección argentina al Mundial de Francia 2019 tras vencer a Panamá en un repechaje histórico  -5-1 el global-.

Días después, para cerrar un excelente año, disputó en Brasil la Copa Libertadores de América de fútbol femenino con la UAI Urquiza y estuvo a punto de acceder a la semifinal. Las argentinas le ganaban 1-0 a Iranduba y pasaban de ronda. La árbitra, en una decisión polémica, adicionó 8 minutos. A los 54, cobró un penal. Fue empate y eliminación.

La joven disfruta las mieles del éxito hace ya un largo tiempo. Está contenta, feliz y orgullosa por las metas alcanzadas no sólo a nivel deportivo, ya que el año pasado se recibió de doctora.

A los 22 años, la futbolista que se crió en el barrio San Francisco III fue a jugar un Torneo Regional a Jacobacci con Luna Park. Viajó a la Línea Sur sin saber que ese día iba a empezar a cambiar su destino radicalmente.

Tras finalizar el partido, Diego Guacci, en ese entonces director técnico de UAI Urquiza, se acercó y le propuso que se fuera a jugar a Buenos Aires a este club. Le dijo que  la institución le garantizaba un departamento y una beca para que estudiara la carrera que quisiera.

“Me costó mucho decidir. Soy muy familiera e irme a vivir tan lejos me daba bastante miedo. Allá no conocía a nadie. Además, tenía un trabajo estable y hace poco me había terminado de construir mi casa. Estaba re instalada en Bariloche. Me sedujo mucho la chance que iba a tener de poder estudiar Medicina, que siempre me había gustado”, remarca Miriam, y le pega un sorbo prolongado al café que le acaba de traer el mozo de una céntrica confitería ubicada a pocas cuadras del Centro Cívico.

Orgullosa, exhibiendo la camiseta de la selección que le regaló a su mamá Raquel (foto: Hernán Barabini).

Tras algunos días de dudas e incertidumbre, Miriam dejó su trabajo de cajera en un autoservicio y se fue hacia la gran ciudad con el bolso repleto de ilusiones.

Cambió las canchas de tierra por las de césped, y una ciudad medianamente tranquila por otra con una dinámica diaria totalmente diferente, mucho más caótica. “Al principio me chocó demasiado la locura que se vivía a diario. El subte, las calles, el tráfico… era todo un lío. No estaba acostumbrada a esa vida. Me perdía. No sabía para dónde ir. Esperaba ansiosa que llegaran las vacaciones para venirme a mi ciudad”, sostiene.

Después de algunos meses, la jugadora se pudo aclimatar. Se ganó un lugar de titular en la UAI Urquiza -club múltiple campeón de la Primera División de la AFA- y comenzó a estudiar Medicina en la Universidad Abierta Interamericana (UAI).

"Me siento muy bien en la UAI. Somos como una gran familia". 

“Fue todo nuevo, principalmente porque yo estaba acostumbrada a jugar futsal y allá los partidos y entrenamientos eran siempre en cancha de 11. Fui incorporando muchos aspectos técnicos y tácticos que me ayudaron en gran medida”, señala la joven, quien gracias a su alto rendimiento se quedó con la camiseta número 5 del equipo rápidamente.

Tiempo después, llegó la convocatoria a la selección. “Defender los colores de mi país es lo más y el repechaje que disputamos en noviembre para conseguir el pase al Mundial fue increíble. No me lo voy a olvidar nunca”, confiesa Mayorga, hoy capitana de la UAI.

"La selección es lo más grande que hay". 

El comienzo

Miriam empezó a codearse con el fútbol desde muy chiquita. Con cinco años, jugaba en las calles todo el día junto a sus vecinos. “Armábamos los arcos con piedras y podíamos estar todo el día pateando la pelota”, remarca, y los ojos se le ponen brillosos.  

En la calle Monteverde, donde pateó sus primeras pelotas (foto: Hernán Barabini). 

A los 10 se incorporó a Mutisias. Luego pasó por Llao Llao y Juventud Unidad, hasta que finalmente desembarcó en Luna Park.

“En aquel tiempo era raro ver a una mujer jugar al fútbol. Hoy la situación cambió, aunque sigue existiendo mucho machismo en este deporte”, afirma la barilochense, tajante.

Proyectos

“Tengo claro que algún día voy a volver a vivir en Bariloche. Todavía no sé cuándo, pero mi objetivo es regresar y abrir una escuela de fútbol femenino, para transmitir todo lo que he aprendido a lo largo de mi carrera”, cuenta Miriam.

“Por suerte hoy en día gracias a las redes sociales y a los medios de comunicación, el fútbol femenino es mucho más popular que antes. Esto es muy importante para que cada vez más chicas se animen a jugar este deporte”, agrega.

La futbolista también destacó que su intención es en un corto o mediano plazo empezar a ejercer como médica y sumar experiencia "en esta hermosa profesión". 

Miriam (abajo a la izquierda), siempre con una sonrisa. 

A Miriam nadie le regaló nada. Se crió en el seno de una familia humilde. Tiene cinco hermanos. Su madre Raquel es empleada doméstica y su papá Roberto trabaja en un lavadero de autos.

“Somos una familia muy unida. Me educaron con grandes valores que hoy mantengo, porque son mi guía todos los días”, asegura.

“Lo que estoy viviendo es algo hermoso. Yo jamás había pensado en la posibilidad de hacer una prueba en algún club de Buenos Aires. Creía que no tenía las condiciones necesarias”, enfatiza.

“El fútbol es parte de mi vida. Me acompañó desde mi niñez hasta la actualidad. No imagino mi vida sin este hermoso deporte. Sueño con estar en el Mundial, pero por lo pronto quiero disfrutar a mi familia el tiempo que me queda en la ciudad, porque a mediados de enero tengo que volver a Buenos Aires”, dice.

La larga y amena charla con ANB llega a su punto final. Miriam se despide con una amplia sonrisa blanca que tiene dibujada en su rostro permanentemente. Desde el centro marchará hacia su casa de toda la vida, ubicada en el San Francisco III. Allí la esperan con los brazos abiertos Raquel, su abuela Carmen, su hermano Luciano y sus hermanas Agustina, Sarita y Lucila.  

Intentando posar para la foto con las hermanas (foto: Hernán Barabini). 

“Me gusta estar en mi casa. Cantamos los temas de Luciano, el cantante de la familia -también vive en Buenos Aires-, jugamos a las cartas, vemos una película, tomamos mates... En fin, la pasamos bien. Es mi lugar”, sentencia Miriam. (ANB)

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