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Domingo, 26 de marzo de 2017
Mariano Vila
Consultor y Analista político. Maestrando en Gestión en Comunicación de las organizaciones. Es especialistas en manejo de asuntos públicos, comunicación corporativa y manejo de crisis.Ver más
Consultor y Analista político. Maestrando en Gestión en Comunicación de las organizaciones. Es especialistas en manejo de asuntos públicos, comunicación corporativa y manejo de crisis.
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El sindicalismo pide a gritos una renovación
Foto: Agencia Paco Urondo.

El sindicalismo pide a gritos una renovación

El movimiento sindical afecta la imagen del gobierno nacional, pero ¿cuál es el estado en las bases de los gremios?

Al gobierno nacional le cuesta controlar la agenda pública. Las buenas noticias que intenta dar, no logran tener el impacto que necesitan, en parte porque hay otras que “casualmente” surgen en el mismo momento y tapan el esplendor de sus gestiones. Gestiones que a veces están mal encaminadas.

Más allá de mejorar los índices de la economía, sobre todo bajar la inflación, lo que se volvió casi una obsesión para el ex Alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, es cómo lograr que su equipo pueda dar buenas noticias, explicarlas, mantenerlas y capitalizarlas políticamente. La obra pública y la puesta en marcha de un plan muy ambicioso parecería ser la punta de lanza. Pero hay muchos otros sectores que muestran la sensibilidad del tema. Y para eso sí o sí necesitan de la colaboración del sindicalismo.

Pero de repente se sumó un problema previsible, que no deja de ser inoportuno. La movilización de la Central Obrera el martes pasado en Buenos Aires mostró una debilidad institucional que el sindicalismo argentino tiene hace varios años, pero a veces es poco visible públicamente. El triunvirato cegetista pretende ser la base del rearmado peronista en el país. Pero así como la conducción del PJ está huérfano, la conducción sindical también. Los tres actuales conductores no son otra cosa que una transición.

Y ahí radica el problema del gobierno. Hasta el momento concentraba las demandas y reclamos con la actual conducción tripartita (algo que también es al menos raro para la historia gremialista del país). Pero la CGT no podía aguantar más la presión de sus bases y decidió convocar a una movilización para anunciar un paro aún sin fecha. Demasiadas vueltas. Y entonces eso se volvió un problema en sí mismo para los denominados gordos. Sus bases se sublevan, bases que además tenemos que añadirle un alto contenido político muy marcado entre los sectores kirchneristas y los de izquierda, que cada vez tienen más ambición por el poder en la delegaciones gremiales.

Encima algunos voceros del gobierno, para profundizar aún más “la grieta” industrial, quisieron deslegitimar a la conducción de la gremial empresaria, la UIA, por “...no ser del todo representativos del sector”. En respuesta, uno de los suyos avaló el rol de la CGT como “interlocutor natural” en lo que fue un tiro por elevación del gobierno también. Aquí nadie se salva.

Pero quién gana con todo esto. Si tuviéramos que jugar a un juego de suma cero, podríamos decir que el gobierno. Porque divide el voto. Recordemos que este año todo se mide en votos. Inclusive entre los propios empresarios. El sector está dividido entre los oficialistas, los kirchneristas y los “nuevos”, que van dividen entre el FR y un incipiente foco de presión que apoya a Florencio Randazzo, al menos en la provincia de Buenos Aires. El gobierno nacional busca polarizar con el kirchnersimo (en todas sus expresiones, inclusive la empresarial y gremial), el pasado y el futuro (del presente mejor ni hablar), pero si puede desconcertar al PJ mucho mejor.

En cuanto a la CGT claramente el tiro le salió por la culata. La imágen facciones sublevadas arriba del escenario, haciendo burlas sobre sus discursos, es más que representativo. Tuvieron que salir del acto con apoyo de las patotas, cuando ellos son la el pueblo, la clase trabajadora. Y nuevamente fuimos testigos de niveles de violencia que dan muestra de la involución que tenemos como sociedad.  

La Iglesia Católica está evolucionando mucho más rápido que el sindicalismo argentino. En definitiva se trata de un problema de ideas. Los viejos dirigentes piensan con la cabeza de final del SXX. Y así como hay que empezar a acostumbrarse a una forma de hacer política de tipo SXXI, las conducciones gremiales entre otras conducciones dirigenciales, tienen que renovarse generacionalmente. Sino el tiempo los pasará por encima.



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